El deportista yeclano, de 61 años, culmina su aventura sudamericana con una exigente travesía por el desierto chileno. Dos días y una noche, 8.000 metros de desnivel positivo y temperaturas extremas, sin ayuda externa.
De las cumbres de los Andes peruanos a la inmensidad del desierto de Atacama. El yeclano Manuel Ruiz Quílez ha puesto el broche final a su gran aventura sudamericana con un nuevo desafío de ultradistancia que le ha llevado a recorrer 170 kilómetros en solitario por uno de los territorios más inhóspitos del planeta.
A sus 61 años, Ruiz continúa demostrando que la edad no es un impedimento para afrontar retos de enorme exigencia física y mental. Esta vez ha elegido el norte de Chile y, concretamente, el entorno de San Pedro de Atacama, un pequeño oasis situado en pleno desierto no polar más árido del mundo.
Allí ha completado una travesía de 170 kilómetros, con unos 8.000 metros de desnivel positivo, según los datos facilitados por el propio deportista. Todo ello en apenas dos días y una noche, sin compañía y en régimen de autosuficiencia, soportando temperaturas que han oscilado entre más de 30 grados durante el día y valores inferiores a cinco grados bajo cero durante la noche.

Tres grandes zonas del desierto en un mismo desafío
El objetivo de Manuel Ruiz era conectar diferentes sectores del entorno de Atacama mediante un recorrido de ultratrail diseñado para atravesar algunos de sus paisajes más espectaculares.
La primera parte de la aventura le llevó hasta el Valle de Marte, también conocido como Valle de la Muerte, y la Garganta del Diablo, un impresionante cañón de paredes rocosas y estrechos pasos naturales.
Desde allí, el deportista continuó hacia el norte, aproximándose a la cordillera de los Andes y a las tierras altas cercanas a la frontera con Bolivia, hasta alcanzar zonas situadas por encima de los 3.500 metros de altitud.
En este sector atravesó el Valle de los Cactus, uno de los espacios que más le han impresionado. Allí pudo contemplar enormes ejemplares de cactus, algunos de entre tres y cuatro metros de altura, que sobreviven en medio de un territorio dominado por la roca y la aridez.
Otro de los puntos destacados de la travesía fue la Cascada Escondida, situada en el entorno del cañón del río Vilama. Un lugar donde el agua y la vegetación rompen inesperadamente con el paisaje desértico que domina buena parte de la región.
La última parte del recorrido le condujo hacia el sur de San Pedro de Atacama y el conocido Valle de la Luna, un paisaje de formaciones rocosas, dunas y extensiones salinas cuya apariencia recuerda a la superficie lunar.
El contraste entre estos escenarios ha sido una de las grandes particularidades de la aventura. Desde senderos técnicos sobre terrenos volcánicos hasta extensiones áridas y zonas de alta montaña, el yeclano ha tenido que enfrentarse a dificultades muy diferentes a lo largo de sus 170 kilómetros.

El punto final a una aventura que comenzó en Perú
Este nuevo desafío supone también el cierre de una expedición que Manuel Ruiz comenzó semanas atrás en Perú y de la que hemos ido dando cuenta en este periódico.
Su aventura arrancó con los recorridos de Salkantay, de 86 kilómetros, y Ausangate, de 82 kilómetros, dos exigentes rutas por los Andes peruanos en las que tuvo que superar pasos de alta montaña y enfrentarse a los efectos de la altitud.
Posteriormente, el yeclano se desplazó hasta la Cordillera Blanca, donde afrontó nuevos desafíos en el entorno de Santa Cruz y del nevado Huascarán, llegando a completar una travesía de 125 kilómetros en autosuficiencia.
Su último gran reto en territorio peruano fue la vuelta al Cañón del Colca, uno de los más profundos del mundo. Allí recorrió cerca de 100 kilómetros en dos jornadas, atravesando barrancos y paisajes volcánicos.
Ahora, con los 170 kilómetros completados en Atacama, Ruiz da por concluida esta etapa de su particular vuelta al mundo a través de algunos de los territorios más exigentes y espectaculares de Sudamérica.

Diez años de ultradistancia y otros diez por delante
Manuel Ruiz lleva aproximadamente una década especializado en desafíos de ultratrail y resistencia. Durante estos años ha convertido las grandes travesías de montaña en una forma de conocer el mundo, buscando recorridos que combinan enormes distancias, desniveles acumulados y condiciones naturales especialmente duras.
Su filosofía continúa siendo la misma: afrontar los desafíos en solitario y en autosuficiencia, sin depender de equipos de apoyo durante las travesías. Una modalidad que exige preparación física, planificación, capacidad de orientación y una importante fortaleza mental.
Y aunque ahora haya puesto punto final a su aventura por Perú y Chile, parece que todavía queda mucho camino por delante.
A sus 61 años, el deportista yeclano asegura que, después de diez años dedicado a la ultradistancia, todavía le quedan otros diez para seguir recorriendo el mundo.
Viendo hasta dónde ha llegado esta vez, cuesta imaginar cuál será su próximo destino.

















