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viernes, mayo 15, 2026 🌼
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Andrómeda IV, secuestrada

Desde SpaceX han informado a Trump de que Andrómeda IV ha sido secuestrada. El Pentágono ha señalado que España debería implicarse, y el Gobierno español en pleno ha dicho que ese no es su problema, que, si quieren ayuda, que la pidan. “Tenemos los mejores localizadores estelares del mundo”, ha dicho el presidente español.

La oposición ha montado una trifulca tremenda en el Congreso, advirtiendo de que el Estado debería socorrer a un ciudadano español en apuros, y los partidos nacionalistas vascos matizan que el comodoro es vasco y no español.

En la NASA aseguran que, desde un satélite Starlink, han visto movimientos extraños en el espacio y que la nave Andrómeda IV, con Iñaki a bordo, ha desaparecido más cerca de la Tierra de lo que pensaban. Creían que habían perdido la conexión porque lo situaban en otro lugar del espacio. Los radares interplanetarios se han quedado mudos; un silencio desolador invade la sala de control. Sospechan los técnicos en comunicaciones que la nave ha sido secuestrada por alguna de las potencias enemigas.

Iñaki no tiene ni idea de astronomía ni de física ni de nada que tenga que ver con el espacio, pero cree en Dios y eso parece ser que da una fuerza sobrenatural y potencia la autoconfianza. El comodoro vasco es intuitivo y, como había oído hablar de los agujeros negros, decidió tomar los mandos de su nave y dirigirla hacia un lugar donde solo existía oscuridad. Esta se aceleró de manera descontrolada y giraba sobre sí misma como una peonza loca; perdió la conciencia y, cuando se recuperó, veía borrosos los botones y las pantallas, y gritó: “¡Mayday, Mayday!”. Pero nadie respondía y volvió a gritar, pero esta vez en euskera: “¡Lagundu, sokorri!”. Tampoco respondía nadie y finalmente gritó en español: “¡Socorro, cabrones!”. El silencio era absoluto. Solo le quedaba encomendarse a Dios y parece que este le escuchó.

Notó que todo permanecía quieto, sintió sosiego, como cuando llegas a casa y te descalzas, y percibió el soplido de unos amortiguadores. ¡Acababa de posarse sobre algo sólido! Se deshizo de los auriculares, se frotó los ojos. ¡No es posible! Entraron dos paisanos con chapela y le hablaron en euskera, llamándolo por su nombre.

—¿He llegado al planeta donde habitan los vascos originales?

—Estás en la base espacial de una nacionalidad inexistente en la Tierra. Somos terrícolas, pero nadie sabe que organizamos excursiones interplanetarias. Para las superpotencias terrenales pertenecemos al tercer mundo, pero tripulamos naves invisibles para sus radares. Tenemos mensajes de tu amada Laura y, si quieres, en un rato puedes regresar con nosotros a la Tierra.

Percibió un ligero olor a chistorra frita y le pareció haber llegado a casa.

—Vamos a dejar caer la nave, después de desarmar todo lo que nos sirva y nos ofrezca información de los yanquis, y caerá en el desierto de Sonora —dijo uno de voz rotunda, ahora en español con acento murciano.

—¿Por qué ese desierto en vez de en el mar?

—Porque Sonora suena mejor que el océano Atlántico y porque, además, también se le conoce como el desierto de Gila, y nos parece oportuno como homenaje a vuestro cómico.

—¿Y cómo es que habláis mi idioma?

—Nosotros hablamos todos los idiomas de la Tierra y, como desde nuestra central nos han pasado unos mensajes de tu mujer y de tus preferencias, te hemos preparado un chuletón a la brasa y unas chistorricas con chacolí para que vayas adaptando tu cuerpo en el viaje de vuelta.

La trifulca entre las facciones del Gobierno y entre los distintos partidos de la oposición ha sido monumental; ha tenido que intervenir la Cruz Roja Internacional y hay varios diputados y dos ministros con lesiones graves. Nadie está de acuerdo con nadie y, mientras, Laura, secuestrada pero feliz, está en un paritorio atendida por un equipo médico estupendo. Leire está a punto de nacer.

Sobre el desierto de Gila acaba de caer un montón de chatarra incandescente; el trozo más grande es menor que el tamaño de una manzana y los mecánicos de la NASA andan revolviendo en la arena buscando piezas para poder averiguar la causa del accidente.

Vicente Chumilla
Vicente Chumilla
Pintor y grabador yeclano. Colaborador de elperiodicodeyecla.com con artículos sobre Yecla o temas relacionados con el arte y su localidad natal.

Desde SpaceX han informado a Trump de que Andrómeda IV ha sido secuestrada. El Pentágono ha señalado que España debería implicarse, y el Gobierno español en pleno ha dicho que ese no es su problema, que, si quieren ayuda, que la pidan. “Tenemos los mejores localizadores estelares del mundo”, ha dicho el presidente español.

La oposición ha montado una trifulca tremenda en el Congreso, advirtiendo de que el Estado debería socorrer a un ciudadano español en apuros, y los partidos nacionalistas vascos matizan que el comodoro es vasco y no español.

En la NASA aseguran que, desde un satélite Starlink, han visto movimientos extraños en el espacio y que la nave Andrómeda IV, con Iñaki a bordo, ha desaparecido más cerca de la Tierra de lo que pensaban. Creían que habían perdido la conexión porque lo situaban en otro lugar del espacio. Los radares interplanetarios se han quedado mudos; un silencio desolador invade la sala de control. Sospechan los técnicos en comunicaciones que la nave ha sido secuestrada por alguna de las potencias enemigas.

Iñaki no tiene ni idea de astronomía ni de física ni de nada que tenga que ver con el espacio, pero cree en Dios y eso parece ser que da una fuerza sobrenatural y potencia la autoconfianza. El comodoro vasco es intuitivo y, como había oído hablar de los agujeros negros, decidió tomar los mandos de su nave y dirigirla hacia un lugar donde solo existía oscuridad. Esta se aceleró de manera descontrolada y giraba sobre sí misma como una peonza loca; perdió la conciencia y, cuando se recuperó, veía borrosos los botones y las pantallas, y gritó: “¡Mayday, Mayday!”. Pero nadie respondía y volvió a gritar, pero esta vez en euskera: “¡Lagundu, sokorri!”. Tampoco respondía nadie y finalmente gritó en español: “¡Socorro, cabrones!”. El silencio era absoluto. Solo le quedaba encomendarse a Dios y parece que este le escuchó.

Notó que todo permanecía quieto, sintió sosiego, como cuando llegas a casa y te descalzas, y percibió el soplido de unos amortiguadores. ¡Acababa de posarse sobre algo sólido! Se deshizo de los auriculares, se frotó los ojos. ¡No es posible! Entraron dos paisanos con chapela y le hablaron en euskera, llamándolo por su nombre.

—¿He llegado al planeta donde habitan los vascos originales?

—Estás en la base espacial de una nacionalidad inexistente en la Tierra. Somos terrícolas, pero nadie sabe que organizamos excursiones interplanetarias. Para las superpotencias terrenales pertenecemos al tercer mundo, pero tripulamos naves invisibles para sus radares. Tenemos mensajes de tu amada Laura y, si quieres, en un rato puedes regresar con nosotros a la Tierra.

Percibió un ligero olor a chistorra frita y le pareció haber llegado a casa.

—Vamos a dejar caer la nave, después de desarmar todo lo que nos sirva y nos ofrezca información de los yanquis, y caerá en el desierto de Sonora —dijo uno de voz rotunda, ahora en español con acento murciano.

—¿Por qué ese desierto en vez de en el mar?

—Porque Sonora suena mejor que el océano Atlántico y porque, además, también se le conoce como el desierto de Gila, y nos parece oportuno como homenaje a vuestro cómico.

—¿Y cómo es que habláis mi idioma?

—Nosotros hablamos todos los idiomas de la Tierra y, como desde nuestra central nos han pasado unos mensajes de tu mujer y de tus preferencias, te hemos preparado un chuletón a la brasa y unas chistorricas con chacolí para que vayas adaptando tu cuerpo en el viaje de vuelta.

La trifulca entre las facciones del Gobierno y entre los distintos partidos de la oposición ha sido monumental; ha tenido que intervenir la Cruz Roja Internacional y hay varios diputados y dos ministros con lesiones graves. Nadie está de acuerdo con nadie y, mientras, Laura, secuestrada pero feliz, está en un paritorio atendida por un equipo médico estupendo. Leire está a punto de nacer.

Sobre el desierto de Gila acaba de caer un montón de chatarra incandescente; el trozo más grande es menor que el tamaño de una manzana y los mecánicos de la NASA andan revolviendo en la arena buscando piezas para poder averiguar la causa del accidente.

Vicente Chumilla
Vicente Chumilla
Pintor y grabador yeclano. Colaborador de elperiodicodeyecla.com con artículos sobre Yecla o temas relacionados con el arte y su localidad natal.
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Pintor y grabador yeclano. Colaborador de elperiodicodeyecla.com con artículos sobre Yecla o temas relacionados con el arte y su localidad natal.
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