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sábado, febrero 14, 2026 🎭👹
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Las mujeres en la obra de Jane Austen

Quien mejor que Jane Austen para acompañarnos en un día tan especial como el de los enamorados con sus hermosas y pasionales historias de amor.

Jane Austen nació al sur de Gran Bretaña un 16 de diciembre de 1775, ese es el motivo por el que desde diciembre del recién acabado 2025 se esté conmemorando los 250 años de su nacimiento.

Austen fue contemporánea de Daniel Defoe, Jonathan Swift, Samuel Richardson, Henry Fielding, Laurence Sterne, Mary Shelley; de los poetas Lord Byron y Robert Burns. Y si no hubieran muerto tan jóvenes (incluida la propia Austen) también hubiera coincidido en el tiempo con las hermanas Brönte, a quienes Jane no llegó a conocer pues murió a los 41 años, antes de que estas nacieran, pero sí a la inversa.

Jane Austen vivió el periodo de transición de la regencia, entre la época georgiana y la victoriana (1737-1900), momentos de prosperidad económica para Gran Bretaña como consecuencia de la reforma agraria, la industrialización y el comercio con las colonias, generando una pujante clase media burguesa; y, justamente, serán las mujeres de esta nueva clase social las protagonistas de sus novelas.

Vida social en la Inglaterra georgiana

Jóvenes casaderas y ociosas en busca de un buen partido que las rescate de una soltería triste, aburrida y sobre todo pobre, viéndose avocadas, por tal motivo, a una vida social agotadora para alcanzar tal propósito: paseos por la bella campiña inglesa, por los acantilados de la escarpada costa del sur de Inglaterra, siempre acompañadas de amigos, amigos de amigos, o de familiares. Bailes atestados de gente hasta el amanecer que organizaban las familias más pudientes del entorno, en mansiones y palacios idílicos, rodeados de bellísimos jardines.

Alguna escapada a Londres, la capital, con la misma finalidad: asistir a fiestas, conciertos o teatros, lugares propicios para encuentros con las personas más convenientes para sus fines. Algún viaje con parientes cercanos encargados de vigilar el buen nombre de las jóvenes casaderas, en los que no faltará realizar alguna visita de interés y, de esta manera, ampliar sus horizontes provincianos y abrir al mundo, en pequeñas dosis, sus vírgenes mentes.

Más allá de la novela rosa: el amor romántico

A simple vista las historias de Austen nos pueden parecer superficiales, con claros rasgos de novela rosa: por la omnipresente temática amorosa de sus relatos y porque, tras las diversas complicaciones personales y sociales que padecen sus protagonistas, siempre prevalece un bonito y emocionante final feliz.

El amor triunfa por encima de toda clase de inconvenientes y convencionalismos, pero este amor no es un amor cualquiera, sino el verdadero, el real, honesto y sincero; un amor que dignifica y purifica a los amantes, que los hace mejores, los endiosa sobre el resto de sus congéneres, haciendo aflorar en ellos y ellas los valores más altruistas: la bondad, la generosidad, la justicia, la pasión más pura y desinteresada. Es lo que entendemos con la denominación de “amor romántico”, no solo en el sentido sentimental o pasional del término, sino también como movimiento cultural y artístico del siglo XIX, que poco más tarde llegará hasta el extremo con Cumbres Borrascosas o Jane Eyre de Emily y Charlotte Brönte, respectivamente.

Crítica social e ironía en sus novelas

Pero las historias de Austen son algo más que un folletín para entretener a mujeres soñadoras y desocupadas; si profundizamos un poco, podremos apreciar su importante valor histórico por cuanto deja constancia de cómo era la vida de las mujeres de clase media de su época, cuáles sus preocupaciones, sus alegrías y aflicciones, y además con su peculiar forma de hacerlo: casi siempre desde una perspectiva crítica, inconformista, utilizando a veces la ironía y el humor para matizar y desdramatizar las distintas problemáticas y conflictos, ridiculizando determinadas situaciones y personajes.

La discriminación legal en Sentido y Sensibilidad

En Sentido y Sensibilidad nos habla de cómo la ley inglesa de su época discrimina injustamente a las mujeres y de las situaciones sociales, a veces dramáticas, que provoca en la vida de estas: la Señora Dashwoodes y sus tres hijas, a consecuencia de la “ley de sucesión” por la que todas las propiedades las hereda directamente el hermano varón cuando muere el padre, se ven obligadas a abandonar la casa familiar y todas sus tierras, quedando a expensas de la voluntad de este que en el caso concreto que nos ocupa es cruel y despiadada.

Educación y matrimonio en Emma

En Emma, trata el papel de la mujer educadora y de los internados. Con su habitual tono sarcástico, ridiculiza la inútil educación que se proporciona a las niñas en estas instituciones, de la que ella misma fue víctima. También en esta novela aprovecha la afición de casamentera de su protagonista para ridiculizar el encorsetamiento de los convencionalismos de la época que le toco vivir, mostrándonos el pernicioso detalle de que las mujeres no tenían otra salida que el matrimonio.

Una particularidad de sus personajes femeninos, que ensalza su narrativa por encima de lo que denominamos “novela rosa”, es que son mujeres peculiares, diferentes, en ocasiones heroínas: les gusta la lectura, disfrutan del arte y de la música, suelen tocar algún instrumento, el piano es el más frecuente y vistoso para una joven, y se enfrentan a las anticuadas costumbres sociales que las oprimen. Elizabeth Bennet en Orgullo y prejuicio es una lectora empedernida y una discreta pianista; Marianne Dashwoodes, la segunda hermana en Sentido y sensibilidad, es una excelente pianista, cantante y amante de la poesía de Byron.

La defensa de la novela en La Abadía de Northanger

En La Abadia de Northanger, la joven Catherine Morland es una entusiasta de la novela gótica, muy de moda en aquellos años y en los posteriores, aunque no tardará mucho en desdeñar este tipo de narraciones de fantasmas en favor de otro tipo de narrativa más realista y social. Es también en esta obra en la que se declarará defensora de la novela como un género no menor situándola al mismo nivel que la poesía, género mejor valorado en aquel momento.

Los límites temáticos de su obra

Es cierto que Austen nunca se acerca a los bajos fondos de las grandes ciudades inglesas donde la industria empieza a hacer estragos en la clase trabajadora. Tampoco refleja las realidades de las mujeres que trabajan en las factorías para obtener un triste jornal, ni al trabajo infantil que comienza a ser habitual, como sí hizo Dickens. Tampoco recurre a la temática de aventuras como otros de sus contemporáneos como Scott, Dafoe o Melville.

La explicación de todo esto es consecuencia de que a las mujeres del romanticismo no les estaba permitido ejercer casi ningún oficio y en raras ocasiones viajaban a las colonias ni emprendían viajes de ultramar en busca de aventuras. El entorno social de ellas era muy limitado pues carecían de la libertad que sí disfrutaban los hombres para moverse libremente por el mundo. ¿De qué iban hablar, entonces, si no era de la vida social y familiar, de sus amistades, afectos y pasiones?

Una vida distinta a la de sus personajes

No obstante, la vida de Jane Austen tomo derroteros muy distintos a los de sus personajes: nunca se casó, vivió casi exclusivamente de su trabajo como escritora, y, contra todo pronóstico para su época, consiguió llevar una vida libre e independiente, logrando que sus historias de “amor romántico” hayan perdurado hasta nuestros días, que su literatura siga siendo apreciada y reconocida por muchos y hasta llevada al cine, para continuar haciéndonos soñar con esos amores apasionados que a todos y todas, en alguna medida, sigue seduciéndonos.

Feliz día de los enamorados para quienes alguna vez han sido alcanzados por las flechas de cupido. Para los que no, no tienen más que sumergirse en una de las bellas y sugestivas historias que esta autora nos proporciona en sus novelas y dejarse llevar por la emoción. De entre sus novelas llevadas al cine, es muy recomendable Orgullo y Prejuicio, inspirada en su propia vida y con una banda hermosa banda sonora de lo más sugerente.

Ana Fructuoso
Ana Fructuoso
Fructuoso es Jefa de Sección (Reclamaciones y Recursos) en el área de Gestión Académica de la Universidad de Murcia, donde lleva trabajando 35 años.

Quien mejor que Jane Austen para acompañarnos en un día tan especial como el de los enamorados con sus hermosas y pasionales historias de amor.

Jane Austen nació al sur de Gran Bretaña un 16 de diciembre de 1775, ese es el motivo por el que desde diciembre del recién acabado 2025 se esté conmemorando los 250 años de su nacimiento.

Austen fue contemporánea de Daniel Defoe, Jonathan Swift, Samuel Richardson, Henry Fielding, Laurence Sterne, Mary Shelley; de los poetas Lord Byron y Robert Burns. Y si no hubieran muerto tan jóvenes (incluida la propia Austen) también hubiera coincidido en el tiempo con las hermanas Brönte, a quienes Jane no llegó a conocer pues murió a los 41 años, antes de que estas nacieran, pero sí a la inversa.

Jane Austen vivió el periodo de transición de la regencia, entre la época georgiana y la victoriana (1737-1900), momentos de prosperidad económica para Gran Bretaña como consecuencia de la reforma agraria, la industrialización y el comercio con las colonias, generando una pujante clase media burguesa; y, justamente, serán las mujeres de esta nueva clase social las protagonistas de sus novelas.

Vida social en la Inglaterra georgiana

Jóvenes casaderas y ociosas en busca de un buen partido que las rescate de una soltería triste, aburrida y sobre todo pobre, viéndose avocadas, por tal motivo, a una vida social agotadora para alcanzar tal propósito: paseos por la bella campiña inglesa, por los acantilados de la escarpada costa del sur de Inglaterra, siempre acompañadas de amigos, amigos de amigos, o de familiares. Bailes atestados de gente hasta el amanecer que organizaban las familias más pudientes del entorno, en mansiones y palacios idílicos, rodeados de bellísimos jardines.

Alguna escapada a Londres, la capital, con la misma finalidad: asistir a fiestas, conciertos o teatros, lugares propicios para encuentros con las personas más convenientes para sus fines. Algún viaje con parientes cercanos encargados de vigilar el buen nombre de las jóvenes casaderas, en los que no faltará realizar alguna visita de interés y, de esta manera, ampliar sus horizontes provincianos y abrir al mundo, en pequeñas dosis, sus vírgenes mentes.

Más allá de la novela rosa: el amor romántico

A simple vista las historias de Austen nos pueden parecer superficiales, con claros rasgos de novela rosa: por la omnipresente temática amorosa de sus relatos y porque, tras las diversas complicaciones personales y sociales que padecen sus protagonistas, siempre prevalece un bonito y emocionante final feliz.

El amor triunfa por encima de toda clase de inconvenientes y convencionalismos, pero este amor no es un amor cualquiera, sino el verdadero, el real, honesto y sincero; un amor que dignifica y purifica a los amantes, que los hace mejores, los endiosa sobre el resto de sus congéneres, haciendo aflorar en ellos y ellas los valores más altruistas: la bondad, la generosidad, la justicia, la pasión más pura y desinteresada. Es lo que entendemos con la denominación de “amor romántico”, no solo en el sentido sentimental o pasional del término, sino también como movimiento cultural y artístico del siglo XIX, que poco más tarde llegará hasta el extremo con Cumbres Borrascosas o Jane Eyre de Emily y Charlotte Brönte, respectivamente.

Crítica social e ironía en sus novelas

Pero las historias de Austen son algo más que un folletín para entretener a mujeres soñadoras y desocupadas; si profundizamos un poco, podremos apreciar su importante valor histórico por cuanto deja constancia de cómo era la vida de las mujeres de clase media de su época, cuáles sus preocupaciones, sus alegrías y aflicciones, y además con su peculiar forma de hacerlo: casi siempre desde una perspectiva crítica, inconformista, utilizando a veces la ironía y el humor para matizar y desdramatizar las distintas problemáticas y conflictos, ridiculizando determinadas situaciones y personajes.

La discriminación legal en Sentido y Sensibilidad

En Sentido y Sensibilidad nos habla de cómo la ley inglesa de su época discrimina injustamente a las mujeres y de las situaciones sociales, a veces dramáticas, que provoca en la vida de estas: la Señora Dashwoodes y sus tres hijas, a consecuencia de la “ley de sucesión” por la que todas las propiedades las hereda directamente el hermano varón cuando muere el padre, se ven obligadas a abandonar la casa familiar y todas sus tierras, quedando a expensas de la voluntad de este que en el caso concreto que nos ocupa es cruel y despiadada.

Educación y matrimonio en Emma

En Emma, trata el papel de la mujer educadora y de los internados. Con su habitual tono sarcástico, ridiculiza la inútil educación que se proporciona a las niñas en estas instituciones, de la que ella misma fue víctima. También en esta novela aprovecha la afición de casamentera de su protagonista para ridiculizar el encorsetamiento de los convencionalismos de la época que le toco vivir, mostrándonos el pernicioso detalle de que las mujeres no tenían otra salida que el matrimonio.

Una particularidad de sus personajes femeninos, que ensalza su narrativa por encima de lo que denominamos “novela rosa”, es que son mujeres peculiares, diferentes, en ocasiones heroínas: les gusta la lectura, disfrutan del arte y de la música, suelen tocar algún instrumento, el piano es el más frecuente y vistoso para una joven, y se enfrentan a las anticuadas costumbres sociales que las oprimen. Elizabeth Bennet en Orgullo y prejuicio es una lectora empedernida y una discreta pianista; Marianne Dashwoodes, la segunda hermana en Sentido y sensibilidad, es una excelente pianista, cantante y amante de la poesía de Byron.

La defensa de la novela en La Abadía de Northanger

En La Abadia de Northanger, la joven Catherine Morland es una entusiasta de la novela gótica, muy de moda en aquellos años y en los posteriores, aunque no tardará mucho en desdeñar este tipo de narraciones de fantasmas en favor de otro tipo de narrativa más realista y social. Es también en esta obra en la que se declarará defensora de la novela como un género no menor situándola al mismo nivel que la poesía, género mejor valorado en aquel momento.

Los límites temáticos de su obra

Es cierto que Austen nunca se acerca a los bajos fondos de las grandes ciudades inglesas donde la industria empieza a hacer estragos en la clase trabajadora. Tampoco refleja las realidades de las mujeres que trabajan en las factorías para obtener un triste jornal, ni al trabajo infantil que comienza a ser habitual, como sí hizo Dickens. Tampoco recurre a la temática de aventuras como otros de sus contemporáneos como Scott, Dafoe o Melville.

La explicación de todo esto es consecuencia de que a las mujeres del romanticismo no les estaba permitido ejercer casi ningún oficio y en raras ocasiones viajaban a las colonias ni emprendían viajes de ultramar en busca de aventuras. El entorno social de ellas era muy limitado pues carecían de la libertad que sí disfrutaban los hombres para moverse libremente por el mundo. ¿De qué iban hablar, entonces, si no era de la vida social y familiar, de sus amistades, afectos y pasiones?

Una vida distinta a la de sus personajes

No obstante, la vida de Jane Austen tomo derroteros muy distintos a los de sus personajes: nunca se casó, vivió casi exclusivamente de su trabajo como escritora, y, contra todo pronóstico para su época, consiguió llevar una vida libre e independiente, logrando que sus historias de “amor romántico” hayan perdurado hasta nuestros días, que su literatura siga siendo apreciada y reconocida por muchos y hasta llevada al cine, para continuar haciéndonos soñar con esos amores apasionados que a todos y todas, en alguna medida, sigue seduciéndonos.

Feliz día de los enamorados para quienes alguna vez han sido alcanzados por las flechas de cupido. Para los que no, no tienen más que sumergirse en una de las bellas y sugestivas historias que esta autora nos proporciona en sus novelas y dejarse llevar por la emoción. De entre sus novelas llevadas al cine, es muy recomendable Orgullo y Prejuicio, inspirada en su propia vida y con una banda hermosa banda sonora de lo más sugerente.

Ana Fructuoso
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Fructuoso es Jefa de Sección (Reclamaciones y Recursos) en el área de Gestión Académica de la Universidad de Murcia, donde lleva trabajando 35 años.
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Fructuoso es Jefa de Sección (Reclamaciones y Recursos) en el área de Gestión Académica de la Universidad de Murcia, donde lleva trabajando 35 años.
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