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martes, agosto 18, 2026 🌊
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Cuarenta años de la tragedia del Muro de los Aguadores: tres muertos y seis heridos

Hay días que quedan fijados para siempre en la memoria de una ciudad. El 16 de julio de 1986 fue uno de ellos para Yecla. Poco después de la una de la tarde, un camión con remolque perdió los frenos cuando descendió desde el puerto de Jumilla por la vieja nacional 344 y entró descontrolado en el casco urbano, cuando la nacional atravesaba todo el municipio.

Su carrera terminó contra el muro de la antigua fuente de Los Aguadores, pero antes dejó tras de sí tres personas fallecidas, seis heridas y varios vehículos destrozados.

Al día siguiente, La Verdad llevó la tragedia a su portada con un titular que reflejaba la dimensión de lo ocurrido: un camión había provocado una «masacre en Yecla».

Un camión sin posibilidad de detenerse

El vehículo realizaba un trayecto desde Abarán hacia Valencia. El camión inició el descenso desde el puerto de Jumilla sin poder reducir suficientemente la velocidad y alcanzó la entrada de Yecla convertido en una enorme masa fuera de control.

La situación era especialmente peligrosa por una circunstancia que hoy resulta difícil imaginar: en aquellos años, una parte importante del tráfico de mercancías entre Murcia y Valencia atravesaba directamente el casco urbano de Yecla. Entonces no había ni autovía ni travesías que apartaran el tráfico cuando llegaba a Yecla.

Camiones, turismos, motocicletas, bicicletas y peatones compartían una carretera que funcionaba al mismo tiempo como una de las principales vías de paso de la localidad. Aquella tarde, esa convivencia tuvo consecuencias devastadoras.

Una sucesión de impactos hasta Los Aguadores

Ya en la entrada de la población, el vehículo alcanzó a un turismo que se encontraba en una estación de servicio. La violencia del choque lanzó el turismo contra uno de los surtidores, que también resultó dañado.

Pero el camión continuó avanzando. En su trayectoria alcanzó posteriormente otro coche, un Seat que terminó incendiado, una furgoneta Citroën y un Renault 8, que quedó prácticamente atrapado debajo del vehículo pesado.

Entre unos impactos y otros también fueron alcanzados varios peatones y un ciclista. Finalmente, tras aquella sucesión de colisiones, el camión terminó empotrado en la zona del Muro de los Aguadores, junto a unas escaleras.

Las fotografías publicadas por La Verdad al día siguiente dan una idea de la violencia del accidente: vehículos dañados, restos esparcidos por la calzada y el enorme camión detenido después de una carrera imposible de controlar.

Dos cuñados que salían a comer

Dos de las víctimas mortales fueron B.M.A., de 64 años, y su cuñado P.R.B., de 66. Ambos eran agricultores. La circunstancia de su muerte refleja hasta qué punto el accidente irrumpió de forma brutal en una jornada completamente cotidiana.

Los dos hombres salían del Bar Valencia, donde tenían previsto comer, cuando fueron alcanzados por el camión.

En cuestión de segundos, una acción tan habitual como salir de un establecimiento para continuar el día terminó convirtiéndose en tragedia.

La tercera víctima era mucho más joven.

J.C.S.V., 23 años, iba en bicicleta

J.C.S.V. tenía 23 años, era ebanista, estaba casado y circulaba en bicicleta cuando fue arrollado por el camión. Su historia contiene además una de las coincidencias más dolorosas de aquella jornada.

Según relató La Verdad, esa misma tarde tenía previsto recoger el premio Murcia-Joven 86 de escultura, que le había sido concedido. Nunca pudo recogerlo. Horas antes de recibir aquel reconocimiento, murió en el accidente.

Ese detalle convirtió su fallecimiento en uno de los episodios más recordados de una jornada que ya había dejado a Yecla profundamente conmocionada.

Seis personas resultaron heridas

El balance no terminó con los tres fallecidos. Otras seis personas resultaron heridas, algunas de consideración.

Entre ellas se encontraban J.A.M., de 31 años; P.V.C., de 44; V.V.M., de 16; M.M.O., de 24; y C.F.S., de 19 años. V.V.M. sufrió una fractura en la zona occipital. M.M.O. padeció graves quemaduras y C.F.S. también sufrió quemaduras.

Los tres fueron trasladados posteriormente a Murcia después de recibir atención en el Hospital Virgen del Castillo de Yecla.

El sexto herido era el propio conductor del camión, S.P.L., que sufrió contusiones en la cara y el tórax que inicialmente fueron consideradas de menor gravedad.

Centenares de personas acudieron al lugar

La espectacularidad del accidente hizo que la noticia se extendiera inmediatamente por toda Yecla. Centenares de personas se congregaron en la zona, mientras trabajaban los servicios públicos y las fuerzas de seguridad.

Acudieron la comisión judicial del Juzgado de Instrucción, la Policía Municipal, la Policía Nacional, la Guardia Civil y los equipos encargados de elaborar el atestado.

En una localidad con las dimensiones que tenía Yecla en 1986, un accidente de aquella magnitud no podía quedar limitado al lugar del siniestro. La noticia corrió rápidamente entre familias, centros de trabajo, comercios y barrios.

Tres vecinos habían muerto en pleno casco urbano, a primera hora de la tarde y en una vía utilizada diariamente por miles de personas.

La tragedia volvió a poner el foco sobre el tráfico pesado

La crónica publicada al día siguiente contiene un detalle especialmente revelador sobre el debate que se abrió inmediatamente después del accidente. Los comentarios de los vecinos insistían en la necesidad urgente de construir un desvío para la carretera que atravesaba la ciudad.

La preocupación no era nueva. El número de vehículos que cruzaban Yecla había aumentado, especialmente los vehículos pesados, después de las mejoras realizadas en el itinerario entre Murcia y Valencia.

Aquel corredor soportaba una parte importante del tráfico de mercancías y pasajeros entre ambas comunidades y, en Yecla, ese tránsito seguía pasando por dentro de la población.

El accidente del 16 de julio convirtió aquella preocupación en una cuestión imposible de ignorar. No se trataba únicamente de molestias, ruido o congestión. La tragedia había demostrado de la peor manera posible el riesgo que suponía que grandes camiones atravesaran diariamente calles integradas en la vida urbana.

Una imagen que quedó grabada en Yecla

Durante décadas, muchos yeclanos han seguido recordando aquel camión detenido finalmente junto al Muro de los Aguadores.

Otros recuerdan dónde se encontraban cuando conocieron la noticia, el movimiento de ambulancias y fuerzas de seguridad o la enorme concentración de personas alrededor del lugar del accidente.

Hoy, cuarenta años después, las páginas amarillentas de la prensa permiten reconstruir con precisión lo sucedido. Cuarenta años después, aquella tragedia continúa formando parte de la memoria colectiva de muchos vecinos de Yecla. Otros, más jóvenes, la pueden estar descubriendo un día como hoy.

Ángel Alonso
Ángel Alonso
Director de elperiodicodeyecla.com. Entró a formar parte de este medio de comuncación en 2003 y en 2008 digitalizó lo que era un medio local impreso. Especilizado en información local de Yecla.

Hay días que quedan fijados para siempre en la memoria de una ciudad. El 16 de julio de 1986 fue uno de ellos para Yecla. Poco después de la una de la tarde, un camión con remolque perdió los frenos cuando descendió desde el puerto de Jumilla por la vieja nacional 344 y entró descontrolado en el casco urbano, cuando la nacional atravesaba todo el municipio.

Su carrera terminó contra el muro de la antigua fuente de Los Aguadores, pero antes dejó tras de sí tres personas fallecidas, seis heridas y varios vehículos destrozados.

Al día siguiente, La Verdad llevó la tragedia a su portada con un titular que reflejaba la dimensión de lo ocurrido: un camión había provocado una «masacre en Yecla».

Un camión sin posibilidad de detenerse

El vehículo realizaba un trayecto desde Abarán hacia Valencia. El camión inició el descenso desde el puerto de Jumilla sin poder reducir suficientemente la velocidad y alcanzó la entrada de Yecla convertido en una enorme masa fuera de control.

La situación era especialmente peligrosa por una circunstancia que hoy resulta difícil imaginar: en aquellos años, una parte importante del tráfico de mercancías entre Murcia y Valencia atravesaba directamente el casco urbano de Yecla. Entonces no había ni autovía ni travesías que apartaran el tráfico cuando llegaba a Yecla.

Camiones, turismos, motocicletas, bicicletas y peatones compartían una carretera que funcionaba al mismo tiempo como una de las principales vías de paso de la localidad. Aquella tarde, esa convivencia tuvo consecuencias devastadoras.

Una sucesión de impactos hasta Los Aguadores

Ya en la entrada de la población, el vehículo alcanzó a un turismo que se encontraba en una estación de servicio. La violencia del choque lanzó el turismo contra uno de los surtidores, que también resultó dañado.

Pero el camión continuó avanzando. En su trayectoria alcanzó posteriormente otro coche, un Seat que terminó incendiado, una furgoneta Citroën y un Renault 8, que quedó prácticamente atrapado debajo del vehículo pesado.

Entre unos impactos y otros también fueron alcanzados varios peatones y un ciclista. Finalmente, tras aquella sucesión de colisiones, el camión terminó empotrado en la zona del Muro de los Aguadores, junto a unas escaleras.

Las fotografías publicadas por La Verdad al día siguiente dan una idea de la violencia del accidente: vehículos dañados, restos esparcidos por la calzada y el enorme camión detenido después de una carrera imposible de controlar.

Dos cuñados que salían a comer

Dos de las víctimas mortales fueron B.M.A., de 64 años, y su cuñado P.R.B., de 66. Ambos eran agricultores. La circunstancia de su muerte refleja hasta qué punto el accidente irrumpió de forma brutal en una jornada completamente cotidiana.

Los dos hombres salían del Bar Valencia, donde tenían previsto comer, cuando fueron alcanzados por el camión.

En cuestión de segundos, una acción tan habitual como salir de un establecimiento para continuar el día terminó convirtiéndose en tragedia.

La tercera víctima era mucho más joven.

J.C.S.V., 23 años, iba en bicicleta

J.C.S.V. tenía 23 años, era ebanista, estaba casado y circulaba en bicicleta cuando fue arrollado por el camión. Su historia contiene además una de las coincidencias más dolorosas de aquella jornada.

Según relató La Verdad, esa misma tarde tenía previsto recoger el premio Murcia-Joven 86 de escultura, que le había sido concedido. Nunca pudo recogerlo. Horas antes de recibir aquel reconocimiento, murió en el accidente.

Ese detalle convirtió su fallecimiento en uno de los episodios más recordados de una jornada que ya había dejado a Yecla profundamente conmocionada.

Seis personas resultaron heridas

El balance no terminó con los tres fallecidos. Otras seis personas resultaron heridas, algunas de consideración.

Entre ellas se encontraban J.A.M., de 31 años; P.V.C., de 44; V.V.M., de 16; M.M.O., de 24; y C.F.S., de 19 años. V.V.M. sufrió una fractura en la zona occipital. M.M.O. padeció graves quemaduras y C.F.S. también sufrió quemaduras.

Los tres fueron trasladados posteriormente a Murcia después de recibir atención en el Hospital Virgen del Castillo de Yecla.

El sexto herido era el propio conductor del camión, S.P.L., que sufrió contusiones en la cara y el tórax que inicialmente fueron consideradas de menor gravedad.

Centenares de personas acudieron al lugar

La espectacularidad del accidente hizo que la noticia se extendiera inmediatamente por toda Yecla. Centenares de personas se congregaron en la zona, mientras trabajaban los servicios públicos y las fuerzas de seguridad.

Acudieron la comisión judicial del Juzgado de Instrucción, la Policía Municipal, la Policía Nacional, la Guardia Civil y los equipos encargados de elaborar el atestado.

En una localidad con las dimensiones que tenía Yecla en 1986, un accidente de aquella magnitud no podía quedar limitado al lugar del siniestro. La noticia corrió rápidamente entre familias, centros de trabajo, comercios y barrios.

Tres vecinos habían muerto en pleno casco urbano, a primera hora de la tarde y en una vía utilizada diariamente por miles de personas.

La tragedia volvió a poner el foco sobre el tráfico pesado

La crónica publicada al día siguiente contiene un detalle especialmente revelador sobre el debate que se abrió inmediatamente después del accidente. Los comentarios de los vecinos insistían en la necesidad urgente de construir un desvío para la carretera que atravesaba la ciudad.

La preocupación no era nueva. El número de vehículos que cruzaban Yecla había aumentado, especialmente los vehículos pesados, después de las mejoras realizadas en el itinerario entre Murcia y Valencia.

Aquel corredor soportaba una parte importante del tráfico de mercancías y pasajeros entre ambas comunidades y, en Yecla, ese tránsito seguía pasando por dentro de la población.

El accidente del 16 de julio convirtió aquella preocupación en una cuestión imposible de ignorar. No se trataba únicamente de molestias, ruido o congestión. La tragedia había demostrado de la peor manera posible el riesgo que suponía que grandes camiones atravesaran diariamente calles integradas en la vida urbana.

Una imagen que quedó grabada en Yecla

Durante décadas, muchos yeclanos han seguido recordando aquel camión detenido finalmente junto al Muro de los Aguadores.

Otros recuerdan dónde se encontraban cuando conocieron la noticia, el movimiento de ambulancias y fuerzas de seguridad o la enorme concentración de personas alrededor del lugar del accidente.

Hoy, cuarenta años después, las páginas amarillentas de la prensa permiten reconstruir con precisión lo sucedido. Cuarenta años después, aquella tragedia continúa formando parte de la memoria colectiva de muchos vecinos de Yecla. Otros, más jóvenes, la pueden estar descubriendo un día como hoy.

Ángel Alonso
Ángel Alonso
Director de elperiodicodeyecla.com. Entró a formar parte de este medio de comuncación en 2003 y en 2008 digitalizó lo que era un medio local impreso. Especilizado en información local de Yecla.
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