Los abuelos, por José Antonio Ortega

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abuelos mayores
Foto: Christian Bowen, Unsplash

Quiero agradecer a nuestros mayores su labor, a la vez que me gustaría reconocer el importante trabajo realizado por los abuelos. Sobre todo las abuelas jóvenes que ejercen de madres cuidando los nietos, y son más permisivas que cuando lo fueron de forma biológica; ya que los hijos tienen que trabajar para pagar la hipoteca.

Nuestros mayores siempre han estado ahí cuando nos han hecho falta y gracias a su esfuerzo, hoy estamos aquí.

Los abuelos llevaban especialmente el aislamiento casero y necesitaban salir a la calle. Ahora pueden hacerlo, para airear ciertos achaques siguiendo el eficaz consejo médico para cualquier síntoma, caminar todos los días un rato.

Las personas muy mayores guardan en su currículum la veteranía de la vida, y haber sufrido mucho, vivencias acumuladas. Muchas viven solas, lo han hecho desde siempre o porque arrastran la viudedad y echan en falta su compañía.

En esta vida con evolución permanente, muchos abuelos provienen y recuerdan el rango del trato familiar hacia sus padres hablándoles de “usted”, donde había un maridaje entre el respeto, la autoridad y el miedo, debido a la cultura de otros tiempos, lo cual no impedía la segura convivencia del cariño.

Afortunadamente, todavía quedan testigos del dolor y los estragos de la guerra y quienes padecieron las estrecheces y los rescoldos de la misma. La mayoría ahora está haciendo cuentas y tienen la preocupación creciente del último ciclo de la vida y de haber llegado a viejos, sabiendo que lo malo habría sido no haberlo hecho. Como tantos que se han quedado en el camino sin una triste despedida.

Los abuelos sufren por sus hijos; padres que a su vez sufren por los suyos, en definitiva ellos están muy preocupados por el futuro de sus nietos e incluso biznietos.

Inmersos en este complejo escenario de presente incierto e inmediato todos tenemos el panorama de una cuestión con mucha miga, cuya fórmula para resolver es una enorme incógnita.

Los abuelos nos dan un ánimo que seguramente no tienen, por la experiencia de la vida y probablemente la maduración del hambre. Lo cual demuestra su fuerza ahora que albergamos tantas dudas.

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