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sábado 02 julio 2022

«Solo esperamos despertar de esta pesadilla y que todo esté bien»

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«Nos levantamos a las 5 de la mañana. Todo el mundo me llamaba para decirme que comenzó la guerra. Me puse algo de ropa, ni siquiera sabía qué me ponía, y nos marchamos”. Este es el primer recuerdo que tiene la madre de esta familia ucraniana compuesta por ocho personas que desde hace unos días están en Yecla. Son un matrimonio, sus tres hijos , los padres del marido y su hermana de 36 años de edad y con discapacidad. Tampoco han querido dejar allí a sus dos perros.

En dos coches huyeron de Kiev a toda velocidad, horas después de comenzar la invasión rusa. El cabeza de familia sabe lo que es la guerra y la muerte y destrucción que trae. Vivió en primera persona con sus padres la guerra de Abjasia en 1992. Recuerda los muertos que vio y no quiere que sus hijos vivan el resto de sus días con esas imágenes en su memoria. “La guerra, ¿cómo puede ocurrir de nuevo? No lo entiendo. Creo que tal vez estamos durmiendo y es un mal sueño. Solo esperamos despertar de esta pesadilla y que todo esté bien”, relata este padre de familia que tenía una vida normal hasta que estalló el conflicto.

Familia panadera

Esta familia ucraniana tenía su propia confitería en Kiev. “Mis suegros tenían su panadería, un obrador. Ellos hacen pan. Yo tenía mi confitería y hago canutillos decorados; mi esposo hacía reformas de viviendas”, relata la madre de los tres niños, Alina.

familia ucraniana yecla

Con apenas lo puesto y poco más, esta familia emprendió camino para salir de la capital ucraniana. “Nuestros vecinos nos dejaron su casa para refugiarnos a unos 100 kilómetros de Kiev. Cuando íbamos conduciendo hubo una explosión cerca de nuestro automóvil y los niños comenzaron a llorar”, recuerda Alina. Fue el detonante para tomar la decisión de salir de Ucrania “lo más lejos posible porque tengo miedo de que Rusia siga invadiendo otros países. Queríamos alejarnos lo más posible”, relata.

La elección de venir a España se debió a que los niños estaban aprendiendo español en Ucrania. “Sus profesores son una gran gente, son españoles”, y eso les animó a hacerse más de 3.000 kilómetros lejos de la guerra, lejos de Putín y buscando un nuevo futuro.

Llegada a Yecla

Esta familia se ha alojado en una casa de campo situada en las afueras de Yecla. Allí llevan unos días familiarizándose con una nueva realidad, mientras siguen atentos a lo que sucede en su país.

Sobre la guerra… no sé… Tenemos muchos amigos todavía allí. Mi madre está allí. Creo que la guerra se detendrá pronto, pero no sé. Creo que Putin no está bien de la cabeza y por eso todo es posible, por eso estamos en España, lejos de Putin. Espero que no vaya a otros países. Creo que la guerra se detendrá cuando los rusos entiendan lo que está pasando. Porque no lo saben y piensan que Putin les está salvando”, relata Alina, mientras teme que Rusia se haga con el poder en Ucrania.

Les llegan noticias que les cuentan que a la calle donde está su pequeña confitería han llegado ya algunos tanques. “Mi padre vive en Vasilkiv y da mucho miedo lo que nos cuentan. Mi amiga de Bucha ha perdido su casa. Solo le queda una pared de lo que un día fue su casa”.

familia ucraniana yecla

Las noticias que reciben desde Ucrania no son alentadoras. Plantearles qué van a hacer en su futuro más próximo es complicado cuando están asimilando su cambio de vida, de país y de realidad. “Esperamos poder empezar de cero, los padres de mi esposo ya hicieron esto cuando llegaron a Ucrania en 1994; espero que podamos hacerlo juntos ahora también. Ahora mismo vivimos al día, es muy difícil pensar en mañana”, explica la madre.

Lo último que comenta es lo que siente. “Mi corazón está sangrando porque es terrible lo que estamos viviendo. Trato de pensar que todas esas cosas son solo un sueño porque no puedo soportarlo”.

Familia de acogida

Un ejemplo de solidaridad y ejemplo para sus hijos llevó a un matrimonio de Yecla a ceder una casa de campo que tienen para albergar a esta familia ucraniana.

Una asociación de voluntarios particulares puso en contacto a estos refugiados ucranianos con Majo Tumini y Fran Reyes, que no dudaron en dar cobijo a estas personas. “Sentíamos que teníamos que hacer algo, no podíamos seguir viendo la tele, lamentarnos y luego seguir con nuestras vidas… Y pensamos, ¿por qué no? ¿Qué es todo lo malo que podría pasar? Seguro que sería una experiencia bonita y un aprendizaje para toda la familia”, relata Majo.

familia ucraniana yecla

Para ayudar a estas personas acondicionaron una casa de campo con la ayuda de toda la familia, de amigos e incluso de personas que ni le conocían, pero se prestaron a ello.

La familia española reconoce que sintieron ilusión y “un poco de miedo” cuando estas personas llegaron en sus coches hasta Yecla. “Miedo a que no estén a gusto, porque la casa es muy rústica y sencilla, y de que no se adapten a la vida tan tranquila del campo, ya que venían de una gran ciudad. Pero enseguida vimos que les encantaban los animales y ya vimos que eran personas sencillas y agradecidas”, explica Majo Tumini.

Con el paso de los  días, han visto que los refugiados “están más tranquilos. Esperamos que se agilicen los trámites para que puedan ir al cole y empezar a planificar una vida”.
Lo que está viviendo en primera persona esta familia española sirve para entender que hay gente buena y que todos queremos la paz. «Damos las gracias a diario por lo afortunados que somos. Queremos enseñar a nuestros hijos con buenos ejemplos, para que ellos puedan creer en un mundo mejor”, concluyen. 

el hijo de la familia de Ucrania

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