«Adiós, Lula». Por José Antonio Ortega con motivo de San Antón

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lula josé antonio ortega

Llevabas varios años acumulando enfermedades, con multitud de visitas a distintas clínicas veterinarias tanto de aquí como de Valencia y una gran cantidad de tratamientos. El martes hubo que soplarle a tu vela para apagarla, la recuperación era imposible y no debías sufrir más.

Te voy a echar de menos Lula, ya no tendré oportunidad de sacarte de paseo cuando alguna vez te quedabas en casa, y salíamos con el Lápiz. Eras una perra muy cariñosa que llamaba sobre todo la atención de los niños, pero últimamente habías perdido visión y en gran parte te movías por medio del olfato.

La última vez que salimos caminabas muy cansada, te paraste porque no podías, no porque fueras perezosa, como aquél que se encuentra agotado después de subir una colina; te sentaste un rato al sol, luego seguiste andando cuando te dije “venga vámonos”, seguramente buscando un cobijo cálido y agua, porque debido a la medicación bebías mucha.

Lula eras una perra especial, además de una raza bastante delicada, y que como todos los animales lleváis dentro un capital inmenso llamado cariño.

Te has marchado sabiendo de la sensibilidad por ti de parte de tu dueña, que ha hecho un esfuerzo enorme en todos los aspectos, porque eras un ser vivo, eras una parte de ella.
Bueno Lula, me voy despidiendo, parece que te estoy oyendo roncar como gozo tibio y bullicioso. Esta mañana echando mano al cajón de las bolsitas, he visto tu abrigo rosa y la correa, y he tenido una sensación extraña, al saber que tenías un corazón tan grande como tu hígado dañado.

Con un sabor amargo veo tu sombra, y tu caminar gracioso muy coqueta meneando el trasero; que estás moviendo la cabeza, y pierdes el equilibrio.

Me quedo con lo bueno y que he sido participe de disfrutar muchos momentos de tu compañía, y sobre todo de verte revolcarte sobre la tierra.

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