Un símbolo de los años de la bonanza del ladrillo, cuando el dinero corría por las calles, puede terner los días contados. Aena mantiene abierto el procedimiento para sacar del aeropuerto de Valencia el antiguo Jumbo de Pronair, la aerolinea creada por el empresario yeclano Isidoro Romero y que permanece estacionado allí desde 2008. Fuentes oficiales de Aena consultadas por elperiodicodeyecla.com confirman que el aparato continúa en Manises y que siguen los trámites para subastarlo. El proceso pretende resolver una historia que une aviación, crisis económica y a un conocido empresario de Yecla.
La aeronave es un Boeing 747 245F de carga, con matrícula actual EC KRP y número de serie 20826. El BOE volvió a identificarla oficialmente en 2024 dentro de un procedimiento de presunción legal de abandono.
Aena ha precisado a este medio que la subasta todavía forma parte de un procedimiento administrativo en marcha. No se trata, por tanto, de una venta ya convocada con fecha, precio de salida y pliego cerrado. Aún hay que esperar para eso.
Aena mueve el expediente
La sociedad gestora de los aeropuertos en España explica a este periódico que, ante una aeronave abandonada, primero intenta localizar al propietario para exigir su retirada. Si esas gestiones fracasan, comienza el procedimiento previsto por la Ley de Navegación Aérea. Hay excepciones cuando existe un embargo, un concurso de acreedores o un proceso judicial relacionado con la aeronave.
En el caso del Jumbo, el BOE publicó tres anuncios oficiales durante 2024. El primero apareció el 23 de septiembre, el segundo el 23 de octubre y el tercero el 23 de noviembre. Los anuncios advertían de que, pasado un año sin reclamación, se presumiría legalmente el abandono del avión. Esa situación permite avanzar hacia su venta mediante subasta pública, con las condiciones que se determinen en el correspondiente pliego.
Fuentes de Aena consultadas por elperiodicodeyecla.com señalan ahora que el aeropuerto sigue adelante con esos trámites. Aena también explica que la normativa contempla una posibilidad previa en determinados casos. Si el avión no puede conservarse, el material puede ofrecerse a entidades educativas, culturales o sin ánimo de lucro. Deben acreditar una vinculación con el ámbito aeronáutico y contar con un informe previo de Aviación Civil.
Estas entidades dispondrían de veinte días para solicitar la adjudicación del material. Si nadie muestra interés, la aeronave o sus restos pueden terminar en subasta. La Dirección General de Aviación Civil pertenece al Ministerio de Transportes y ejerce funciones regulatorias en el sector.
Un proceso con antecedentes
No es la primera vez que Aena intenta resolver la presencia de este avión en Manises. En 2019, el Jumbo ya apareció en otro procedimiento junto a otras aeronaves abandonadas del aeropuerto valenciano. Aquella operación no acabó con su salida de un avión de grandes dimensiones que ya es parte de la «decoración» exterior del aeropuerto valenciano.
En 2021 apareció un reclamante particular y el Jumbo quedó fuera de la subasta de otras 23 aeronaves. Ese episodio volvió a retrasar una solución que ya llevaba muchos años pendiente.
Elperiodicodeyecla.com abordó entonces la historia de Pronair y de Isidoro Romero. La compañía había sido impulsada por el empresario yeclano Isidoro Romero durante los años de expansión económica anteriores a la crisis financiera y raíz de la venta de la constructora que puso en marcha Romero por millones de euros. Una operación privada que nunca tuvo una cifra oficial, pero lo suficiente para poner en marcha una aerolínea y otros negocios que no funcionaron al empresario yeclano.
El avión fue incorporado por Pronair a comienzos de 2008. Los registros aeronáuticos consultados sitúan su primera matrícula española con la empresa como EC KMR. En junio de aquel año pasó a utilizar la matrícula EC KRP, que conserva en los anuncios oficiales.
El aparato había volado durante décadas antes de llegar a Pronair. Fue construido en 1974 y pasó por distintas compañías internacionales antes de incorporarse al proyecto español. Se trataba de un carguero con capacidad aproximada para 105 toneladas de mercancía.
Pronair pretendía utilizarlo para operaciones internacionales de mercancías. En marzo de 2008 se anunciaron vuelos de carga con conexiones hacia China y escalas europeas. La aventura empresarial tuvo, sin embargo, una vida muy corta.
Según una respuesta oficial del Gobierno difundida en 2020, el avión no realizaba una operación desde el 3 de diciembre de 2008. Desde entonces, su enorme silueta se convirtió en una imagen habitual del aeropuerto de Valencia.
El precio sigue siendo incierto
Determinar cuánto pagó Pronair por el Jumbo resulta más difícil. Este periódico no ha localizado una fuente documental pública que permita fijar con seguridad el precio de compra de 2008. Dar una cifra concreta sin contrato, factura o documentación mercantil sería especulativo.
Por tanto, no sería correcto utilizar el precio que tenía un Boeing 747 nuevo como referencia. Pronair adquirió una aeronave fabricada en 1974, que ya acumulaba más de tres décadas de servicio.
Sí existe una referencia posterior que ayuda a comprender su depreciación. En 2013, varias publicaciones recogieron una venta judicial del avión por 2,1 millones de euros. Ese importe no demuestra cuánto pagó Pronair cinco años antes y tampoco permite conocer su valor actual, después de años degradándose en las pistas del aeródromo valenciano. Puede que solo valga como chatarra.
El mercado de los grandes cargueros usados depende de factores muy específicos. Importan el estado de los motores, las revisiones, la corrosión, los historiales técnicos y la documentación completa de mantenimiento. También pesan la disponibilidad de repuestos y el coste de devolver una aeronave a condiciones de vuelo.
En este caso existe un factor decisivo. El Jumbo lleva casi dieciocho años sin operar y tiene más de medio siglo desde su fabricación. Por eso, su valor no puede compararse directamente con el de un Boeing 747 operativo y certificado.
Tampoco puede asegurarse que su destino sea volver a volar. El eventual comprador podría interesarse por piezas, motores, componentes, uso formativo, exposición o aprovechamiento del material. Todo dependerá del estado técnico que conste en los informes y del contenido final del pliego.
La cifra de 2,1 millones de 2013 sirve únicamente como antecedente. Después han pasado otros trece años de inmovilización, exposición ambiental y envejecimiento general de la aeronave.
De sueño aéreo a símbolo
La historia del Jumbo resume el auge y la caída de Pronair. El proyecto nació en una etapa de fuerte expansión empresarial y buscó crecer rápidamente en pasajeros y mercancías. El Boeing 747 representaba la parte más ambiciosa de ese salto. Era todo un símbolo.
La crisis financiera, los costes del combustible y las dificultades del negocio aéreo golpearon el proyecto. Pronair terminó desapareciendo y el avión quedó inmovilizado en Valencia. Desde entonces, cada intento de resolver su situación ha necesitado años de trámites.
El gigante que llegó para abrir rutas internacionales de mercancías terminó convertido en un símbolo visible desde Manises. Su historia empresarial quedó también estrechamente ligada a Yecla por la figura de Isidoro Romero.
El Jumbo sigue hoy en Manises, donde lleva casi dieciocho años detenido. Su próximo movimiento ya no dependerá de una tripulación, sino de un expediente administrativo que Aena pretende culminar.
















