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lunes, marzo 23, 2026 🌿
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De la ruta del vino a la ruta de la sandía

En Yecla seguimos apostando por nuestras raíces. Por la vid y el vino, esta pareja indisoluble que nos trajo el gran crecimiento económico y social a finales del XIX y principios del XX. 

Indirectamente, la roturación masiva que produjo la ampliación del cultivo de la vid, provocó también que aparecieran los primeros atisbos de lo que terminó siendo la pujante industria del mueble unas décadas después. 

De todo esto tan solo queda el relato: el que aparece en los folletos turísticos, donde la ruta del vino luce impecable: viñas infinitas, copas brindando al atardecer y discursos sobre tradición, cultura y arraigo.

Pero en el campo, desde hace tiempo, la ruta que más crece es otra: la del regadío intensivo.

Mientras celebramos con alborozo, los datos objetivos cuentan otra historia. En apenas siete años, la superficie de cultivos hortícolas intensivos en el Altiplano ha pasado de 2.434 hectáreas en 2017 a 7.836 en 2024. Un crecimiento del 220%.  

En 2017 estos cultivos consumían unos 12 hectómetros cúbicos de agua. En 2024, ya van por 39 hectómetros cúbicos.  

Por comparar: el consumo humano de Yecla y Jumilla ronda los 5 hectómetros cúbicos al año.  Lee el infome aquí.


Es decir, los nuevos cultivos consumen casi ocho veces más agua que toda la población, y como todos sabemos, se extrae de acuíferos declarados sobreexplotados desde hace décadas.  

Mientras tanto, el viñedo —ese cultivo anticuado que sostenía economía, paisaje y población— va retrocediendo. Solo entre 2022 y 2023, la superficie de viña en Yecla pasó de 2.516 a 2.306 hectáreas.  

Y eso en una tierra donde históricamente llegó a superar ampliamente las 7.000 hectáreas.  

Pero claro, la vid tiene un problema: no entiende de prisas. Ni de beneficios rápidos. Ni de modelos que necesitan producir mucho. En cambio, la sandía sí.

Ahora proliferan las grandes explotaciones agrícolas, que compran o arriendan terrenos… y también los derechos de agua de agricultores que abandonan.  

Es decir, no solo cambia el cultivo: cambia quién controla el territorio y el agua

Pero tranquilos. Todo esto convive perfectamente con el discurso oficial.

Seguimos hablando de vino.

Seguimos promocionando la tradición.

Seguimos sin defender la identidad agrícola. Sí, tampoco la agrícola. 

Yecla corre el riesgo de quedar subordinada a intereses económicos ajenos al territorio. Y todo ello, además, con una respuesta política local demasiado débil.

 Pero no caigamos en el pesimismo. Según algunos, esto es progreso, un modelo económico basado en:

Esquilmar el agua, hasta la última gota, aunque sea escasa, muy escasa.

Reducir y/o eliminar la agricultura tradicional; la que ha fijado la población yeclana durante siglos. Los de las sandías se irán por dónde vinieron.

• Sustituir una economía que algo de renta distribuía en Yecla (aunque muy poca ya), por otra que concentra la renta en pocas y desconocidas manos. 

Todo perfectamente moderno.


De momento, en Yecla todo va bien. La ruta del vino sigue en los folletos. Y en el campo, la sandía crece.

Mientras haya agua.

Conrado Padilla Marco
Conrado Padilla Marco
“Mi Rincón de Pensar”. Donde con pasión y determinación, mente abierta y creatividad, abrazo las ideas de cambio que, humildemente, creo que pueden ayudar a trasformar mi pueblo, Yecla. Contacta conmigo en conrado.padillam@gmail.com

En Yecla seguimos apostando por nuestras raíces. Por la vid y el vino, esta pareja indisoluble que nos trajo el gran crecimiento económico y social a finales del XIX y principios del XX. 

Indirectamente, la roturación masiva que produjo la ampliación del cultivo de la vid, provocó también que aparecieran los primeros atisbos de lo que terminó siendo la pujante industria del mueble unas décadas después. 

De todo esto tan solo queda el relato: el que aparece en los folletos turísticos, donde la ruta del vino luce impecable: viñas infinitas, copas brindando al atardecer y discursos sobre tradición, cultura y arraigo.

Pero en el campo, desde hace tiempo, la ruta que más crece es otra: la del regadío intensivo.

Mientras celebramos con alborozo, los datos objetivos cuentan otra historia. En apenas siete años, la superficie de cultivos hortícolas intensivos en el Altiplano ha pasado de 2.434 hectáreas en 2017 a 7.836 en 2024. Un crecimiento del 220%.  

En 2017 estos cultivos consumían unos 12 hectómetros cúbicos de agua. En 2024, ya van por 39 hectómetros cúbicos.  

Por comparar: el consumo humano de Yecla y Jumilla ronda los 5 hectómetros cúbicos al año.  Lee el infome aquí.


Es decir, los nuevos cultivos consumen casi ocho veces más agua que toda la población, y como todos sabemos, se extrae de acuíferos declarados sobreexplotados desde hace décadas.  

Mientras tanto, el viñedo —ese cultivo anticuado que sostenía economía, paisaje y población— va retrocediendo. Solo entre 2022 y 2023, la superficie de viña en Yecla pasó de 2.516 a 2.306 hectáreas.  

Y eso en una tierra donde históricamente llegó a superar ampliamente las 7.000 hectáreas.  

Pero claro, la vid tiene un problema: no entiende de prisas. Ni de beneficios rápidos. Ni de modelos que necesitan producir mucho. En cambio, la sandía sí.

Ahora proliferan las grandes explotaciones agrícolas, que compran o arriendan terrenos… y también los derechos de agua de agricultores que abandonan.  

Es decir, no solo cambia el cultivo: cambia quién controla el territorio y el agua

Pero tranquilos. Todo esto convive perfectamente con el discurso oficial.

Seguimos hablando de vino.

Seguimos promocionando la tradición.

Seguimos sin defender la identidad agrícola. Sí, tampoco la agrícola. 

Yecla corre el riesgo de quedar subordinada a intereses económicos ajenos al territorio. Y todo ello, además, con una respuesta política local demasiado débil.

 Pero no caigamos en el pesimismo. Según algunos, esto es progreso, un modelo económico basado en:

Esquilmar el agua, hasta la última gota, aunque sea escasa, muy escasa.

Reducir y/o eliminar la agricultura tradicional; la que ha fijado la población yeclana durante siglos. Los de las sandías se irán por dónde vinieron.

• Sustituir una economía que algo de renta distribuía en Yecla (aunque muy poca ya), por otra que concentra la renta en pocas y desconocidas manos. 

Todo perfectamente moderno.


De momento, en Yecla todo va bien. La ruta del vino sigue en los folletos. Y en el campo, la sandía crece.

Mientras haya agua.

Conrado Padilla Marco
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