Nietzsche aseguraba que Dios había muerto y entre todos lo habían asesinado. ¿Con qué llenaremos ese espacio? Se preguntaba el filósofo. Ahora lo sabemos y nos lamentamos porque ese espacio nos lo llenaron con otras religiones donde sustituyeron a los dioses por ideólogos, lideres endiosados y sátrapas del negocio virtual.
Nos lo han llenado de memeces y de miedos.
Opinaba John Berger, que las pantallas sustituyeron a los crucifijos.
Los nuevos sacerdotes desde Silicon Valley nos sirven dioses y creencias con mensajes subliminales a través de las pantallas que llevamos en el bolsillo y a las que recurrimos ante cualquier duda.
Google ha sustituido a los confesionarios.
¿El Dios misericordiosos y omnipotente que nos prometían, lo mataron o murió de soledad?
¿Necesitamos los seres humanos dioses para soportar la realidad?
¿Ha llegado el momento de alejarse de las pantallas, de los sermones y de los discursos para buscar nuestros propios dioses?
El arte como herramienta al servicio del conocimiento, ha sido sustituido por el arte para la decoración, el entretenimiento y el comercio.
Las revoluciones se pervirtieron y los revolucionarios se acaudillaron.
Nos queda la verdad inabarcable de las constelaciones y el arte que no necesita patrocinador ni atender a consignas impuestas.
Nos queda la pintura de las cavernas y la poesía mística.
















