Artemis II, el cohete americano que mandaron a darse una vuelta por la Luna es un montón de chatarra sofisticada, una cafetera refinada, un supositorio mecánico y una expedición promocional.
Los del Apolo 11 llegaron a pisar la Luna o eso dijeron ellos.
El humano que más lejos ha llegado es Iñaki Garmendia, mi amado esposo, que viaja perdido por el espacio a la velocidad de la luz buscando un planeta donde se supone que hablan euskera y hace cuatro meses que no sé nada de él, los yanquis no quieren o no pueden darme información.
Yo se lo repetí más de una vez: “Cariño, las misiones espaciales europeas son más fiables, las expediciones chinas más seguras y una misión capitaneada por el rey de España como en los tiempos del imperio español, te aseguraría el éxito», pero ya se sabe que los vascos son muy tercos y viven deslumbrados con el imperio norteamericano y no les interesa ni lo español ni lo europeo.
Un alguacil convertido en comodoro galáctico, que viaja por el universo es mucho más interesante que los cuatro astronautas de pacotilla.
Vivo con la angustiosa sospecha de que el billete del guipuzcoano y padre de mi hija, era solo de ida.
Traspasé mi negocio: el puesto de salazones del mercado, con la idea de viajar a Estados Unidos. Estoy harta de las respuestas evasivas de la NASA.
El embajador estadounidense en España se ofreció como intermediario y me recibió en Madrid.
Después de mucha palabrería y cumplidos le exigí claridad y le lancé una pregunta directa:
—¿Cuál es la misión de mi hombre?
—Querrá decir usted de nuestro hombre —dijo el embajador esbozando una leve sonrisa de superioridad.
—La única verdad es que ese hombre es mi esposo, mi compañero y el padre de mi hija —al yanqui se le cambió el gesto
—¿Hija?
—Sí, estoy embarazada de cuatro meses y necesito contárselo a Iñaki.
El embajador se ausentó de la sala para telefonear al presidente Trump y volvió acompañado de un técnico especialista en relaciones humanas para desvelarme la verdad.
—El comandante Iñaki Garmendia Guridi, viaja hacia un lejano planeta donde sospechamos que existe una civilización paralela a la nuestra —aseguró el técnico. Agachó la cabeza esquivando mi mirada y continuó—. El viaje solo es de ida.
—¿Él es consciente?
—No.
—¡Entonces lo mandasteis a una muerte sin su consentimiento!
—Él firmó un contrato reconociendo que la misión era secreta y que aceptaría todas nuestras ordenes —me mostraron una copia del contrato firmada por Iñaki—. Si quieres podrás mandarles mensajes escritos y él en algún momento te contestará.
—Quiero mandarle un mensaje de voz y quiero anunciarle mi embarazo.
—Eso no es posible, no podemos dejarte por si desvelas su futuro —di un puñetazo en la mesa y salí del despacho gritando: “¡Hijos de puta!” y antes de salir le lancé un escupitajo a la puta bandera estrellada.
Fui al parque del Retiro, la primavera es hermosa en este parque. Me senté en un banco mirando el estanque, me relaja mirar el mar y escuchar las olas y esto era lo más parecido que tenía a mano. Me dediqué a ver a la gente remando en el agua estancada y turbia. Vi a unos patos nadando alrededor de una barca en las que se besaban dos enamorados y habían dejado caer los remos. Estaban parados en el centro del estanque; era como si estuvieran solos en el centro del universo. Tuve un alumbramiento:
¡Podría viajar al espacio para encontrarme con Iñaki!
Navegaríamos los dos en el mismo vacío y nuestra hija nacería en un espacio sin acotamientos, sin fronteras y lejos de la estulticia humana.
He reservado un billete de avión para viajar a Pekin.

















El cohete de la SANA (por sus siglas en hispainglis) su objetivo no era la luna.
En realidad el Artemis II era una misión secreta de Trump. Se conoce que llegó al Cabo de Gata (Almería) sobre las 4 DM, ya que los astronautas estaban echando la siesta algo muy andaluz, como la privatización de la sanidad pública de Juanma Moreno.
El aterrizaje en Cabo en Gata fue programado por su cercanía con la localidad del Ejido. Una ciudad de casi 90.000 habitantes donde uno de cada diez tiene un invernadero para criar lechugas, brócoli… y todo eso. Los astronautas debidamente disfrazados, con su pulserita con la bandera del país, se infiltraron en los invernaderos.
Muchas fincas de gran extensión, trabajaban entre cien y doscientos trabajadores. Su misión «espacial» de los de Artemis dos palotes, era ver cuantos trabajadores eran emigrantes y cuantos cotizaban a la Seguridad Social.
Estos datos era para utilizarlos Trump para darle en los morros a Pedro Sánchez por su regularización a emigrantes irregulares.
Hicieron algunas catas de datos con el resultado de: una finca con 90 trabajadores, de ellos 80 emigrantes y dados de alta: el encargado amigo del alcalde, el novio de la hija del propietario, un vecino de toda la vida y el que llevaba las cuentas, total 4, todos blancos. Lo de blancos es para entenderse con los del KKK. En resumen, habían 86 trabajadores sin dar de alta.
La misión de Artemis II ha sido un fracaso ya que viene a confirmar que Pedro Sánchez y su regularización de personas, que ya trabajan aquí, mejor dados de alta.
Sobre lo que ganaban los irregulares la Casa Blanca no ha querido hacer público lo que recibían estos trabajadores emigrantes en su mayoría, aludiendo que dentro de veinte años se harían público una vez fuesen documentos desclasificados, dar esta información hoy sería peor que taponar el estrecho de Ormuz, un escándalo.
Ahora Pedro Sánchez en Barcelona arropado con la progresía internacional, los que van con los pobres, le han vuelto a decir a Trump: ¡NO A LA GUERRA!
Mientras esto ocurría la derecha española estaba viendo la final de la copa de Felipe VI.
Que grande OYARZABAL al negarle el saludo a la AYUSO 7291.
Otra narración. La de Vicente es bonica.