
Fuente: Unsplash
Enero llega con la misma puntualidad que los Reyes Magos, pero con regalos bastante menos deseados. El extracto de la tarjeta, los recibos del seguro, la vuelta al cole de los niños y esa sensación de que el dinero se evapora más rápido que los propósitos de Año Nuevo.
Según la OCU, las familias españolas gastan de media 796 euros en las fiestas navideñas. 370 euros en regalos, 132 euros en cenas y 117 euros en viajes. Y aquí está el problema: el 52% reconoce que gastará más de lo previsto. Cuando llega enero, toca hacer cuentas con una calculadora que da más miedo que alegría.
La inflación se mantuvo durante 2025 cerca del 3%, lo que significa que los gastos básicos del hogar siguieron subiendo mientras muchas familias llegaban a enero con las reservas bajo mínimos. Pero la cuesta de enero no tiene por qué ser un mes de sufrir mirando la cuenta bancaria cada dos horas. Con algo de planificación y unas reglas claras, se puede respirar tranquilo.
1. Adapta la regla 50/30/20 a la realidad de enero
Esta regla divide los ingresos en tres partes: 50% para gastos imprescindibles, 30% para caprichos y 20% para ahorro. Suena bien en teoría.
En enero, la realidad es otra. Los gastos imprescindibles se comen más presupuesto de lo normal: llegan los recibos del seguro del coche, la colegiatura, el IBI en algunos casos. Toca ser realista.
Ajusta los porcentajes. Si este mes necesitas destinar el 60% a lo básico, hazlo. Reduce los caprichos al 25% y el ahorro al 15%. No es ideal, pero es mejor que llegar a mitad de mes con la cuenta en números rojos. La rigidez no ayuda cuando los gastos son reales.
2. Haz inventario antes de comprar
Abre el congelador. Seguro que hay cosas de diciembre que ni recordabas. Esa bolsa de marisco del 24, los restos del pavo de Nochebuena, las croquetas que sobraron de la cena del 31.
Lo mismo con la despensa. Legumbres, pasta, latas de conserva. Antes de hacer la compra semanal, revisa qué tienes. Una familia media puede ahorrar entre 50 y 80 euros al mes solo aprovechando lo que ya tiene en casa.
Planifica los menús de la semana con lo que hay. Es aburrido, sí. Pero funciona.
3. Las rebajas de enero no son para todo el mundo
Aquí viene el momento crítico. Las tiendas anuncian descuentos del 50%, del 70%, carteles rojos por todas partes. Pero un descuento solo vale si ibas a comprar ese artículo de todas formas.
Antes de lanzarte, comprueba si el precio es realmente mejor. Los comparadores de precios te sacan de dudas en dos minutos. Las rebajas en enero pueden ser una oportunidad, pero solo si verificas que el descuento es real y no humo de marketing. Hay tiendas que suben precios en diciembre para bajarlos en enero y parecer generosas.
Si necesitas un abrigo porque el tuyo está roto, adelante. Si quieres uno porque está rebajado, espera a febrero. Tu cuenta te lo agradecerá.
4. Revisa suscripciones y gastos hormiga
¿Cuándo fue la última vez que usaste Netflix? ¿Y Spotify? ¿De verdad necesitas HBO, Prime Video y Disney+ al mismo tiempo?
Las suscripciones son cómodas porque ni las ves. Se van cada mes sin hacer ruido. Pero suma: 10 euros aquí, 15 allá, 8 de aquel servicio que contrataste en verano. Al final del mes pueden ser 50 o 60 euros que ni recuerdas haber gastado.
Enero es buen momento para la tijera. Cancela lo que no uses. Siempre puedes volver a contratarlo en marzo si lo echas de menos. Pero probablemente ni te acuerdes.
Los cafés de la máquina también cuentan. Dos euros al día son 40 euros al mes. Llévate el café de casa en un termo y listo.
5. La regla de las 24 horas para compras no planificadas
Ves algo que te gusta. Un libro, unos zapatos, un gadget electrónico. El impulso te dice que lo compres ahora.
Espera 24 horas.
Si al día siguiente sigues pensando en ello, puede que merezca la pena. Pero la mayoría de las veces ni te acordarás. El cerebro necesita tiempo para distinguir entre «lo quiero» y «lo necesito». Dale ese tiempo.
En compras online, déjalo en el carrito. Si Amazon te manda un recordatorio y aún te interesa, entonces considera la compra. Pero no antes.
6. Crea categorías de gasto y no las mezcles
Separa el dinero del mes en categorías claras: comida, transporte, ocio, gastos del hogar. Puedes usar sobres físicos si eres de los de toda la vida, o apps bancarias si prefieres lo digital.
La clave es no mezclar. Si el dinero del ocio se acaba, se acaba. No lo saques del sobre de la comida. Así te obligas a tomar decisiones conscientes.
Parece tontería, pero cuando el dinero está todo junto en la cuenta, es fácil gastar sin pensar. Las categorías crean límites visuales que el cerebro respeta mejor.
7. Aparta el ahorro el día 1, no el 31
Este es el cambio que más diferencia hace. No ahorres lo que te sobre a final de mes, porque no sobrará nada.
El día que te pagan, aparta el 15% o el 20% (o el 10% si este mes es muy justo) en una cuenta separada. Así ya no existe ese dinero para tus gastos del día a día. Te adaptas a vivir con lo que queda.
Es un truco mental, pero funciona. Si esperas a fin de mes para ahorrar, siempre habrá una excusa: la cena de cumpleaños, el regalo inesperado, la avería del coche. Primero tú, después todo lo demás.
Estas siete reglas no son magia. No van a convertir enero en el mes más fácil del año. Pero sí pueden hacer que llegues a febrero sin esa sensación de ahogo en el pecho cada vez que miras la cuenta.
La cuesta de enero existe porque diciembre se nos va de las manos y porque los gastos del primer mes se concentran todos a la vez. Pero con un poco de orden y decisiones conscientes, se puede pasar sin recurrir al crédito ni vivir a pan y agua.
No se trata de sufrir. Se trata de llegar a fin de mes sin sustos.
















