Llega un momento en la vida en el que los papeles se invierten. Esas personas que te llevaban al colegio, que se desvelaban cuando tenías fiebre y que resolvían cualquier problema con una llamada de teléfono empiezan a necesitar que alguien cuide de ellas. Y ese alguien, en la mayoría de los casos, eres tú.
No es un proceso que ocurra de un día para otro. Es gradual, casi imperceptible al principio. Tu madre sube el volumen de la televisión un poco más cada mes. Tu padre se queja de que le duele la espalda pero dice que no es nada. Ninguno de los dos quiere molestar. Y precisamente por eso, porque no piden ayuda, es responsabilidad nuestra estar atentos y actuar antes de que los pequeños problemas se conviertan en grandes limitaciones.
Esta guía no va de teoría. Va de cosas concretas que puedes hacer —algunas esta misma semana— para que tus padres vivan mejor.
La audición: el problema silencioso que más aísla
Si hay un deterioro que pasa desapercibido con demasiada frecuencia es la pérdida auditiva. Y no porque no tenga consecuencias, sino porque quien la sufre tiende a compensarla y a disimularla. Tu padre no te dice que no te oye: simplemente asiente. Tu madre no reconoce que ya no sigue las conversaciones en grupo: se limita a sonreír y asentir.
Las cifras son reveladoras. Según la Organización Mundial de la Salud, más del 25% de las personas mayores de 60 años padece algún grado de pérdida auditiva discapacitante. En España, se estima que solo uno de cada cuatro afectados utiliza algún tipo de solución auditiva. El resto convive con el problema, muchas veces sin ser consciente de cómo afecta a su vida social, su estado de ánimo e incluso su capacidad cognitiva. Diversos estudios han vinculado la pérdida auditiva no tratada con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y aislamiento social en personas mayores.
¿Qué puedes hacer? El primer paso es tan sencillo como acompañarles a una revisión auditiva. Hoy existen centros especializados que realizan pruebas completas de forma gratuita y sin compromiso, lo que elimina la barrera económica inicial. Un centro auditivo Alicante como los que operan en la provincia, por ejemplo, ofrece audiometrías profesionales, asesoramiento personalizado y seguimiento continuo con audífonos de última generación que nada tienen que ver con los aparatos voluminosos de hace veinte años. Los actuales son discretos, recargables, compatibles con el móvil y se ajustan al perfil auditivo de cada persona.
La diferencia entre oír bien y oír a medias no es solo cuestión de volumen. Es la diferencia entre participar en una conversación familiar o quedarse al margen. Entre sentirse parte de la vida o sentirse cada vez más solo.
El dolor crónico: normalizado, pero no normal
Otro de los grandes enemigos silenciosos de la calidad de vida en las personas mayores es el dolor musculoesquelético. Espalda, cervicales, hombros, rodillas. Dolores que se arrastran durante meses o años porque se consideran parte inevitable del envejecimiento. Y sí, es cierto que el cuerpo se desgasta, pero eso no significa que haya que convivir con el dolor sin hacer nada.
El problema es que muchos mayores ya no quieren o no pueden desplazarse a clínicas o centros de fisioterapia. Las citas se espacian, se cancelan por pereza o por dificultades de movilidad, y el dolor sigue ahí. Es un círculo que se retroalimenta: duele, así que te mueves menos; te mueves menos, así que duele más.
Aquí es donde los servicios que van al paciente —y no al revés— cobran un valor especial. Los masajes a domicilio con profesionales cualificados son una solución que ha ganado terreno en los últimos años precisamente porque elimina la principal barrera de acceso. Un masajista profesional se desplaza hasta la casa de tu padre o tu madre con todo el equipamiento necesario —camilla, aceites, toallas— y realiza una sesión adaptada a sus dolencias concretas. No hablamos de un capricho: hablamos de una intervención que reduce la tensión muscular acumulada, mejora la circulación, alivia el dolor articular y, de paso, ofrece un momento de atención personalizada que en muchos casos es tan terapéutico como el propio masaje.
Para una persona mayor que vive sola o con movilidad reducida, recibir este tipo de atención en casa puede marcar una diferencia real en su día a día.
La soledad: el problema que nadie quiere ver
Más allá de la salud física, hay una realidad que afecta a miles de mayores en municipios como Yecla y su entorno: la soledad no deseada. Los hijos trabajan, los nietos tienen sus actividades, el cónyuge quizá ya no está. Y lo que queda son muchas horas de silencio.
La soledad no tratada tiene consecuencias clínicas demostradas: mayor riesgo cardiovascular, deterioro cognitivo acelerado, depresión y ansiedad. No se soluciona con una visita los domingos. Se soluciona con rutinas, con actividades que den estructura al día y con la sensación de que alguien se preocupa de verdad.
Algunas ideas prácticas que funcionan: inscribirles en alguna actividad del centro de mayores (aunque al principio se resistan), establecer llamadas diarias a una hora fija, organizar comidas familiares con regularidad y, cuando sea posible, facilitar que salgan de casa con un propósito. La compra semanal, un paseo con horario fijo o una cita periódica con un profesional de la salud pueden ser suficientes para romper el aislamiento.
La casa: adaptarla cuesta menos de lo que crees
Muchas caídas y accidentes domésticos se evitan con intervenciones sencillas y baratas. Barras de apoyo en el baño, alfombras antideslizantes, iluminación adecuada en pasillos y escaleras, quitar muebles que obstaculicen el paso. Son cambios que se hacen en una tarde y que pueden prevenir una fractura de cadera, que en personas mayores de 75 años tiene consecuencias devastadoras.
También conviene revisar si la temperatura de la vivienda es adecuada. Muchos mayores, por costumbre o por ahorrar, mantienen la casa más fría de lo recomendable en invierno. La hipotermia leve crónica es un problema real y poco diagnosticado que afecta al sistema inmune y aumenta el riesgo de infecciones respiratorias.
La alimentación: menos cantidad no significa peor calidad
Con la edad, el apetito disminuye. Es fisiológico. Pero que coman menos no justifica que coman peor. La desnutrición en personas mayores autónomas —es decir, que viven solas y se preparan su propia comida— es más frecuente de lo que pensamos.
El motivo suele ser práctico: cocinar para uno da pereza, las porciones son difíciles de ajustar y la variedad se reduce a cuatro o cinco platos que se repiten en bucle. El resultado es una dieta pobre en proteínas, vitaminas y minerales esenciales.
¿Qué puedes hacer? Planificar menús semanales con ellos, dejarles tuppers preparados cuando les visites, o valorar servicios de comida a domicilio saludable que ya operan en muchas localidades de la Región de Murcia. Es una forma sencilla de asegurar que se alimentan bien sin quitarles la autonomía que tanto valoran.
No es hacerlo todo: es estar presente
Cuidar a tus padres no significa resolverles la vida. Significa estar atento, anticiparse a los problemas y facilitarles el acceso a soluciones que mejoren su bienestar. A veces es una revisión auditiva que llevan posponiendo dos años. Otras, un masaje que les alivia un dolor que daban por perdido. En ocasiones, basta con sentarse a comer juntos un miércoles cualquiera.
Lo importante no es hacer mucho, sino hacer lo correcto. Y lo correcto empieza siempre por preguntar: mamá, papá, ¿cómo estáis de verdad?

















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