lunes 02 agosto 2021

Lamentos

José Antonio Ortega
"DESDE MI PUPITRE" Intento aprender cada día, y como observador atento procuro escribir un poco de todo con respeto y disciplina, de recuerdos, necesidades y de aquello que mientras pueda, vaya encontrándome por el camino, siempre dando gracias al estímulo de la vida.

A menudo me pregunto sobre los momentos de soledad que puedan sufrir algunas personas después de una separación. Me parece que al principio tendrán pocas ganas de hablar y menos si ello conlleva dar explicaciones. Los amigos conforme vayan enterándose, hoy en día lo verán como una cosa normal, cada uno tendrá su opinión, porque no dejará de ser un caso más de los tantos que hay.

Los amigos comunes, probablemente se mantendrán al margen dentro de la prudencia sin declinarse por ninguna de las partes, siempre hay que conocer las dos versiones. En las familias, salvo raras excepciones, suele ser habitual que cada una defienda lo suyo, aunque aparezcan los reproches, las críticas y alguna otra cuestión. En cualquier caso cuando cambian las circunstancias, puede cambiar el estado de opinión, pero tampoco es razonable que el hecho, propicie cebarse con la otra parte.

Asimismo, en ocasiones es difícil responder de forma específica a ciertas preguntas, porque la respuesta podría llevar a términos confusos o poco definidos, cuando se quiere responder de forma discreta y educada, quitando hierro al asunto. Cuando dejas de estar, parece que habitas en la mente de los demás.

Cuando existe un conflicto en la pareja, posiblemente sea por falta de comunicación. La conversación sin prisas y la búsqueda de soluciones razonadas deberían ser una máxima en la familia. Tal vez jamás se pensó que una conducta imprevisible por alguna de las partes o cierta actitud pudiera dar al traste con todo y acabar en separación.

Personas que comienzan una nueva vida, que salen a la calle, que se relacionan, que entre columpios y toboganes ven como los niños corren, gritan y juegan juntos. Ahora observan el bonito deambular de otras parejas, como antes ellas también lo hicieron, hasta incluso en ocasiones cogidas de la mano.

El tiempo pasa y los hijos si los hay, van creciendo con la misma intensidad que a su manera comprenden la situación. La vida a veces duele, a veces hiere y en otras muchas cansa. La vida no es fácil para nadie, aunque seguramente no sea igual de complicada para todos, y como no es perfecta, la vida por tanto no es justa.

Como a todos, la vida les pondría obstáculos, que fueron esquivados con decisiones conjuntas para buscar la solución. Etapas de inestabilidad y periodos distantes donde el hechizo de la relación era mucho más fría que al principio.

Con un interior agridulce por un sentimiento, donde hubieron momentos de soledad, porque la ruptura dejó tiempo de sobra al principio para analizar los motivos, qué difícil resultaba pedir perdón, romper un compromiso sobre una especie de misterioso maridaje respecto a unos ideales perfilados de ejemplo; después muchos años de haber conocido a la otra persona, y de bastantes años de convivencia con quien siempre te sentiste persona afortunada.

Con el recuerdo del primer encuentro y de aquel mágico lazo, hay que esforzarse siempre en comprender a la otra persona. Aquellos rostros que tuvieron su mejor sonrisa, compartieron experiencias únicas, amistades y muchas alegrías, tiempo después estuvieron tristes y dejaron escapar algunas lágrimas.

Nadie que haya dado lo mejor de sí, lo ha lamentado. Lo que tengan decido hacer lo harán de todas formas, ahora tienen una oportunidad más que suficiente para demostrarlo, que a todos les vaya bien y en esa una nueva vida puedan abrir otros entornos de armonía para relacionarse.

En buena medida, que el ruido no se superponga a la música. Que los hijos, que lo pasan mal, que sufren y son los más perjudicados, sigan creciendo y educándose de la mejor forma posible, y todavía más si cabe con más cariño.

José Antonio Ortega
"DESDE MI PUPITRE" Intento aprender cada día, y como observador atento procuro escribir un poco de todo con respeto y disciplina, de recuerdos, necesidades y de aquello que mientras pueda, vaya encontrándome por el camino, siempre dando gracias al estímulo de la vida.
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