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🌼 martes 23 abril 2024
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El mítico Bar Tambores

En este cruce de caminos que es Yecla, nuestro pueblo siempre tuvo un mítico punto de encuentro entre personas: el Bar Tambores.

Situado en aquella carretera que atravesaba la ciudad, tramo que por aquel entonces llevaba el nombre de Martínez Acacio, hoy Camino Real. En aquella época se podía aparcar a ambos lados de la calzada y Tambores era un lugar donde paraban los coches de línea como antes las personas mayores llamaban a los autobuses de hoy en día.

el mítico bar tambores

Cada uno con sus viajeros entre los diferentes itinerarios, Hellín-Alicante o Valencia-Caravaca y sus respectivos horarios, recalaban allí como final del trayecto, inicio del mismo o parada para descansar unos minutos y tomar un rápido refrigerio. En aquel tiempo, los autobuses iban dotados de chofer y cobrador, los cuales contaban con el privilegio de ser invitados como solía ser habitual por el establecimiento acogedor.

el mítico bar tambores

Allí podían parar varios coches de línea al mismo tiempo, con lo cual de golpe había que servir muchos bocadillos a la vez. De la misma manera, eran muchos los camioneros y comerciales ambulantes que reponían fuerzas en este sitio de tránsito y referencia.

El Bar de los Tambores con sus tres puertas y dos o tres ventanales hacía además las veces de “mensajero”, puesto que se podía recoger o enviar pequeña paquetería. Entonces ni por asomo había el volumen postal y de reparto que existe en la actualidad.

el mítico bar tambores

Un trasiego de personas daba vida a este rincón de nuestra ciudad, situado en la parte de abajo del jardín a escasos metros del Palomar y al principio de la calle San Ramón.

Ángel Alonso, conocido como Angelito el de Tambores, que ahora habría cumplido cien años y no tenía un pelo de tonto, regentaba aquel negocio de restauración que emprendieron sus padres a principios de 1900, del cual se hizo cargo tiempo después siendo él muy joven.

el mítico bar tambores

Ángelito Alonso y su señora esposa Lola Gascón, como una segunda generación de su padre “el Moreno”, que también se llamaba Ángel Alonso, para dar continuidad al nombre y al apellido, regentaban un establecimiento cara al público que estaba abierto las 24 horas del día, punto por el que de alguna manera o en alguna ocasión pasaba todo el pueblo.

el mítico bar tambores
En el centro Ángel Alonso, ‘el Moreno’

Asimismo, «el Moreno», en la época de verano, regentaba el kiosko que estaba enfrente, donde elaboraban y servían sus propios helados, hasta su demolición. El que también tenía oficio de kioskero en temporada alta, se casó en segundas nupcias con Aurelia Cortés, una mujer relevante de la época de la cual se enamoró una vez viudo, cuya familia provenía de la familia del Circo Cortés con origen en la provincia de Castellón y que en aquellos días, casualidades de la vida, actuaba en Yecla.

el kiosco del Bar Tambores

Un ramillete de empleados entre camareros y cocineras dieron vida a ese bar, siendo para la mayoría de ellos una especie de “escuela de hostelería”, donde muchos aprendieron como si fueran becarios (pero con sueldo) lo cual en algunos casos después les sirvió para emprender sus propios negocios.

el mítico bar tambores

Mi amigo Ángel Alonso, hijo de Angelito el de Tambores y nieto del estelar Moreno, me ha facilitado una entrañable información y fotografías sustanciosas, aportando una retahíla de nombres como Antonio, el Gali, Tino, Horacio, Blas, Agustín, Pascual, Juan el Pistones, Cosme, Paquito, y así un largo etcétera de barman que trabajaron allí, a los cuales gustaba celebrar Santa Marta, su festividad. Paca, Belén, Angelita, Marina, y tal vez alguna más, también llevaron adelante sus tareas entre los fogones de la época.

En un mundo donde somos tan fascinantes como frágiles, el Bar de los Tambores refleja una estampa de una época pasada. Uno de esos lugares de leyenda, donde serían muchas las historias que escucharon sus paredes y que en el acontecer de estos días es un punto desaparecido y un solar ahora muerto.

el mítico bar tambores

Aquel panorama un servidor lo conoció durante un tiempo, sobre todo en los años de estudiante cuando pasaba por su puerta camino de la Escuela de Maestría, al igual que recuerdo que en el cruce de la carretera de Valencia había un guardia urbano, porque por aquel entonces todavía no habían llegado los semáforos a Yecla.

Aquellos barman de entonces, con comanda en mano para los diferentes platos, dejaron su impronta y su constancia ataviados con la indumentaria de rigor: pantalón negro, chaquetilla blanca, corbata o pajarita. Fueron el pulmón de aquel rincón de la ciudad donde había un bar que servía como parada en un circuito para prolongar la espera.

el mítico bar tambores

Tambores, en aquella carretera empedrada, disponía de una amplia terraza y para ampliar cobijo una primera planta a la cual se accedía mediante unas estrechas escaleras y cuyo salón principalmente servía para echar la partida, especialmente el dominó.

Hay un antes y un después. En una especie de tradición y solera detrás de aquella barra de mármol con mucho lustre y forma de L, tras la reforma, el Bar de los Tambores conocedor de la sabiduría de la gente, ofrecía a los clientes sus viandas, cervezas con espuma, vinos de la tierra y tapas.

el mítico bar tambores


Artículo de José Antonio Ortega

José Antonio Ortega
José Antonio Ortega
"DESDE MI PUPITRE" Intento aprender cada día, y como observador atento procuro escribir un poco de todo con respeto y disciplina, de recuerdos, necesidades y de aquello que mientras pueda, vaya encontrándome por el camino, siempre dando gracias al estímulo de la vida.

En este cruce de caminos que es Yecla, nuestro pueblo siempre tuvo un mítico punto de encuentro entre personas: el Bar Tambores.

Situado en aquella carretera que atravesaba la ciudad, tramo que por aquel entonces llevaba el nombre de Martínez Acacio, hoy Camino Real. En aquella época se podía aparcar a ambos lados de la calzada y Tambores era un lugar donde paraban los coches de línea como antes las personas mayores llamaban a los autobuses de hoy en día.

el mítico bar tambores

Cada uno con sus viajeros entre los diferentes itinerarios, Hellín-Alicante o Valencia-Caravaca y sus respectivos horarios, recalaban allí como final del trayecto, inicio del mismo o parada para descansar unos minutos y tomar un rápido refrigerio. En aquel tiempo, los autobuses iban dotados de chofer y cobrador, los cuales contaban con el privilegio de ser invitados como solía ser habitual por el establecimiento acogedor.

el mítico bar tambores

Allí podían parar varios coches de línea al mismo tiempo, con lo cual de golpe había que servir muchos bocadillos a la vez. De la misma manera, eran muchos los camioneros y comerciales ambulantes que reponían fuerzas en este sitio de tránsito y referencia.

El Bar de los Tambores con sus tres puertas y dos o tres ventanales hacía además las veces de “mensajero”, puesto que se podía recoger o enviar pequeña paquetería. Entonces ni por asomo había el volumen postal y de reparto que existe en la actualidad.

el mítico bar tambores

Un trasiego de personas daba vida a este rincón de nuestra ciudad, situado en la parte de abajo del jardín a escasos metros del Palomar y al principio de la calle San Ramón.

Ángel Alonso, conocido como Angelito el de Tambores, que ahora habría cumplido cien años y no tenía un pelo de tonto, regentaba aquel negocio de restauración que emprendieron sus padres a principios de 1900, del cual se hizo cargo tiempo después siendo él muy joven.

el mítico bar tambores

Ángelito Alonso y su señora esposa Lola Gascón, como una segunda generación de su padre “el Moreno”, que también se llamaba Ángel Alonso, para dar continuidad al nombre y al apellido, regentaban un establecimiento cara al público que estaba abierto las 24 horas del día, punto por el que de alguna manera o en alguna ocasión pasaba todo el pueblo.

el mítico bar tambores
En el centro Ángel Alonso, ‘el Moreno’

Asimismo, «el Moreno», en la época de verano, regentaba el kiosko que estaba enfrente, donde elaboraban y servían sus propios helados, hasta su demolición. El que también tenía oficio de kioskero en temporada alta, se casó en segundas nupcias con Aurelia Cortés, una mujer relevante de la época de la cual se enamoró una vez viudo, cuya familia provenía de la familia del Circo Cortés con origen en la provincia de Castellón y que en aquellos días, casualidades de la vida, actuaba en Yecla.

el kiosco del Bar Tambores

Un ramillete de empleados entre camareros y cocineras dieron vida a ese bar, siendo para la mayoría de ellos una especie de “escuela de hostelería”, donde muchos aprendieron como si fueran becarios (pero con sueldo) lo cual en algunos casos después les sirvió para emprender sus propios negocios.

el mítico bar tambores

Mi amigo Ángel Alonso, hijo de Angelito el de Tambores y nieto del estelar Moreno, me ha facilitado una entrañable información y fotografías sustanciosas, aportando una retahíla de nombres como Antonio, el Gali, Tino, Horacio, Blas, Agustín, Pascual, Juan el Pistones, Cosme, Paquito, y así un largo etcétera de barman que trabajaron allí, a los cuales gustaba celebrar Santa Marta, su festividad. Paca, Belén, Angelita, Marina, y tal vez alguna más, también llevaron adelante sus tareas entre los fogones de la época.

En un mundo donde somos tan fascinantes como frágiles, el Bar de los Tambores refleja una estampa de una época pasada. Uno de esos lugares de leyenda, donde serían muchas las historias que escucharon sus paredes y que en el acontecer de estos días es un punto desaparecido y un solar ahora muerto.

el mítico bar tambores

Aquel panorama un servidor lo conoció durante un tiempo, sobre todo en los años de estudiante cuando pasaba por su puerta camino de la Escuela de Maestría, al igual que recuerdo que en el cruce de la carretera de Valencia había un guardia urbano, porque por aquel entonces todavía no habían llegado los semáforos a Yecla.

Aquellos barman de entonces, con comanda en mano para los diferentes platos, dejaron su impronta y su constancia ataviados con la indumentaria de rigor: pantalón negro, chaquetilla blanca, corbata o pajarita. Fueron el pulmón de aquel rincón de la ciudad donde había un bar que servía como parada en un circuito para prolongar la espera.

el mítico bar tambores

Tambores, en aquella carretera empedrada, disponía de una amplia terraza y para ampliar cobijo una primera planta a la cual se accedía mediante unas estrechas escaleras y cuyo salón principalmente servía para echar la partida, especialmente el dominó.

Hay un antes y un después. En una especie de tradición y solera detrás de aquella barra de mármol con mucho lustre y forma de L, tras la reforma, el Bar de los Tambores conocedor de la sabiduría de la gente, ofrecía a los clientes sus viandas, cervezas con espuma, vinos de la tierra y tapas.

el mítico bar tambores


Artículo de José Antonio Ortega

José Antonio Ortega
José Antonio Ortega
"DESDE MI PUPITRE" Intento aprender cada día, y como observador atento procuro escribir un poco de todo con respeto y disciplina, de recuerdos, necesidades y de aquello que mientras pueda, vaya encontrándome por el camino, siempre dando gracias al estímulo de la vida.
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7 COMENTARIOS

  1. No se quién se esconde detrás del pseudónimo «Sociolisto», ni interés tengo, pero le resulta fácil criticar con la cara tapada……..José Antonio buen artículo, y que este tipo de personajes no te quiten un minuto de sueño. Sigue escribiendo que somos muchos los que te seguimos y disfrutamos de las historias y recuerdos de nuestro pueblo. Un abrazo.

  2. José Antonio gran artículo. Bien documentado, haciendo historia… Vamos un CUM LAUDE (con honores…)
    El socio-listo que de social tiene lo mismo que Feijooo que vota a TODO que NO. Ya sean las pensiones, la subida del Salario Mínimo (SMI)…
    Hay 41 señales que nos dicen lo que es. Las 41 nos dicen que de tan «bueno» eres tonto.
    Socio-listo recuerda; es mejor permanecer en silencio y parecer tonto que abrir la boca y confirmar que se es tonto.
    Jose, este socio-listo es un travesti del seudónimo. Este tipo es una facha-tonto, un «blanco sin estudios». Ahora vas y se lo dices a la Reme?
    Repito: José Antonio, pedazo de artículo.

  3. Vaya rollo de narración, creía estar en el siglo de oro, o en el siglo de decadencia español. Oraciones largas, estilo rococó.
    Aburrimiento asegurado.
    Se cree buen escritor pero la verdad es que es pésimo, pesado y rellero.
    Como diría el Emérito: ¡Callesé José Antonio, callesé!

  4. José Miguel atina en dar en la buena tecla. Pone en primer término como arrasaron con parte de un Patrimonio histórico (colegio escolapios, kiosco…) Época donde los políticos de la dictadura no tenían que dar explicaciones de sus actos, ni se sometían al veredicto de las urnas.
    No ocultar el contexto de cuándo en el año (creo) 1969 derriban los escolapios para hacer lo que ahora tenemos.
    Y esto no ha parado, hasta hicieron pisos en la COMED. Hoy parte de ese edificio, conservando la fachada, podía ser el museo del mueble de Yecla. ¿Ciudad del Mueble? Pero nos quedamos ahí.
    Muchos pequeños pueblos alicantinos tienen hasta museos del esparto y otros.
    Esto si, hemos comprado Cazadores, ese edificio que parece un bunker y no compramos el edificio que hace pico esquina frente a la iglesia nueva, donde estaba la tienda de El Barco.
    Pronto veremos las grúas para hacer pisos y se habrán cargado nuevamente un Patrimonio arquitectónico, hoy aún salvable.
    Hablamos del Bar Tambores en su tiempo todo el mundo lo conocía ya que era el sitio donde llegaban y partían los medios de transporte que Yecla disponía, sin contar el chicharra.
    También fueron muy conocidos El Español, El Toledo. Este frente al Cine Regio, el otro poco más abajo, enfrente vivía el médico Don Germán.
    Por vía oral alguna vez me han comentado que en el Toledo los fines de semana se organizaban partidas de cartas con dinero en juego. Y que en semana santa, se tenían que ir a casas privadas para poder jugar ya que por entonces la policía vigilaba que no hubiese juego en los bares en esos días, sobre todo en viernes santo. Estaba prohibido. Era la religión oficial. Que estos detalles se conozcan nunca viene mal.
    En reyes pedí que me echaran ser «políticamente correcto» y Gaspar me dijo que en este pueblo se pedía mucho de esto, seguramente por se un pueblo conservador, que ya no le quedaba.
    Lo volveré a pedir -con tiempo- el año próximo. Entonces podrá decir, en cosas de estas, que todo era muy romántico y muy bonico y que si el patrimonio de este pueblo se lo siguen cargando, callar.
    Me da que no van a tener, aunque esto en algunas ocasiones tenga sus inconvenientes… y sus efectos positivos.

  5. Estupendo reportaje como se ha dicho por aquí , el centro en general y el jardín en particular, eran un hervidero de personas por toda la zona, los que ya tenemos una edad, hemos conocido en citado Bar y su inmensa terraza sobre todo en verano, era un lugar donde se podía pasear, ahora no hay más que mirar y ver en que ha quedado toda la zona, si esto es el progreso pues no se que calificativo se le podía poner, en resumen, mucha añoranza de las cosas que ha desparecido y nuestro pueblo, sin una justificación necesaria sino todo lo contrario, para ir a peor.

  6. Más bonito todo antes que ahora. Antes había jardín, el quiosco, el templete, el magnífico instituto de los escolapios, etc. Patrimonio histórico que nuestros honorarisimos ilustres políticos de turno no son capaces de mantener y preservar, porque ahí, está el pasado y el valor histórico de un pueblo, lo cual no está en contra de la innovación. La historia se pierde. Me temo que ese edificio, bar loa tambores será derruido porque no se sabrá colo darle valor

José Antonio Ortega
José Antonio Ortega
"DESDE MI PUPITRE" Intento aprender cada día, y como observador atento procuro escribir un poco de todo con respeto y disciplina, de recuerdos, necesidades y de aquello que mientras pueda, vaya encontrándome por el camino, siempre dando gracias al estímulo de la vida.
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