.
domingo, enero 11, 2026 🐣
spot_imgspot_imgspot_img
spot_img

¿Qué queda de la Yecla de la Guerra Civil?

Nuevo artículo de Salvador Santa Puche sobre la Guerra Civil en Yecla

Si pudiéramos viajar en el tiempo y traer a la Yecla actual a algún yeclano de la época de la Guerra Civil, seguramente le costaría reconocer mucho la ciudad y el cambio que ha experimentado desde los años 60 del pasado siglo. No obstante, sí podría reconocer algunos lugares que le serían muy familiares. Por ejemplo, la calle Juan Ortuño, es una de la calles cuya fisionomía no ha cambiado demasiado o, mejor dicho, es la calle donde hay más edificios de la época. Tampoco le costaría reconocer la Plaza Mayor, aunque los dos grandes portales en forma de arco del Ayuntamiento estaban tapiados y en el balcón ondeaba la tricolor republicana. Por cierto, el escudo de Carlos V incrustado en la fachada tuvo un intento de ser borrado a martillazos durante la proclamación de la II República pero afortunadamente se quedó en el intento.

El Ayuntamiento de Yecla, llamado desde finales de 1936 Consejo Municipal, llegó tener un problema de espacio al considerarse que la actual Casa Consistorial estaba en mal estado y anticuada. Esto llevó a las autoridades a ocupar el edificio modernista que entonces ocupaba la Caja de Ahorros el 7 de marzo de 1937, la CAM de hoy. Dicha medida provocó las quejas de la institución bancaria que elevó su protesta al gobernador civil y a la todopoderosa Confederación de Cajas, quienes ordenarían el desalojo del edificio un año después. Desde allí, como alma en pena, el Consejo Municipal se trasladó a lo que había sido la antigua sede de la Asociación Patronal de Agricultores (el actual edificio de Cazadores) y que había sido requisado por el Frente Popular a comienzos de la guerra.

También se asombraría al ver la actual Escuela de Música en el antiguo Casino Primitivo, que durante la guerra se convirtió en la sede de las Juventudes Socialistas Unificadas y que tras la guerra sirvió de cuartel general del Movimiento y fue la sede de varios juicios, entre ellos el de Juan Pacheco. Justo enfrente, donde hasta hace poco había una ferretería, ahí estaba la sede del Sindicato Católico Agrario (un sindicato impulsado por Esteban Díaz para “resolver por fin el problema a la cuestión social a la luz de la doctrina católica”.)  Y si miran hacia arriba, aún se pueden ver tenuemente las letras del mismo en la fachada. Esta sede fue asaltada por la multitud el día de las quemas de templos del 16 de marzo pero el alcalde Juan Pacheco pudo evitar en el último momento que se tocara la caja de caudales y ordenó que fuese entregada a José Esteban Díaz, como así sucedió. Y, ya puestos, en esa esquina tuvo lugar el mismo día por la tarde noche el asesinato de un joven fotógrafo, Miguel Carpena Andrés, miembro del centroderechista Partido Agrario, quien recibió varios disparos y falleció dos días después.

No le extrañaría ver que el vallado de hierro de la Basílica de la Purísima y lo que hoy llamamos Parque de las Palomas no han sido repuestos. Los originales fueron desmontados y destinados a la fundición para material de guerra. Las únicas que se salvaron fueron las rejas del Instituto de Segunda Enseñanza (el Colegio de los Escolapios) y la contigua Iglesia de San Francisco que en ese momento se utilizaba como almacén. En cambio, (es mi opinión), se horrorizaría al ver el actual edificio del Instituto Azorín y creo que echaría de menos la imponente fachada del Colegio, aunque éste no fue derribado durante la guerra, sino en 1969 en pleno franquismo.

Y muy cerca, en la ermita de San Roque, si observamos la puerta principal aún se pueden ver los golpes y hachazos que le dieron a la puerta para forzarla y entrar, cosa que no pudieron hacer y al final lo lograron entrando por una vivienda pegada a la ermita. Tengo que decir que esto me lo contó un vecino de la época muy anciano al que entrevisté en 1998 y, a pesar de que suena muy verídico y las marcas son reales, no he podido confirmarlo completamente hasta el día de hoy.

Se sorprendería al ver la frondosidad actual que los pinos dan al cerro del Santuario del Castillo, ya que en la época el monte estaba casi desierto y los árboles eran muy escasos. Por eso, cuando se intentó quemar el mismo y en la explanada se hizo una hoguera en la que arrojaron a las figuras de la Virgen y el Cristo del Sepulcro, el fuego y el humo fueron muy visibles desde la ciudad. Algunos testimonios dicen que esa enorme columna de humo negro fue la señal para que otros comandos comenzaran la quema de otros templos. El camino en zigzag que sube desde el cementerio, el actual Paseo del Yeclano Ausente, entonces no existía. Para subir al Castillo se hacía por otro camino de tierra que salía desde la zona central del cementerio. Por ahí subió el Camión del Agua del Ayuntamiento (como se le llamaba entonces) y pudo apagar los fuegos y evitar que todo el edificio ardiese. De hecho, llegó a arder (y no todo) el templo del santuario pero el edificio aledaño se vio poco afectado pues fue utilizado unos meses después por el ayuntamiento para instalar en él a familias refugiadas de Málaga y Almería. También se instalaron familias de refugiados en otros edificios incautados a familias de derechas, como el palacio de los Ortega, donde en la actualidad se ubica la Casa Municipal de Cultura.

Seguramente, este yeclano se alegraría de ver que ya no existe la tristemente célebre Casa de los Lilas, que estaba ubicada en la esquina entre la calle San José y Don Lucio, donde antiguamente estaba el Banco de Valencia y en la actualidad hay un bazar chino y una cafetería-pastelería. También conocida como la “Casa de las 100 habitaciones”, fue primero una checa adonde se conducía a gentes de derechas detenidas, a muchos de las cuales se les asesinó posteriormente con el método del Paseo. Tras la guerra, cumplió la misma función pero a la inversa sólo que se quedó pequeña y tuvieron que enviar presos primero a Cieza y después a Murcia para ser fusilados en las tapias del cementerio de Espinardo. Según los testimonios orales, se evitaba pasar cerca de este edificio pues era frecuente oír los gritos desde la calle de las personas a las que interrogaban. 

Y hablando de lugares luctuosos, uno de los pocos lugares donde aún se conserva un elemento de la época está en la callejuela que sube de la calle de San Cristóbal a la del Cerro, donde aún se puede leer la placa conmemorativa del asesinato de Eliecer López en plena calle. Además las entradas de la población fueron todas utilizadas para los paseos, al igual que la actual calle Abad José Sola, el paseo de la ciudad al cementerio, entonces yermo y deshabitado y hoy, flanqueado por viviendas e instalaciones deportivas.

Posiblemente nuestro yeclano respiraría aliviado al ver que la Basílica de la Purísima ya no es el mercado central al que se le destinó en 1938. Tras unos meses de reformas que a muchos les parecieron eternos y así se quejaron, el templo acogió el mercado de abastos. Las actuales capillas se convirtieron en los puestos de verduras, salazones y carne (las pocas veces que había, claro). Por su parte el Asilo de Ancianos fue convertido en un hospital para heridos de guerra. El nombre oficial era Clínica Militar de Yecla y para hacernos una idea de su tamaño e importancia, baste decir que constaba de unas 600 camas según la prensa de la época.

También reconocería, aún con esfuerzo, la estación de Yecla del popular y recordado Chicharra. Precisamente en esa estación se producían escenas desgarradoras cuando las familias despedían a sus hijos, padres y hermanos que se iban al frente. Previamente hacían un desfile militar por las calles de Yecla que terminaban en la estación. En los primeros meses de la guerra, cuando se iban los voluntarios, las despedidas eran muy emotivas y se pronunciaban discursos que, imagino, serían muy optimistas. Avanzada la guerra, había que subir a los trenes a los reclutas llamados a quinta a base de culatazos de fusil.

Y así podríamos rememorar muchas calles y edificios más, pero vamos a terminar con el único monumento levantado en los meses posteriores al fin de la guerra y que aún se conserva: el monolito de la actual Plaza de España, frente a la Purísima. El monolito fue levantado e inaugurado el dos de diciembre de 1939 en un acto en el que además se recibieron los restos de los yeclanos asesinados en otras poblaciones durante la guerra, unos once. Tras la inauguración del mismo, se produjo una solemne procesión encabezadas por las banderas de Falange hasta el cementerio donde recibieron sepultura. En el monolito se podía leer el típico “Caídos por Dios y por España, ¡presentes!”. Durante la Transición, el primer ayuntamiento democrático resignificó en 1980 el monolito con una inscripción que pretendía efectivamente rendir memoria a todas la víctimas (de hecho, la inscripción fue aprobada por la unanimidad de todos los grupos de entonces): “A todos los caídos a causa de nuestra guerra civil. 1936-1939”. A finales de 2009 se procede a la remodelación de la plaza, monolito incluido, e, irónicamente, fue el grupo socialista quien propuso dedicar el monolito a los Valores constitucionales (libertad, democracia, etc), propuesta aceptada también por la unanimidad de los grupos, borrando de esta manera el homenaje de la ciudad a todos los yeclanos que, víctimas de un lado o del otro, equivocados o no, murieron defendiendo lo que ellos creían que sería una España mejor.

Nuevo artículo de Salvador Santa Puche sobre la Guerra Civil en Yecla

Si pudiéramos viajar en el tiempo y traer a la Yecla actual a algún yeclano de la época de la Guerra Civil, seguramente le costaría reconocer mucho la ciudad y el cambio que ha experimentado desde los años 60 del pasado siglo. No obstante, sí podría reconocer algunos lugares que le serían muy familiares. Por ejemplo, la calle Juan Ortuño, es una de la calles cuya fisionomía no ha cambiado demasiado o, mejor dicho, es la calle donde hay más edificios de la época. Tampoco le costaría reconocer la Plaza Mayor, aunque los dos grandes portales en forma de arco del Ayuntamiento estaban tapiados y en el balcón ondeaba la tricolor republicana. Por cierto, el escudo de Carlos V incrustado en la fachada tuvo un intento de ser borrado a martillazos durante la proclamación de la II República pero afortunadamente se quedó en el intento.

El Ayuntamiento de Yecla, llamado desde finales de 1936 Consejo Municipal, llegó tener un problema de espacio al considerarse que la actual Casa Consistorial estaba en mal estado y anticuada. Esto llevó a las autoridades a ocupar el edificio modernista que entonces ocupaba la Caja de Ahorros el 7 de marzo de 1937, la CAM de hoy. Dicha medida provocó las quejas de la institución bancaria que elevó su protesta al gobernador civil y a la todopoderosa Confederación de Cajas, quienes ordenarían el desalojo del edificio un año después. Desde allí, como alma en pena, el Consejo Municipal se trasladó a lo que había sido la antigua sede de la Asociación Patronal de Agricultores (el actual edificio de Cazadores) y que había sido requisado por el Frente Popular a comienzos de la guerra.

También se asombraría al ver la actual Escuela de Música en el antiguo Casino Primitivo, que durante la guerra se convirtió en la sede de las Juventudes Socialistas Unificadas y que tras la guerra sirvió de cuartel general del Movimiento y fue la sede de varios juicios, entre ellos el de Juan Pacheco. Justo enfrente, donde hasta hace poco había una ferretería, ahí estaba la sede del Sindicato Católico Agrario (un sindicato impulsado por Esteban Díaz para “resolver por fin el problema a la cuestión social a la luz de la doctrina católica”.)  Y si miran hacia arriba, aún se pueden ver tenuemente las letras del mismo en la fachada. Esta sede fue asaltada por la multitud el día de las quemas de templos del 16 de marzo pero el alcalde Juan Pacheco pudo evitar en el último momento que se tocara la caja de caudales y ordenó que fuese entregada a José Esteban Díaz, como así sucedió. Y, ya puestos, en esa esquina tuvo lugar el mismo día por la tarde noche el asesinato de un joven fotógrafo, Miguel Carpena Andrés, miembro del centroderechista Partido Agrario, quien recibió varios disparos y falleció dos días después.

No le extrañaría ver que el vallado de hierro de la Basílica de la Purísima y lo que hoy llamamos Parque de las Palomas no han sido repuestos. Los originales fueron desmontados y destinados a la fundición para material de guerra. Las únicas que se salvaron fueron las rejas del Instituto de Segunda Enseñanza (el Colegio de los Escolapios) y la contigua Iglesia de San Francisco que en ese momento se utilizaba como almacén. En cambio, (es mi opinión), se horrorizaría al ver el actual edificio del Instituto Azorín y creo que echaría de menos la imponente fachada del Colegio, aunque éste no fue derribado durante la guerra, sino en 1969 en pleno franquismo.

Y muy cerca, en la ermita de San Roque, si observamos la puerta principal aún se pueden ver los golpes y hachazos que le dieron a la puerta para forzarla y entrar, cosa que no pudieron hacer y al final lo lograron entrando por una vivienda pegada a la ermita. Tengo que decir que esto me lo contó un vecino de la época muy anciano al que entrevisté en 1998 y, a pesar de que suena muy verídico y las marcas son reales, no he podido confirmarlo completamente hasta el día de hoy.

Se sorprendería al ver la frondosidad actual que los pinos dan al cerro del Santuario del Castillo, ya que en la época el monte estaba casi desierto y los árboles eran muy escasos. Por eso, cuando se intentó quemar el mismo y en la explanada se hizo una hoguera en la que arrojaron a las figuras de la Virgen y el Cristo del Sepulcro, el fuego y el humo fueron muy visibles desde la ciudad. Algunos testimonios dicen que esa enorme columna de humo negro fue la señal para que otros comandos comenzaran la quema de otros templos. El camino en zigzag que sube desde el cementerio, el actual Paseo del Yeclano Ausente, entonces no existía. Para subir al Castillo se hacía por otro camino de tierra que salía desde la zona central del cementerio. Por ahí subió el Camión del Agua del Ayuntamiento (como se le llamaba entonces) y pudo apagar los fuegos y evitar que todo el edificio ardiese. De hecho, llegó a arder (y no todo) el templo del santuario pero el edificio aledaño se vio poco afectado pues fue utilizado unos meses después por el ayuntamiento para instalar en él a familias refugiadas de Málaga y Almería. También se instalaron familias de refugiados en otros edificios incautados a familias de derechas, como el palacio de los Ortega, donde en la actualidad se ubica la Casa Municipal de Cultura.

Seguramente, este yeclano se alegraría de ver que ya no existe la tristemente célebre Casa de los Lilas, que estaba ubicada en la esquina entre la calle San José y Don Lucio, donde antiguamente estaba el Banco de Valencia y en la actualidad hay un bazar chino y una cafetería-pastelería. También conocida como la “Casa de las 100 habitaciones”, fue primero una checa adonde se conducía a gentes de derechas detenidas, a muchos de las cuales se les asesinó posteriormente con el método del Paseo. Tras la guerra, cumplió la misma función pero a la inversa sólo que se quedó pequeña y tuvieron que enviar presos primero a Cieza y después a Murcia para ser fusilados en las tapias del cementerio de Espinardo. Según los testimonios orales, se evitaba pasar cerca de este edificio pues era frecuente oír los gritos desde la calle de las personas a las que interrogaban. 

Y hablando de lugares luctuosos, uno de los pocos lugares donde aún se conserva un elemento de la época está en la callejuela que sube de la calle de San Cristóbal a la del Cerro, donde aún se puede leer la placa conmemorativa del asesinato de Eliecer López en plena calle. Además las entradas de la población fueron todas utilizadas para los paseos, al igual que la actual calle Abad José Sola, el paseo de la ciudad al cementerio, entonces yermo y deshabitado y hoy, flanqueado por viviendas e instalaciones deportivas.

Posiblemente nuestro yeclano respiraría aliviado al ver que la Basílica de la Purísima ya no es el mercado central al que se le destinó en 1938. Tras unos meses de reformas que a muchos les parecieron eternos y así se quejaron, el templo acogió el mercado de abastos. Las actuales capillas se convirtieron en los puestos de verduras, salazones y carne (las pocas veces que había, claro). Por su parte el Asilo de Ancianos fue convertido en un hospital para heridos de guerra. El nombre oficial era Clínica Militar de Yecla y para hacernos una idea de su tamaño e importancia, baste decir que constaba de unas 600 camas según la prensa de la época.

También reconocería, aún con esfuerzo, la estación de Yecla del popular y recordado Chicharra. Precisamente en esa estación se producían escenas desgarradoras cuando las familias despedían a sus hijos, padres y hermanos que se iban al frente. Previamente hacían un desfile militar por las calles de Yecla que terminaban en la estación. En los primeros meses de la guerra, cuando se iban los voluntarios, las despedidas eran muy emotivas y se pronunciaban discursos que, imagino, serían muy optimistas. Avanzada la guerra, había que subir a los trenes a los reclutas llamados a quinta a base de culatazos de fusil.

Y así podríamos rememorar muchas calles y edificios más, pero vamos a terminar con el único monumento levantado en los meses posteriores al fin de la guerra y que aún se conserva: el monolito de la actual Plaza de España, frente a la Purísima. El monolito fue levantado e inaugurado el dos de diciembre de 1939 en un acto en el que además se recibieron los restos de los yeclanos asesinados en otras poblaciones durante la guerra, unos once. Tras la inauguración del mismo, se produjo una solemne procesión encabezadas por las banderas de Falange hasta el cementerio donde recibieron sepultura. En el monolito se podía leer el típico “Caídos por Dios y por España, ¡presentes!”. Durante la Transición, el primer ayuntamiento democrático resignificó en 1980 el monolito con una inscripción que pretendía efectivamente rendir memoria a todas la víctimas (de hecho, la inscripción fue aprobada por la unanimidad de todos los grupos de entonces): “A todos los caídos a causa de nuestra guerra civil. 1936-1939”. A finales de 2009 se procede a la remodelación de la plaza, monolito incluido, e, irónicamente, fue el grupo socialista quien propuso dedicar el monolito a los Valores constitucionales (libertad, democracia, etc), propuesta aceptada también por la unanimidad de los grupos, borrando de esta manera el homenaje de la ciudad a todos los yeclanos que, víctimas de un lado o del otro, equivocados o no, murieron defendiendo lo que ellos creían que sería una España mejor.

uscríbete EPY

¿Quieres añadir un nuevo comentario?

Hazte EPY Premium, es gratuito.

Hazte Premium

4 COMENTARIOS

- Publicidad -spot_imgspot_imgspot_imgspot_img
- Publicidad -spot_img

Servicios

Demanda empleo Oferta empleo
Compra Venta
Canal inmobiliario Farmacia
Teléfono interes Autobuses