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🌼 domingo 21 abril 2024
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La música en la primera infancia

No hay duda de que la música va intrínseca en el ser humano. Cuando un adulto se comunica con un niño, de manera natural modifica el tono de su voz. Canturrea y modula la voz continuamente con el propósito de expresar cercanía, confianza y amor.

También se observa cómo, al escuchar el llanto de un bebé, el adulto suele reaccionar meciéndolo de manera acompasada o para proveer su descanso, a menudo canta bajito coordinando el tempo de la melodía con la del movimiento. Los efectos en el niño son un auténtico calmante, devolviéndolo a un estado de paz y sosiego, que le permite conciliar el sueño o continuar con la actividad que realizaba antes de su rabieta.

musicoterapiaDe esta manera, la música nos muestra dos cosas. Por un lado, su capacidad de transformar la emoción, equilibrar el estado de bienestar y gestionar los sentimientos. Y por otro, y no menos importante, la capacidad innata del hombre de ritmar, cantar y danzar sin que sea necesario instruir al adulto previamente en una educación musical.

Ante tan exitosa respuesta a un impulso natural, cabría preguntarse qué pasaría si se incluye la música en el crecimiento de un niño de manera consciente en manos de un músico especializado o musicoterapeuta y qué otros beneficios podrían apreciarse si se ajusta un plan de acción musical que acompañe al bebé en sus primeros años de vida, formando así parte de su desarrollo.

 

Beneficios de la música en la primera infancia

La música es una herramienta muy poderosa en estas edades porque el cerebro del niño es capaz de realizar hasta un millón de conexiones neuronales por segundo. Los elementos que la conforman (ritmo, armonía, melodía y timbre) ponen en marcha toda la maquinaria cerebral propiciando una sinapsis óptima; es decir, estimulando la comunicación neuronal y favoreciendo su desarrollo.

musicoterapiaNumerosos estudios avalados científicamente afirman que no hay un lugar en el cerebro que no esté implicado o no participe de la actividad musical, máxime cuando esta actividad se realiza de manera grupal. Cuando un niño escucha música (desarrollo del oído y atención) o canta (área del lenguaje) lo suele coordinar de manera inconsciente con el movimiento corporal (motricidad gruesa). Si toca un instrumento (motricidad fina, coordinación) a menudo, experiencias positivas como estas las repite en el tiempo (estimulación de la memoria) te mira (comunicación) la comparte con el grupo (desarrollo de habilidades sociales) y lo pasa muy bien (la música genera dopamina).

Tras una actividad musical compartida la música activa una de sus mayores cualidades, su capacidad socializadora. El niño se siente más feliz (la música genera endorfinas) confía más en los demás y crea un mundo emocional sano (aumenta su autoestima) desarrollando su empatía y la capacidad de sentir cómo se siente el otro; también desarrolla su capacidad de expresar sus emociones (inteligencia emocional) algo que podría ayudar a sustituir el llanto.

Las experiencias musicales son sin duda espacios óptimos que permitirán al niño conocer mejor a los demás y a sí mismo y prepararán su cerebro para futuros aprendizajes, ya sean cognitivos, emocionales o sociales. Para ello es responsabilidad del experto conocer las distintas etapas del desarrollo, con el fin de dirigir y/o planificar las propuestas musicales de cada período de crecimiento, garantizando así el éxito de dichos aprendizajes. Si hablamos de los primeros años de vida, estas experiencias se realizan a través de talleres musicales en familia, escuelas de música, escuelas infantiles o centros educativos de educación primaria.

Estimulación musical temprana

Si hay una condición para trabajar la música en la primera infancia que cada vez compartimos más especialistas es, sin duda, que esta debe estar al servicio del niño y no al contrario. Es decir, deben ser tenidas en cuenta sus necesidades; cómo se encuentra, a qué responde, qué sonidos le gustan y qué sonidos no, validar todas sus emociones ya sean a nuestros ojos positivas o negativas, escuchar las propuestas que el niño crea y estimular desde ahí un plan de desarrollo y acción, de manera que no queden mermadas las alas de la improvisación, la espontaneidad, la imaginación o la creatividad.

musicoterapia

Por otro lado, cuántas veces hemos oído expresiones como “¡es que no para!” o a un niño decir “¿y ahora a qué jugamos?”. En estos primeros años de vida, es muy importante que la música sea no sólo entendida, sino disfrutada. Para ello debemos enseñarla partiendo desde lo que son, movimiento en estado puro con el que descubrir y experimentar, siempre de manera lúdica y a través del juego; dos conceptos, juego y movimiento, que definen en un alto porcentaje qué es un niño. De esta manera, el bebé crecerá artísticamente de la mano de una herramienta que se adapta como un guante a su piel, a su ser, a su mundo imaginario y a su realidad. ¿Se lo van a perder?

 

María José Soler Herández


maría josé solerMaria José Soler Hernández es profesora superior de piano y música de cámara. Además, es profesora en el Conservatorio Profesional de Música «Guitarrista José Tomás» de Alicante
Tutora de Prácticas Externas de la Universidad de Unir.
Tiene cualificación en Musicoterapeuta y lleva a cabo trabajos de musicoterapia en la clínica de Hidroterapia y Desarrollo infantil «Entre Burbujas Baby Spa».

María José Soler
María José Soler
Maria José Soler Hernández es profesora superior de piano y música de cámara. Además, es profesora en el Conservatorio Profesional de Música «Guitarrista José Tomás» de Alicante. Tutora de Prácticas Externas de la Universidad de Unir. Tiene Máster en Educación y Máster en Musicoterapia, llevando a cabo trabajos como Musicoterapeuta clínica en la clínica de Hidroterapia y Desarrollo infantil «Entre Burbujas Baby Spa" donde también realiza talleres lúdicos de Música y desarrollo de 0 a 3 años.

No hay duda de que la música va intrínseca en el ser humano. Cuando un adulto se comunica con un niño, de manera natural modifica el tono de su voz. Canturrea y modula la voz continuamente con el propósito de expresar cercanía, confianza y amor.

También se observa cómo, al escuchar el llanto de un bebé, el adulto suele reaccionar meciéndolo de manera acompasada o para proveer su descanso, a menudo canta bajito coordinando el tempo de la melodía con la del movimiento. Los efectos en el niño son un auténtico calmante, devolviéndolo a un estado de paz y sosiego, que le permite conciliar el sueño o continuar con la actividad que realizaba antes de su rabieta.

musicoterapiaDe esta manera, la música nos muestra dos cosas. Por un lado, su capacidad de transformar la emoción, equilibrar el estado de bienestar y gestionar los sentimientos. Y por otro, y no menos importante, la capacidad innata del hombre de ritmar, cantar y danzar sin que sea necesario instruir al adulto previamente en una educación musical.

Ante tan exitosa respuesta a un impulso natural, cabría preguntarse qué pasaría si se incluye la música en el crecimiento de un niño de manera consciente en manos de un músico especializado o musicoterapeuta y qué otros beneficios podrían apreciarse si se ajusta un plan de acción musical que acompañe al bebé en sus primeros años de vida, formando así parte de su desarrollo.

 

Beneficios de la música en la primera infancia

La música es una herramienta muy poderosa en estas edades porque el cerebro del niño es capaz de realizar hasta un millón de conexiones neuronales por segundo. Los elementos que la conforman (ritmo, armonía, melodía y timbre) ponen en marcha toda la maquinaria cerebral propiciando una sinapsis óptima; es decir, estimulando la comunicación neuronal y favoreciendo su desarrollo.

musicoterapiaNumerosos estudios avalados científicamente afirman que no hay un lugar en el cerebro que no esté implicado o no participe de la actividad musical, máxime cuando esta actividad se realiza de manera grupal. Cuando un niño escucha música (desarrollo del oído y atención) o canta (área del lenguaje) lo suele coordinar de manera inconsciente con el movimiento corporal (motricidad gruesa). Si toca un instrumento (motricidad fina, coordinación) a menudo, experiencias positivas como estas las repite en el tiempo (estimulación de la memoria) te mira (comunicación) la comparte con el grupo (desarrollo de habilidades sociales) y lo pasa muy bien (la música genera dopamina).

Tras una actividad musical compartida la música activa una de sus mayores cualidades, su capacidad socializadora. El niño se siente más feliz (la música genera endorfinas) confía más en los demás y crea un mundo emocional sano (aumenta su autoestima) desarrollando su empatía y la capacidad de sentir cómo se siente el otro; también desarrolla su capacidad de expresar sus emociones (inteligencia emocional) algo que podría ayudar a sustituir el llanto.

Las experiencias musicales son sin duda espacios óptimos que permitirán al niño conocer mejor a los demás y a sí mismo y prepararán su cerebro para futuros aprendizajes, ya sean cognitivos, emocionales o sociales. Para ello es responsabilidad del experto conocer las distintas etapas del desarrollo, con el fin de dirigir y/o planificar las propuestas musicales de cada período de crecimiento, garantizando así el éxito de dichos aprendizajes. Si hablamos de los primeros años de vida, estas experiencias se realizan a través de talleres musicales en familia, escuelas de música, escuelas infantiles o centros educativos de educación primaria.

Estimulación musical temprana

Si hay una condición para trabajar la música en la primera infancia que cada vez compartimos más especialistas es, sin duda, que esta debe estar al servicio del niño y no al contrario. Es decir, deben ser tenidas en cuenta sus necesidades; cómo se encuentra, a qué responde, qué sonidos le gustan y qué sonidos no, validar todas sus emociones ya sean a nuestros ojos positivas o negativas, escuchar las propuestas que el niño crea y estimular desde ahí un plan de desarrollo y acción, de manera que no queden mermadas las alas de la improvisación, la espontaneidad, la imaginación o la creatividad.

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Por otro lado, cuántas veces hemos oído expresiones como “¡es que no para!” o a un niño decir “¿y ahora a qué jugamos?”. En estos primeros años de vida, es muy importante que la música sea no sólo entendida, sino disfrutada. Para ello debemos enseñarla partiendo desde lo que son, movimiento en estado puro con el que descubrir y experimentar, siempre de manera lúdica y a través del juego; dos conceptos, juego y movimiento, que definen en un alto porcentaje qué es un niño. De esta manera, el bebé crecerá artísticamente de la mano de una herramienta que se adapta como un guante a su piel, a su ser, a su mundo imaginario y a su realidad. ¿Se lo van a perder?

 

María José Soler Herández


maría josé solerMaria José Soler Hernández es profesora superior de piano y música de cámara. Además, es profesora en el Conservatorio Profesional de Música «Guitarrista José Tomás» de Alicante
Tutora de Prácticas Externas de la Universidad de Unir.
Tiene cualificación en Musicoterapeuta y lleva a cabo trabajos de musicoterapia en la clínica de Hidroterapia y Desarrollo infantil «Entre Burbujas Baby Spa».

María José Soler
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Maria José Soler Hernández es profesora superior de piano y música de cámara. Además, es profesora en el Conservatorio Profesional de Música «Guitarrista José Tomás» de Alicante. Tutora de Prácticas Externas de la Universidad de Unir. Tiene Máster en Educación y Máster en Musicoterapia, llevando a cabo trabajos como Musicoterapeuta clínica en la clínica de Hidroterapia y Desarrollo infantil «Entre Burbujas Baby Spa" donde también realiza talleres lúdicos de Música y desarrollo de 0 a 3 años.
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Maria José Soler Hernández es profesora superior de piano y música de cámara. Además, es profesora en el Conservatorio Profesional de Música «Guitarrista José Tomás» de Alicante. Tutora de Prácticas Externas de la Universidad de Unir. Tiene Máster en Educación y Máster en Musicoterapia, llevando a cabo trabajos como Musicoterapeuta clínica en la clínica de Hidroterapia y Desarrollo infantil «Entre Burbujas Baby Spa" donde también realiza talleres lúdicos de Música y desarrollo de 0 a 3 años.
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