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🌿 sábado 05 abril 2025
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No other land: una denuncia descarnada del genocidio palestino

Basel Adra es un joven activista cisjordano, de una aldea de la región Masafer Yalta, cercana a Hebrón y a Jerusalén. Hasta donde alcanza su memoria, su vida no ha sido otra que la de resistir al acoso continuo, obsesivo y violento, tanto del ejercito judío como de los colonos que pretenden echarlos de sus territorios, esos en los que han vivido generación tras generación, para ocuparlos ellos. Ha crecido con el permanente miedo cada vez que su padre, también activista, es violentado y arrestado por el ejército por exigir pacíficamente sus derechos como palestino, y en espera de la siguiente emboscada.

Yugal Abraham es un joven periodista judío de edad aproximada a la de Basel que se acerca frecuentemente a la aldea palestina con el ánimo de informar al exterior de los abusos que sufren los palestinos y de su lucha pacífica. Quiere escribir sobre lo que allí ocurre, hacer sus propias grabaciones y difundir el hostigamiento continuo al que están siendo sometidos los palestinos por el estado israelí, ya que por el férreo control de los medios de comunicación, muchos judíos desconocen.

A pesar de su origen judío, Yuval es aceptado por la comunidad palestina sin ningún tipo de hostilidad por su origen aunque, en ocasiones, pueda surgir algún debate dialéctico entre ellos.

El documental

Con el material recopilado por ambos entre 2019 y 2023, pandemia mediante, se ha realizado el descarnado documental No other land.

El activismo pacífico de Basel y su familia, durante años, ha consistido en documentar con una simple cámara de video casera, o mediante teléfono móvil, cada acción que el ejército irsaelí y los colonos han llevado a cabo en su aldea, para después hacerlas públicas en las redes sociales para que el mundo conozca lo que le está sucediendo a su pueblo; dando a conocer las vicisitudes diarias de estas gentes a los que se les niega incluso lo más básico: el agua, la vivienda, sus cultivos y ganado para poder subsistir.

En el documental se desvelan en vivo y en directo asesinatos cometidos por militares y colonos con el más cruel desprecio por la vida de los palestinos, hormigoneras que anegan pozos de agua; excavadoras que destruyen sus viviendas, una humilde escuela y hasta una zona recreativa para niños que, aterrorizados, se les expulsa sin contemplaciones. Se derriban los postes eléctricos dejándolos sin energía, a oscuras, durante días, hasta que consiguen volver a poner las conexiones en pie; persecuciones que propicia que cientos de sus habitantes decidan abandonar sus tierras y hogares en las aldeas para instalarse en otros lugares, hacinados en pisos de grandes ciudades porque no se les permite salir del territorio, convertido en un inmenso campo de concentración en el que se les enclaustra.

Un poco de memoria

Tal situación no es nueva, aunque el actual gobierno israelí la esté llevando ahora hasta sus últimas consecuencias tras el ataque de Hamas el 7 de octubre de 2023, que ha propiciado la respuesta genocida de Israel en la franja de Gaza, acelerando un proceso que se venía gestando desde hace décadas con la inclemente opresión del pueblo palestino que habita en Gaza y Cisjordania.

Ya Hannah  Arendt advirtió en 1948 que había victimas del Holocausto que se habían convertido en victimarios, negando el derecho a existir del pueblo palestino, y no solo como realidad geográfica, como les ocurrió a los judíos en Europa durante el nazismo.

El desánimo

Pero el documental va más allá de lo que sucede en la zona, pues penetra en la piel de los protagonistas, dejando ver cómo el desánimo y la desesperación destruyen la vida de las personas que solo aspiran a vivir en su tierra.

Paralelamente a las vivencias que van gestando el documental, se forja una estrecha amistad entre los dos jóvenes. Al finalizar las duras y largas jornadas de resistencia, al oscurecer, se suelen sentar a la puerta de la casa de Basel, poco más que una chabola construida con bloques de cemento y, mientras fuman, uno en su pipeta y el otro sus cigarrillos, charlan bajo el cielo estrellado acompañados por el coro de los grillos, y de la conversación se va desprendiendo cómo el desánimo, el decaimiento, la falta de perspectivas y el cansancio, no solo físico, de Basel va en aumento.

La impotencia, la desesperanza ante una vida sin horizonte, que evoca el mito de Sísifo, sin sentido y sin proyecto, va deteriorando la fortaleza mental del palestino. Su padre ya era un activista cuando él era un niño de cinco años, y no solo no ha cambiado nada desde entonces, sino que todo ha ido a peor. Yuval se va convirtiendo en un compañero entrañable al que confiesa su creciente frustración y, aunque le anima a continuar en la lucha y apoya su causa, poco más puede hacer por él.

Los premios

El documental se presentó en 2024 al Festival de Cine de Berlín, la Berlinale, y ya recibió un premio. También ha obtenido el Óscar a mejor documental, en la última edición de 2025; reconocimientos que han servido para propagar su difusión y, con ello, la denuncia de la situación que atraviesa el pueblo palestino, así como los anhelos y propósitos de los protagonistas. 

Represalias

Tras los discursos reivindicativos de Basel Adra y Yuval Abraham cuando recogieron el premio en la Berlinale de 2024, el mensaje en favor de la paz de Abraham fue desacreditado y calificado de «antisemita», por lo que tuvo que demorar por un tiempo su regreso a Israel tras la avalancha de violentas amenazas que se sucedieron contra él y su familia. 

“La atroz destrucción de Gaza tiene que terminar”, ha manifestado Basel Adra, al recibir el Oscar y, al momento, el ministro de cultura de Israel, Miki Zohar, pidió a las salas de cine e instituciones culturales financiadas por su ministerio que se negaran su proyección por considerarla difamatoria, una “herramienta de propaganda antiisraelí” y “dañar el buen nombre de Israel en tiempos de guerra”. 

En Estados Unidos el filme no ha conseguido distribuidor, obligando a sus promotores a proyectarlo en muy escasas salas del país

El 24 de marzo de 2025, otro de los coproductores de la cinta, Hamdan Ballal, fue atacado por un grupo de colonos israelíes armados con porras, cuchillos y al menos un rifle de asalto, en su casa en la aldea de Masafer Yatta, en Cisjordania. Tras el ataque fue trasladado en una ambulancia, que militares israelíes detuvieron cuando aún estaba sangrando. Al día siguiente fue liberado después de pasar toda la noche maniatado en una base militar «mientras dos soldados le golpeaban en el suelo»

Reflexiones

En 1945, cuando los aliados liberaron los campos de concentración nazis, la sociedad occidental se preguntaba, incrédula, cómo había sido posible que sucediesen tales atrocidades sin que nadie se opusiera, sin que se denunciara. La sociedad alemana se amparó en el “desconocimiento”, cuando la persecución de los judíos y otras etnias era un secreto a voces… pero concediendo el beneficio de la duda, es posible que parte de la población no supiese, con certeza, lo que sucedía en los campos de exterminio.

Pero en pleno siglo XXI nadie puede escudarse en desconocimiento, en la falta de información, en la ignorancia de la masacre diaria y cotidiana de una población de seres humanos inermes, abandonados, ejecutados por el mero hecho de no formar parte del “pueblo elegido”. Probablemente, espero que así sea, nuestros descendientes también se preguntarán e interpelarán, perplejos, cómo fue posible que conociésemos, con imágenes en directo y con todo lujo de detalles el exterminio de todo un pueblo sin la más mínima reacción, sin la firme condena de los ejecutores.

¿Como podemos seguir permitiendo tan tremenda barbaridad, una injusticia y deshumanización tan brutal? ¿Cómo es posible tal grado de insensibilidad al dolor y tragedia ajena?. La comunidad internacional ha tratado tímidamente, y con demasiada condescendencia, la realidad palestina. Pankaj Misha, ensayista y novelista indio, considerado uno de los mejores pensadores de nuestro tiempo, afirma categórico en su ensayo El mundo después de Gaza: “Occidente ha permitido, incluso defendido en ocasiones, una vulneración flagrante de los derechos humanos más fundaméntales”… para vergüenza de las sociedades que son incapaces de condenar el terror israelí. 

¡Vean el documental!

Esta es mi pequeña resistencia a la indiferencia. Su visionado, les aseguro, no les dejará indiferentes, por muy narcotizado que se esté. Considero un acto de responsabilidad tomar conciencia y reclamar justicia para que estos jóvenes directores que han estado trabajando años en él, consigan su propósito: mostrar al mundo el sufrimiento constante, implacable, al que se está sometiendo al pueblo palestino por parte del Estado de Israel, un pueblo, el israelí, incomprensiblemente desmemoriado que, al parecer, ha olvidado que en su propia existencia ha sufrido el intento de exterminio. 

La cinta puede verse en la plataforma Filmin.


Blog de Ana Fructuoso Ros

Ana Fructuoso
Ana Fructuoso
Fructuoso es Jefa de Sección (Reclamaciones y Recursos) en el área de Gestión Académica de la Universidad de Murcia, donde lleva trabajando 35 años.

Basel Adra es un joven activista cisjordano, de una aldea de la región Masafer Yalta, cercana a Hebrón y a Jerusalén. Hasta donde alcanza su memoria, su vida no ha sido otra que la de resistir al acoso continuo, obsesivo y violento, tanto del ejercito judío como de los colonos que pretenden echarlos de sus territorios, esos en los que han vivido generación tras generación, para ocuparlos ellos. Ha crecido con el permanente miedo cada vez que su padre, también activista, es violentado y arrestado por el ejército por exigir pacíficamente sus derechos como palestino, y en espera de la siguiente emboscada.

Yugal Abraham es un joven periodista judío de edad aproximada a la de Basel que se acerca frecuentemente a la aldea palestina con el ánimo de informar al exterior de los abusos que sufren los palestinos y de su lucha pacífica. Quiere escribir sobre lo que allí ocurre, hacer sus propias grabaciones y difundir el hostigamiento continuo al que están siendo sometidos los palestinos por el estado israelí, ya que por el férreo control de los medios de comunicación, muchos judíos desconocen.

A pesar de su origen judío, Yuval es aceptado por la comunidad palestina sin ningún tipo de hostilidad por su origen aunque, en ocasiones, pueda surgir algún debate dialéctico entre ellos.

El documental

Con el material recopilado por ambos entre 2019 y 2023, pandemia mediante, se ha realizado el descarnado documental No other land.

El activismo pacífico de Basel y su familia, durante años, ha consistido en documentar con una simple cámara de video casera, o mediante teléfono móvil, cada acción que el ejército irsaelí y los colonos han llevado a cabo en su aldea, para después hacerlas públicas en las redes sociales para que el mundo conozca lo que le está sucediendo a su pueblo; dando a conocer las vicisitudes diarias de estas gentes a los que se les niega incluso lo más básico: el agua, la vivienda, sus cultivos y ganado para poder subsistir.

En el documental se desvelan en vivo y en directo asesinatos cometidos por militares y colonos con el más cruel desprecio por la vida de los palestinos, hormigoneras que anegan pozos de agua; excavadoras que destruyen sus viviendas, una humilde escuela y hasta una zona recreativa para niños que, aterrorizados, se les expulsa sin contemplaciones. Se derriban los postes eléctricos dejándolos sin energía, a oscuras, durante días, hasta que consiguen volver a poner las conexiones en pie; persecuciones que propicia que cientos de sus habitantes decidan abandonar sus tierras y hogares en las aldeas para instalarse en otros lugares, hacinados en pisos de grandes ciudades porque no se les permite salir del territorio, convertido en un inmenso campo de concentración en el que se les enclaustra.

Un poco de memoria

Tal situación no es nueva, aunque el actual gobierno israelí la esté llevando ahora hasta sus últimas consecuencias tras el ataque de Hamas el 7 de octubre de 2023, que ha propiciado la respuesta genocida de Israel en la franja de Gaza, acelerando un proceso que se venía gestando desde hace décadas con la inclemente opresión del pueblo palestino que habita en Gaza y Cisjordania.

Ya Hannah  Arendt advirtió en 1948 que había victimas del Holocausto que se habían convertido en victimarios, negando el derecho a existir del pueblo palestino, y no solo como realidad geográfica, como les ocurrió a los judíos en Europa durante el nazismo.

El desánimo

Pero el documental va más allá de lo que sucede en la zona, pues penetra en la piel de los protagonistas, dejando ver cómo el desánimo y la desesperación destruyen la vida de las personas que solo aspiran a vivir en su tierra.

Paralelamente a las vivencias que van gestando el documental, se forja una estrecha amistad entre los dos jóvenes. Al finalizar las duras y largas jornadas de resistencia, al oscurecer, se suelen sentar a la puerta de la casa de Basel, poco más que una chabola construida con bloques de cemento y, mientras fuman, uno en su pipeta y el otro sus cigarrillos, charlan bajo el cielo estrellado acompañados por el coro de los grillos, y de la conversación se va desprendiendo cómo el desánimo, el decaimiento, la falta de perspectivas y el cansancio, no solo físico, de Basel va en aumento.

La impotencia, la desesperanza ante una vida sin horizonte, que evoca el mito de Sísifo, sin sentido y sin proyecto, va deteriorando la fortaleza mental del palestino. Su padre ya era un activista cuando él era un niño de cinco años, y no solo no ha cambiado nada desde entonces, sino que todo ha ido a peor. Yuval se va convirtiendo en un compañero entrañable al que confiesa su creciente frustración y, aunque le anima a continuar en la lucha y apoya su causa, poco más puede hacer por él.

Los premios

El documental se presentó en 2024 al Festival de Cine de Berlín, la Berlinale, y ya recibió un premio. También ha obtenido el Óscar a mejor documental, en la última edición de 2025; reconocimientos que han servido para propagar su difusión y, con ello, la denuncia de la situación que atraviesa el pueblo palestino, así como los anhelos y propósitos de los protagonistas. 

Represalias

Tras los discursos reivindicativos de Basel Adra y Yuval Abraham cuando recogieron el premio en la Berlinale de 2024, el mensaje en favor de la paz de Abraham fue desacreditado y calificado de «antisemita», por lo que tuvo que demorar por un tiempo su regreso a Israel tras la avalancha de violentas amenazas que se sucedieron contra él y su familia. 

“La atroz destrucción de Gaza tiene que terminar”, ha manifestado Basel Adra, al recibir el Oscar y, al momento, el ministro de cultura de Israel, Miki Zohar, pidió a las salas de cine e instituciones culturales financiadas por su ministerio que se negaran su proyección por considerarla difamatoria, una “herramienta de propaganda antiisraelí” y “dañar el buen nombre de Israel en tiempos de guerra”. 

En Estados Unidos el filme no ha conseguido distribuidor, obligando a sus promotores a proyectarlo en muy escasas salas del país

El 24 de marzo de 2025, otro de los coproductores de la cinta, Hamdan Ballal, fue atacado por un grupo de colonos israelíes armados con porras, cuchillos y al menos un rifle de asalto, en su casa en la aldea de Masafer Yatta, en Cisjordania. Tras el ataque fue trasladado en una ambulancia, que militares israelíes detuvieron cuando aún estaba sangrando. Al día siguiente fue liberado después de pasar toda la noche maniatado en una base militar «mientras dos soldados le golpeaban en el suelo»

Reflexiones

En 1945, cuando los aliados liberaron los campos de concentración nazis, la sociedad occidental se preguntaba, incrédula, cómo había sido posible que sucediesen tales atrocidades sin que nadie se opusiera, sin que se denunciara. La sociedad alemana se amparó en el “desconocimiento”, cuando la persecución de los judíos y otras etnias era un secreto a voces… pero concediendo el beneficio de la duda, es posible que parte de la población no supiese, con certeza, lo que sucedía en los campos de exterminio.

Pero en pleno siglo XXI nadie puede escudarse en desconocimiento, en la falta de información, en la ignorancia de la masacre diaria y cotidiana de una población de seres humanos inermes, abandonados, ejecutados por el mero hecho de no formar parte del “pueblo elegido”. Probablemente, espero que así sea, nuestros descendientes también se preguntarán e interpelarán, perplejos, cómo fue posible que conociésemos, con imágenes en directo y con todo lujo de detalles el exterminio de todo un pueblo sin la más mínima reacción, sin la firme condena de los ejecutores.

¿Como podemos seguir permitiendo tan tremenda barbaridad, una injusticia y deshumanización tan brutal? ¿Cómo es posible tal grado de insensibilidad al dolor y tragedia ajena?. La comunidad internacional ha tratado tímidamente, y con demasiada condescendencia, la realidad palestina. Pankaj Misha, ensayista y novelista indio, considerado uno de los mejores pensadores de nuestro tiempo, afirma categórico en su ensayo El mundo después de Gaza: “Occidente ha permitido, incluso defendido en ocasiones, una vulneración flagrante de los derechos humanos más fundaméntales”… para vergüenza de las sociedades que son incapaces de condenar el terror israelí. 

¡Vean el documental!

Esta es mi pequeña resistencia a la indiferencia. Su visionado, les aseguro, no les dejará indiferentes, por muy narcotizado que se esté. Considero un acto de responsabilidad tomar conciencia y reclamar justicia para que estos jóvenes directores que han estado trabajando años en él, consigan su propósito: mostrar al mundo el sufrimiento constante, implacable, al que se está sometiendo al pueblo palestino por parte del Estado de Israel, un pueblo, el israelí, incomprensiblemente desmemoriado que, al parecer, ha olvidado que en su propia existencia ha sufrido el intento de exterminio. 

La cinta puede verse en la plataforma Filmin.


Blog de Ana Fructuoso Ros

Ana Fructuoso
Ana Fructuoso
Fructuoso es Jefa de Sección (Reclamaciones y Recursos) en el área de Gestión Académica de la Universidad de Murcia, donde lleva trabajando 35 años.
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1 COMENTARIO

  1. Quiero empezar con una ¡VIVA PALESTINA LIBRE!. En Gaza no es una guerra, es un genocidio.
    Me han pasado una revista médica The Lancet, no es cualquier publicación. Su prestigio alcanza talla mundial.
    Un estudio publicado por esta revista, abrevio, tras 15 meses de ofensiva genocida israelí contra la Franja, tira por tierra (infraestimada) el dato de 46.000 muertos, mayoría mujeres y niños, cuando el total real de muertos en Gaza podría rebasar los devastadores 70.000 fallecidos.
    Una vergüenza para Occidente. «Guía espiritual de la civilización», dejando que Netanyahu, el lobby USA… perpetrara esta matanza.
    Ahora el «delincuente Trump» -un hombre condenado por 34 delitos imputados- pretende:
    «ACABAR CON EL PUEBLO PALESTINO DISFRAZADO DE PROYECTO URBANISTICO»

    Últimamente se han estado haciendo manifestaciones-concentraciones, «por una paz justa», «alto el fuego definitivo». Ni terrorismo ni genocidio.
    Yecla no ha sido de esos pueblos que han salido a la calle para protestar sobre el genocidio del pueblo Palestino. Con 35.000 habitantes y una base obrera, nadie ha sido capaz de convocar nada.
    El internacionalismo es base de la conciencia obrera.

    Quienes han sufrido los campos de exterminio de los nazis, caso del pueblo israelí, no se entiende como ellos, ahora son los verdugos. No es menos cierto, que una pequeña parte de la sociedad israelí no han estado de acuerdo con este genocidio, lo cual les honra.

Ana Fructuoso
Ana Fructuoso
Fructuoso es Jefa de Sección (Reclamaciones y Recursos) en el área de Gestión Académica de la Universidad de Murcia, donde lleva trabajando 35 años.
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