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miércoles, octubre 7, 2026 🍇 🍷
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Montecarlo: cómo un casino pagó los impuestos de todo un principado

Mónaco suprimió los impuestos directos en 1869 y hoy sigue sin cobrar impuesto sobre la renta a quienes residen allí. Esa excepción se apoyó históricamente en los ingresos de un casino al que los propios monegascos no pueden acceder como jugadores. ¿Cómo se llegó ahí y qué queda hoy de aquel modelo?

Un principado sin tierras y un casino sin clientes

Más del 80 % del territorio monegasco estaba en Menton y Roquebrune, que se declararon libres en 1848. El tratado firmado con Francia el 2 de febrero de 1861 cerró la pérdida: Mónaco las cedió a cambio de 4 millones de francos y se quedó sin sus principales recursos agrícolas. Su artículo 5 dejó abierta otra salida: el príncipe se comprometía a permitir que el ferrocarril previsto entre Niza y Génova cruzara el principado. La vía aún no existía, pero ya tenía permiso para pasar por Mónaco.

Lo que debía sustituir aquellas tierras era un casino abierto el 14 de diciembre de 1856 en la Villa Bellevue, pero sus primeros gestores fracasaron uno tras otro. François Blanc venía de hacer rentable el casino alemán de Homburg con una ruleta de un solo cero en lugar de dos, lo que reducía la ventaja de la casa. En abril de 1863 obtuvo el monopolio del juego durante 50 años, a través de la Société des Bains de Mer (SBM), a cambio de 1,7 millones de francos y el 10 % de los beneficios netos. Blanc tenía el negocio. Faltaba que los clientes pudieran llegar.

El tren, un nombre nuevo y un Estado sin impuestos

El 1 de junio de 1866, el barrio de Les Spélugues pasó a llamarse Monte-Carlo en honor de Carlos III. Dos años después, en 1868, llegó el ferrocarril desde Niza, con estación en Mónaco. Con el tren llegaron más visitantes, y los ingresos del juego permitieron al príncipe firmar la ordenanza del 8 de febrero de 1869, que suprimió los impuestos directos. Los visitantes pagaban ahora lo que antes pagaban los vecinos.

Un casino que sus ciudadanos no pueden pisar

La prohibición de jugar a los monegascos viene del reinado de Carlos III. Montecarlo se concibió como un casino con dinero real en el que solo apostaban los de fuera, y el semanario Monaco Hebdo recuerda que, entre otras razones, se quería evitar que una población empobrecida perdiera allí lo poco que tenía. La ley n.º 1.103, de 1987, mantiene la vieja regla: su artículo 11 prohíbe a los monegascos jugar en las salas y excluye también, entre otros, a funcionarios y menores.

Lo que pesa hoy el juego en Montecarlo

Más de siglo y medio después, en el ejercicio 2025/2026, el grupo SBM ingresó 861,6 millones de euros: 443,1 del sector hotelero, 259,6 del juego y 156,5 del alquiler. El juego aporta menos de un tercio, y el ejercicio anterior dejó una proporción parecida: 215,5 de 768 millones. Es una sociedad anónima que cotiza en bolsa y el primer empleador privado del principado, pero desde finales de los años sesenta el Estado es su accionista mayoritario: hoy posee el 59,47 %.

El casino ya no sostiene las cuentas del principado como en 1869: los 259,6 millones que facturó el juego son poca cosa al lado de una economía cuyo PIB superó por primera vez los 10.000 millones de euros en 2024. La empresa que nació para explotarlo vive hoy sobre todo de hoteles y restaurantes, que tienen clientes porque antes el casino los atrajo. Hoy, el grupo vinculado al casino obtiene una parte mayor de sus ingresos de la actividad hotelera y de alquiler.

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Redactores de elperiodicodeyecla.com escriben con este nombre de autor para otra serie de artículos.

Mónaco suprimió los impuestos directos en 1869 y hoy sigue sin cobrar impuesto sobre la renta a quienes residen allí. Esa excepción se apoyó históricamente en los ingresos de un casino al que los propios monegascos no pueden acceder como jugadores. ¿Cómo se llegó ahí y qué queda hoy de aquel modelo?

Un principado sin tierras y un casino sin clientes

Más del 80 % del territorio monegasco estaba en Menton y Roquebrune, que se declararon libres en 1848. El tratado firmado con Francia el 2 de febrero de 1861 cerró la pérdida: Mónaco las cedió a cambio de 4 millones de francos y se quedó sin sus principales recursos agrícolas. Su artículo 5 dejó abierta otra salida: el príncipe se comprometía a permitir que el ferrocarril previsto entre Niza y Génova cruzara el principado. La vía aún no existía, pero ya tenía permiso para pasar por Mónaco.

Lo que debía sustituir aquellas tierras era un casino abierto el 14 de diciembre de 1856 en la Villa Bellevue, pero sus primeros gestores fracasaron uno tras otro. François Blanc venía de hacer rentable el casino alemán de Homburg con una ruleta de un solo cero en lugar de dos, lo que reducía la ventaja de la casa. En abril de 1863 obtuvo el monopolio del juego durante 50 años, a través de la Société des Bains de Mer (SBM), a cambio de 1,7 millones de francos y el 10 % de los beneficios netos. Blanc tenía el negocio. Faltaba que los clientes pudieran llegar.

El tren, un nombre nuevo y un Estado sin impuestos

El 1 de junio de 1866, el barrio de Les Spélugues pasó a llamarse Monte-Carlo en honor de Carlos III. Dos años después, en 1868, llegó el ferrocarril desde Niza, con estación en Mónaco. Con el tren llegaron más visitantes, y los ingresos del juego permitieron al príncipe firmar la ordenanza del 8 de febrero de 1869, que suprimió los impuestos directos. Los visitantes pagaban ahora lo que antes pagaban los vecinos.

Un casino que sus ciudadanos no pueden pisar

La prohibición de jugar a los monegascos viene del reinado de Carlos III. Montecarlo se concibió como un casino con dinero real en el que solo apostaban los de fuera, y el semanario Monaco Hebdo recuerda que, entre otras razones, se quería evitar que una población empobrecida perdiera allí lo poco que tenía. La ley n.º 1.103, de 1987, mantiene la vieja regla: su artículo 11 prohíbe a los monegascos jugar en las salas y excluye también, entre otros, a funcionarios y menores.

Lo que pesa hoy el juego en Montecarlo

Más de siglo y medio después, en el ejercicio 2025/2026, el grupo SBM ingresó 861,6 millones de euros: 443,1 del sector hotelero, 259,6 del juego y 156,5 del alquiler. El juego aporta menos de un tercio, y el ejercicio anterior dejó una proporción parecida: 215,5 de 768 millones. Es una sociedad anónima que cotiza en bolsa y el primer empleador privado del principado, pero desde finales de los años sesenta el Estado es su accionista mayoritario: hoy posee el 59,47 %.

El casino ya no sostiene las cuentas del principado como en 1869: los 259,6 millones que facturó el juego son poca cosa al lado de una economía cuyo PIB superó por primera vez los 10.000 millones de euros en 2024. La empresa que nació para explotarlo vive hoy sobre todo de hoteles y restaurantes, que tienen clientes porque antes el casino los atrajo. Hoy, el grupo vinculado al casino obtiene una parte mayor de sus ingresos de la actividad hotelera y de alquiler.

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