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martes, agosto 4, 2026 🌊
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Rafael Gandía, el yeclano que combatió a los nazis en la Resistencia francesa

Aprendiz de mecánico, capitán republicano con 21 años, fugitivo de un campo francés y comandante guerrillero contra la ocupación nazi, Rafael Gandía Lorenzo, conocido como el comandante Martín, recibió algunas de las principales distinciones de la Resistencia y se convirtió en una figura imprescindible de la comunidad española de Toulouse. En su ciudad natal, sin embargo, su nombre permanece prácticamente olvidado.

Cuando Rafael Gandía Lorenzo murió cerca de Toulouse, la prensa francesa no lo presentó simplemente como un antiguo combatiente español. La Dépêche du Midi lo despidió como una figura imprescindible de la España toulousaine y tituló su obituario hablando de la desaparición de un héroe que había recibido en dos ocasiones la medalla de la ciudad de Toulouse.

Unos meses después, en enero de 2012, la Casa de España de Toulouse se llenó para rendirle homenaje. Al acto asistieron el cónsul general de España, un senador francés, representantes municipales y departamentales, familiares y descendientes de antiguos combatientes republicanos. Los discursos recordaron tanto su valentía militar como su defensa de la dignidad humana y su faceta de poeta. La crónica francesa habla expresamente de una sala llena para despedirlo.

Aquel hombre homenajeado por autoridades y asociaciones francesas había nacido en Yecla el 11 de octubre de 1917.

De Yecla a los frentes de la Guerra Civil

La reconstrucción más extensa de su vida la publicó la investigadora Fuensanta Escudero Andújar en el proyecto Murcianos de Dinamita. Según su trabajo, Rafael había emigrado a Madrid y trabajaba como aprendiz de mecánico cuando se produjo el golpe militar de julio de 1936. Se alistó voluntariamente en el Quinto Regimiento, ingresó en el Partido Comunista a finales de aquel año y combatió en Somosierra, Talavera de la Reina, la Ciudad Universitaria, el Puente de los Franceses, Guadalajara y el Ebro, entre otros escenarios. Luchó bajo las órdenes de Enrique Líster y terminó la guerra con el grado de capitán, pese a tener solo 21 años.

El boletín número 122 de la Amicale des Anciens Guérilleros Espagnols, publicado tras su muerte, ofrece una versión coincidente. Explica que había sido destinado inicialmente a labores de enlace y transporte y que fue ascendiendo durante los tres años de guerra hasta alcanzar el grado de capitán. En la foto que abre este artículo aparece en 1938 con el uniforme del Ejército republicano.

El 9 de febrero de 1939, con Cataluña ya ocupada por las tropas franquistas, Gandía cruzó la frontera por Cerbère al frente de un convoy de camiones. Años después resumiría aquel momento en declaraciones recogidas por La Dépêche: habían sido derrotados y tenían que huir para no morir. Su destino, como el de decenas de miles de republicanos, fue el campo de concentración de Argelès-sur-Mer.

Rafael Gandía, comandante Martín

Hambre, frío y una estafa con un lingote falso

La vida de Rafael Gandía en Argelès contiene algunos de los episodios más extraordinarios de su biografía.

Lo encerraron en la zona de castigo conocida como El Islote. Recordaría el frío extremo, la miseria y la presencia de personas que rondaban el campo intentando comprar a precios irrisorios el oro y los escasos objetos de valor que conservaban los refugiados. Saber conducir le proporcionó cierta ventaja: el jefe de transportes del campo lo eligió como chófer y terminó convirtiéndose en su protector.

Según el testimonio del propio Gandía recuperado por Fuensanta Escudero, no tenía siquiera una manta. Para conseguir algo de dinero decidió engañar a quienes se aprovechaban de los internos. Con la ayuda de otro mecánico, pintó un trozo de metal para hacerlo pasar por un lingote de oro. Intentaron venderlo por 10.000 francos, aunque finalmente recibieron 500. El engaño fue descubierto, Gandía fue detenido y maltratado y se dictó contra él una orden de expulsión.

Las autoridades francesas lo incluyeron en un grupo de alrededor de cien republicanos que iban a ser conducidos desde Cerbère hasta Portbou y entregados a la España franquista. Rafael consiguió escapar durante el trayecto. Para evitar que volvieran a detenerlo adoptó una identidad falsa: Rafael Martín Ferreiro. Durante buena parte de los años siguientes sería conocido simplemente como Rafael Martín o como el comandante Martín.

Los archivos del campo demuestran que su existencia durante aquellos meses fue una sucesión de entradas, salidas, detenciones y fugas. Consta un nuevo ingreso en Argelès en abril de 1940, procedente de la prisión de Perpiñán; una evasión el 28 de junio; su incorporación en noviembre al Grupo de Trabajadores Extranjeros número 227, y una orden de búsqueda emitida apenas catorce días después porque había vuelto a desaparecer. La investigación de Escudero atribuye estos datos al expediente conservado en los Archivos Departamentales de los Pirineos Orientales.

Un ejército oculto entre leñadores y carboneros

Después de trabajar durante algún tiempo en un taller y en una fábrica de sedales para cañas de pescar, Gandía recibió el encargo de reunir a españoles capaces de vivir y trabajar en los bosques. Logró agrupar a más de cien hombres dedicados a la tala de árboles y a la fabricación de carbón. Aquel grupo de trabajadores acabaría convirtiéndose en la base de una unidad clandestina de la Resistencia.

Cuando los alemanes comenzaron a requisar trabajadores españoles durante la Segunda Guerra Mundial, Rafael abandonó el grupo de trabajo y se incorporó a los guerrilleros organizados en el departamento del Aude por el español Antonio Molina. Primero dirigió el tercer batallón de la Quinta Brigada de Guerrilleros y, después de ser trasladado a los Pirineos Orientales, el tercer batallón de la Primera Brigada. Allí adquirió definitivamente el nombre con el que sería recordado en Francia: comandante Martín.

Su vida volvió a estar marcada por las fugas. A finales de 1942, la policía rodeó el puesto de mando del batallón que dirigía. Gandía consiguió salir de la casa junto a otros dos guerrilleros y caminó durante 36 horas por las Corbières hasta alcanzar un lugar seguro. Ese mismo año se atribuyó a su grupo la voladura de una locomotora en la línea ferroviaria entre Lavelanet y Bram.

Ya en los Pirineos Orientales, sus hombres colaboraron con el maquis francés Henri Barbusse. Durante junio de 1944 atacaron vehículos militares, sabotearon líneas de ferrocarril y destruyeron locomotoras empleadas para transportar tropas y mineral de hierro. También consiguieron dinamita y paralizaron durante varios días envíos destinados a las acerías que trabajaban para Alemania.

El ataque a la policía alemana y la defensa de Valmanya

Una de sus operaciones más conocidas fue el ataque contra la sede de la policía de seguridad alemana instalada en las termas de Le Boulou. Las fuentes coinciden en que Gandía y sus hombres atacaron el edificio y redujeron a un oficial alemán nazi, aunque discrepan sobre su desenlace: la investigación de Murcianos de Dinamita habla de su captura, mientras que la citación militar reproducida por la Amicale afirma que el oficial alemán murió durante la acción.

Entre el 28 y el 29 de julio de 1944, guerrilleros españoles y resistentes franceses entraron en Prades y ocuparon temporalmente la localidad. La respuesta alemana dio lugar pocos días después a la batalla de Valmanya, en las laderas del macizo del Canigó. Entre cien y ciento diez resistentes defendieron el pueblo durante varias horas, hasta que la escasez de munición los obligó a retirarse.

Gandía quedó encargado de proteger la retirada. Una certificación de la Quinta Región Militar francesa, fechada el 15 de enero de 1947, destacó que consiguió sacar a sus hombres sin sufrir pérdidas y que se había distinguido por su conducta heroica bajo el fuego. Los alemanes no lograron destruir a la guerrilla, pero incendiaron Valmanya y mataron a cuatro vecinos como represalia.

La batalla del puente de Reynès

El episodio que le valió su principal condecoración se produjo el 19 de agosto de 1944, durante los combates por la liberación de la zona de Céret.

Gandía dirigía entonces a una veintena de guerrilleros españoles. En el puente de Reynès, empuñando una ametralladora, consiguió frenar el avance de una columna alemana y apoderarse de una importante cantidad de armamento y municiones. Por aquella acción Francia le concedió la Croix de Guerre con estrella de bronce.

Las cifras concretas cambian dependiendo de la fuente. La investigación de Escudero habla de cinco camiones, dos automóviles y una motocicleta. La citación militar publicada por la Amicale menciona, en cambio, la captura de veinte camiones, cien fusiles, cinco ametralladoras pesadas, diez subfusiles y tres toneladas de munición. Aun con todo, tanto las fuentes memorialísticas como la investigación histórica coinciden en la importancia de la operación y en que fue el motivo de la Cruz de Guerra.

Dos años de clandestinidad después de la liberación

La derrota de Alemania no significó el final de la lucha para Rafael Gandía. La Amicale sostiene que pasó los dos años siguientes realizando misiones clandestinas en distintos puntos de España relacionadas con las organizaciones que intentaban reconstruir la resistencia antifranquista. La investigación de Fuensanta Escudero lo sitúa entre 1944 y 1946 como agente de enlace del Partido Comunista desde Perpiñán. La Dépêche, por su parte, lo definió como uno de los mensajeros clandestinos de la delegación toulousaine del Gobierno republicano en el exilio, que preparaba un posible regreso de la República.

El propio Gandía reconocería después el fracaso de aquel intento. Muchos jóvenes enviados a España murieron y el régimen franquista sobrevivió durante tres décadas más. Finalmente se estableció en Toulouse, donde comenzó otra vida muy distinta, aunque nunca abandonó la defensa de sus antiguos compañeros.

Vendedor de zapatos, poeta y referente de Toulouse

En 1945 se casó con María Díaz Tendero, conocida como Maruja, hija de un teniente coronel republicano muerto en un campo alemán. Tuvieron dos hijos, Charles y Jeanine —citada también como Jany—, y cinco nietos. Para ganarse la vida, Rafael trabajó como representante de calzado. En su tiempo libre escribía poesía y participaba activamente en la vida política, cultural y asociativa de los exiliados españoles.

En 1974 recibió la Medalla de la Liberación y la Medalla de Combatiente Voluntario de la Resistencia. Dos años más tarde participó en la refundación de la Amicale des Anciens Guérilleros Espagnols en France, heredera de una organización que había sido prohibida por el Gobierno francés en 1950. Fue durante cerca de treinta años presidente de la sección de Alto Garona y, desde 1987, presidió durante once años la Casa de España de Toulouse.

La asociación de antiguos guerrilleros lo describió tras su muerte como un hombre cálido, conciliador, generoso y profundamente comprometido con la libertad, la justicia y la solidaridad. Su boletín de 2011 afirma que fue distinguido dos veces con la Medalla de Oro de la ciudad de Toulouse. El dato coincide con el pie de foto publicado por La Dépêche du Midi, que señalaba que había recibido en dos ocasiones la medalla municipal.

También fue una de las voces que reclamaron que Francia reconociera la participación de los republicanos españoles en su liberación. En sus últimos años denunció que el relato oficial francés había tendido a borrar o minimizar la presencia de españoles y de otros extranjeros en la Resistencia. Su actividad pública fue constante: presidió asociaciones, participó en homenajes, dio testimonios ante las cámaras y trabajó para que la memoria de los guerrilleros pasara a las siguientes generaciones.

Rafael Gandía, poco antes de su muerte

Reconocido en Francia, desconocido en Yecla

Rafael Gandía murió el 28 de junio de 2011 en L’Union, en el área metropolitana de Toulouse. La Amicale cerró su semblanza con una despedida dirigida al hombre al que sus compañeros nunca habían dejado de llamar comandante Martín.

Francia le había concedido la Cruz de Guerra con estrella de bronce, la Medalla de la Liberación y la Medalla de Combatiente Voluntario de la Resistencia. Toulouse lo había distinguido en dos ocasiones, había presidido durante años su Casa de España y su muerte y posterior homenaje tuvieron espacio destacado en la prensa y contaron con la presencia de autoridades políticas y diplomáticas.

En Yecla, en cambio, apenas se conoce su nombre.

La historia de Rafael Gandía no es solamente la de un yeclano que combatió en dos guerras. Es la de un aprendiz de mecánico que llegó a capitán antes de cumplir 22 años; la de un prisionero que escapó cuando iba a ser entregado al franquismo; la de un fugitivo que tuvo que renunciar a su identidad para sobrevivir; y la de un trabajador forestal que convirtió una cuadrilla de leñadores y carboneros en una unidad guerrillera capaz de enfrentarse al Ejército nazi.

Pero también es la historia de alguien que, terminadas las armas, dedicó el resto de su vida a preservar la memoria de quienes habían combatido junto a él.

Toulouse lo recordó como un héroe. Quizá haya llegado el momento de que Yecla descubra también quién fue Rafael Gandía Lorenzo.


Fuentes consultadas

Bibliografía y documentación citadas por las fuentes

  • VV. AA. Expatriados. Monografías del Exilio Español, n.º 12. Madrid: Ediciones Memoria Viva, 2016, pp. 453-472.
  • Balent, André. «Les guerrilleros espagnols dans les Pyrénées-Orientales d’août 1944 à mars 1945, les autorités françaises et le contrôle de la frontière». Le Midi Rouge. Bulletin de l’Association Maitron Languedoc-Roussillon, n.º 14, 2009, pp. 24-44.
  • Aspar, Camille. Les Républicains espagnols en France. L’engagement politique de l’exil républicain espagnol en France de 1939 aux années 2000.
  • Alonso Alcalde, José Antonio; Vaz Aransáez, Jean; y Naharro-Calderón, José María. «Sobre memorias republicanas españolas en Francia: entre luces y sombras». Migraciones y Exilios, n.º 15.
  • Archives départementales des Pyrénées-Orientales. Expediente 26NUM1260W45, relativo a los ingresos, salidas y evasiones de Rafael Gandía en el campo de Argelès-sur-Mer.
  • Ministère des Armées de Francia, Mémoire des Hommes. Fondos documentales sobre la Resistencia y las operaciones desarrolladas en los Pirineos Orientales, referencias 66.6.11 y 66.6.16-20.
David Val
David Val
El periodista David Val escribe artículos en elperiodicodeyecla.com desde sus inicios. Se encarga de secciones como deportes y otras labores de promoción de este medio de comunicación.

Aprendiz de mecánico, capitán republicano con 21 años, fugitivo de un campo francés y comandante guerrillero contra la ocupación nazi, Rafael Gandía Lorenzo, conocido como el comandante Martín, recibió algunas de las principales distinciones de la Resistencia y se convirtió en una figura imprescindible de la comunidad española de Toulouse. En su ciudad natal, sin embargo, su nombre permanece prácticamente olvidado.

Cuando Rafael Gandía Lorenzo murió cerca de Toulouse, la prensa francesa no lo presentó simplemente como un antiguo combatiente español. La Dépêche du Midi lo despidió como una figura imprescindible de la España toulousaine y tituló su obituario hablando de la desaparición de un héroe que había recibido en dos ocasiones la medalla de la ciudad de Toulouse.

Unos meses después, en enero de 2012, la Casa de España de Toulouse se llenó para rendirle homenaje. Al acto asistieron el cónsul general de España, un senador francés, representantes municipales y departamentales, familiares y descendientes de antiguos combatientes republicanos. Los discursos recordaron tanto su valentía militar como su defensa de la dignidad humana y su faceta de poeta. La crónica francesa habla expresamente de una sala llena para despedirlo.

Aquel hombre homenajeado por autoridades y asociaciones francesas había nacido en Yecla el 11 de octubre de 1917.

De Yecla a los frentes de la Guerra Civil

La reconstrucción más extensa de su vida la publicó la investigadora Fuensanta Escudero Andújar en el proyecto Murcianos de Dinamita. Según su trabajo, Rafael había emigrado a Madrid y trabajaba como aprendiz de mecánico cuando se produjo el golpe militar de julio de 1936. Se alistó voluntariamente en el Quinto Regimiento, ingresó en el Partido Comunista a finales de aquel año y combatió en Somosierra, Talavera de la Reina, la Ciudad Universitaria, el Puente de los Franceses, Guadalajara y el Ebro, entre otros escenarios. Luchó bajo las órdenes de Enrique Líster y terminó la guerra con el grado de capitán, pese a tener solo 21 años.

El boletín número 122 de la Amicale des Anciens Guérilleros Espagnols, publicado tras su muerte, ofrece una versión coincidente. Explica que había sido destinado inicialmente a labores de enlace y transporte y que fue ascendiendo durante los tres años de guerra hasta alcanzar el grado de capitán. En la foto que abre este artículo aparece en 1938 con el uniforme del Ejército republicano.

El 9 de febrero de 1939, con Cataluña ya ocupada por las tropas franquistas, Gandía cruzó la frontera por Cerbère al frente de un convoy de camiones. Años después resumiría aquel momento en declaraciones recogidas por La Dépêche: habían sido derrotados y tenían que huir para no morir. Su destino, como el de decenas de miles de republicanos, fue el campo de concentración de Argelès-sur-Mer.

Rafael Gandía, comandante Martín

Hambre, frío y una estafa con un lingote falso

La vida de Rafael Gandía en Argelès contiene algunos de los episodios más extraordinarios de su biografía.

Lo encerraron en la zona de castigo conocida como El Islote. Recordaría el frío extremo, la miseria y la presencia de personas que rondaban el campo intentando comprar a precios irrisorios el oro y los escasos objetos de valor que conservaban los refugiados. Saber conducir le proporcionó cierta ventaja: el jefe de transportes del campo lo eligió como chófer y terminó convirtiéndose en su protector.

Según el testimonio del propio Gandía recuperado por Fuensanta Escudero, no tenía siquiera una manta. Para conseguir algo de dinero decidió engañar a quienes se aprovechaban de los internos. Con la ayuda de otro mecánico, pintó un trozo de metal para hacerlo pasar por un lingote de oro. Intentaron venderlo por 10.000 francos, aunque finalmente recibieron 500. El engaño fue descubierto, Gandía fue detenido y maltratado y se dictó contra él una orden de expulsión.

Las autoridades francesas lo incluyeron en un grupo de alrededor de cien republicanos que iban a ser conducidos desde Cerbère hasta Portbou y entregados a la España franquista. Rafael consiguió escapar durante el trayecto. Para evitar que volvieran a detenerlo adoptó una identidad falsa: Rafael Martín Ferreiro. Durante buena parte de los años siguientes sería conocido simplemente como Rafael Martín o como el comandante Martín.

Los archivos del campo demuestran que su existencia durante aquellos meses fue una sucesión de entradas, salidas, detenciones y fugas. Consta un nuevo ingreso en Argelès en abril de 1940, procedente de la prisión de Perpiñán; una evasión el 28 de junio; su incorporación en noviembre al Grupo de Trabajadores Extranjeros número 227, y una orden de búsqueda emitida apenas catorce días después porque había vuelto a desaparecer. La investigación de Escudero atribuye estos datos al expediente conservado en los Archivos Departamentales de los Pirineos Orientales.

Un ejército oculto entre leñadores y carboneros

Después de trabajar durante algún tiempo en un taller y en una fábrica de sedales para cañas de pescar, Gandía recibió el encargo de reunir a españoles capaces de vivir y trabajar en los bosques. Logró agrupar a más de cien hombres dedicados a la tala de árboles y a la fabricación de carbón. Aquel grupo de trabajadores acabaría convirtiéndose en la base de una unidad clandestina de la Resistencia.

Cuando los alemanes comenzaron a requisar trabajadores españoles durante la Segunda Guerra Mundial, Rafael abandonó el grupo de trabajo y se incorporó a los guerrilleros organizados en el departamento del Aude por el español Antonio Molina. Primero dirigió el tercer batallón de la Quinta Brigada de Guerrilleros y, después de ser trasladado a los Pirineos Orientales, el tercer batallón de la Primera Brigada. Allí adquirió definitivamente el nombre con el que sería recordado en Francia: comandante Martín.

Su vida volvió a estar marcada por las fugas. A finales de 1942, la policía rodeó el puesto de mando del batallón que dirigía. Gandía consiguió salir de la casa junto a otros dos guerrilleros y caminó durante 36 horas por las Corbières hasta alcanzar un lugar seguro. Ese mismo año se atribuyó a su grupo la voladura de una locomotora en la línea ferroviaria entre Lavelanet y Bram.

Ya en los Pirineos Orientales, sus hombres colaboraron con el maquis francés Henri Barbusse. Durante junio de 1944 atacaron vehículos militares, sabotearon líneas de ferrocarril y destruyeron locomotoras empleadas para transportar tropas y mineral de hierro. También consiguieron dinamita y paralizaron durante varios días envíos destinados a las acerías que trabajaban para Alemania.

El ataque a la policía alemana y la defensa de Valmanya

Una de sus operaciones más conocidas fue el ataque contra la sede de la policía de seguridad alemana instalada en las termas de Le Boulou. Las fuentes coinciden en que Gandía y sus hombres atacaron el edificio y redujeron a un oficial alemán nazi, aunque discrepan sobre su desenlace: la investigación de Murcianos de Dinamita habla de su captura, mientras que la citación militar reproducida por la Amicale afirma que el oficial alemán murió durante la acción.

Entre el 28 y el 29 de julio de 1944, guerrilleros españoles y resistentes franceses entraron en Prades y ocuparon temporalmente la localidad. La respuesta alemana dio lugar pocos días después a la batalla de Valmanya, en las laderas del macizo del Canigó. Entre cien y ciento diez resistentes defendieron el pueblo durante varias horas, hasta que la escasez de munición los obligó a retirarse.

Gandía quedó encargado de proteger la retirada. Una certificación de la Quinta Región Militar francesa, fechada el 15 de enero de 1947, destacó que consiguió sacar a sus hombres sin sufrir pérdidas y que se había distinguido por su conducta heroica bajo el fuego. Los alemanes no lograron destruir a la guerrilla, pero incendiaron Valmanya y mataron a cuatro vecinos como represalia.

La batalla del puente de Reynès

El episodio que le valió su principal condecoración se produjo el 19 de agosto de 1944, durante los combates por la liberación de la zona de Céret.

Gandía dirigía entonces a una veintena de guerrilleros españoles. En el puente de Reynès, empuñando una ametralladora, consiguió frenar el avance de una columna alemana y apoderarse de una importante cantidad de armamento y municiones. Por aquella acción Francia le concedió la Croix de Guerre con estrella de bronce.

Las cifras concretas cambian dependiendo de la fuente. La investigación de Escudero habla de cinco camiones, dos automóviles y una motocicleta. La citación militar publicada por la Amicale menciona, en cambio, la captura de veinte camiones, cien fusiles, cinco ametralladoras pesadas, diez subfusiles y tres toneladas de munición. Aun con todo, tanto las fuentes memorialísticas como la investigación histórica coinciden en la importancia de la operación y en que fue el motivo de la Cruz de Guerra.

Dos años de clandestinidad después de la liberación

La derrota de Alemania no significó el final de la lucha para Rafael Gandía. La Amicale sostiene que pasó los dos años siguientes realizando misiones clandestinas en distintos puntos de España relacionadas con las organizaciones que intentaban reconstruir la resistencia antifranquista. La investigación de Fuensanta Escudero lo sitúa entre 1944 y 1946 como agente de enlace del Partido Comunista desde Perpiñán. La Dépêche, por su parte, lo definió como uno de los mensajeros clandestinos de la delegación toulousaine del Gobierno republicano en el exilio, que preparaba un posible regreso de la República.

El propio Gandía reconocería después el fracaso de aquel intento. Muchos jóvenes enviados a España murieron y el régimen franquista sobrevivió durante tres décadas más. Finalmente se estableció en Toulouse, donde comenzó otra vida muy distinta, aunque nunca abandonó la defensa de sus antiguos compañeros.

Vendedor de zapatos, poeta y referente de Toulouse

En 1945 se casó con María Díaz Tendero, conocida como Maruja, hija de un teniente coronel republicano muerto en un campo alemán. Tuvieron dos hijos, Charles y Jeanine —citada también como Jany—, y cinco nietos. Para ganarse la vida, Rafael trabajó como representante de calzado. En su tiempo libre escribía poesía y participaba activamente en la vida política, cultural y asociativa de los exiliados españoles.

En 1974 recibió la Medalla de la Liberación y la Medalla de Combatiente Voluntario de la Resistencia. Dos años más tarde participó en la refundación de la Amicale des Anciens Guérilleros Espagnols en France, heredera de una organización que había sido prohibida por el Gobierno francés en 1950. Fue durante cerca de treinta años presidente de la sección de Alto Garona y, desde 1987, presidió durante once años la Casa de España de Toulouse.

La asociación de antiguos guerrilleros lo describió tras su muerte como un hombre cálido, conciliador, generoso y profundamente comprometido con la libertad, la justicia y la solidaridad. Su boletín de 2011 afirma que fue distinguido dos veces con la Medalla de Oro de la ciudad de Toulouse. El dato coincide con el pie de foto publicado por La Dépêche du Midi, que señalaba que había recibido en dos ocasiones la medalla municipal.

También fue una de las voces que reclamaron que Francia reconociera la participación de los republicanos españoles en su liberación. En sus últimos años denunció que el relato oficial francés había tendido a borrar o minimizar la presencia de españoles y de otros extranjeros en la Resistencia. Su actividad pública fue constante: presidió asociaciones, participó en homenajes, dio testimonios ante las cámaras y trabajó para que la memoria de los guerrilleros pasara a las siguientes generaciones.

Rafael Gandía, poco antes de su muerte

Reconocido en Francia, desconocido en Yecla

Rafael Gandía murió el 28 de junio de 2011 en L’Union, en el área metropolitana de Toulouse. La Amicale cerró su semblanza con una despedida dirigida al hombre al que sus compañeros nunca habían dejado de llamar comandante Martín.

Francia le había concedido la Cruz de Guerra con estrella de bronce, la Medalla de la Liberación y la Medalla de Combatiente Voluntario de la Resistencia. Toulouse lo había distinguido en dos ocasiones, había presidido durante años su Casa de España y su muerte y posterior homenaje tuvieron espacio destacado en la prensa y contaron con la presencia de autoridades políticas y diplomáticas.

En Yecla, en cambio, apenas se conoce su nombre.

La historia de Rafael Gandía no es solamente la de un yeclano que combatió en dos guerras. Es la de un aprendiz de mecánico que llegó a capitán antes de cumplir 22 años; la de un prisionero que escapó cuando iba a ser entregado al franquismo; la de un fugitivo que tuvo que renunciar a su identidad para sobrevivir; y la de un trabajador forestal que convirtió una cuadrilla de leñadores y carboneros en una unidad guerrillera capaz de enfrentarse al Ejército nazi.

Pero también es la historia de alguien que, terminadas las armas, dedicó el resto de su vida a preservar la memoria de quienes habían combatido junto a él.

Toulouse lo recordó como un héroe. Quizá haya llegado el momento de que Yecla descubra también quién fue Rafael Gandía Lorenzo.


Fuentes consultadas

Bibliografía y documentación citadas por las fuentes

  • VV. AA. Expatriados. Monografías del Exilio Español, n.º 12. Madrid: Ediciones Memoria Viva, 2016, pp. 453-472.
  • Balent, André. «Les guerrilleros espagnols dans les Pyrénées-Orientales d’août 1944 à mars 1945, les autorités françaises et le contrôle de la frontière». Le Midi Rouge. Bulletin de l’Association Maitron Languedoc-Roussillon, n.º 14, 2009, pp. 24-44.
  • Aspar, Camille. Les Républicains espagnols en France. L’engagement politique de l’exil républicain espagnol en France de 1939 aux années 2000.
  • Alonso Alcalde, José Antonio; Vaz Aransáez, Jean; y Naharro-Calderón, José María. «Sobre memorias republicanas españolas en Francia: entre luces y sombras». Migraciones y Exilios, n.º 15.
  • Archives départementales des Pyrénées-Orientales. Expediente 26NUM1260W45, relativo a los ingresos, salidas y evasiones de Rafael Gandía en el campo de Argelès-sur-Mer.
  • Ministère des Armées de Francia, Mémoire des Hommes. Fondos documentales sobre la Resistencia y las operaciones desarrolladas en los Pirineos Orientales, referencias 66.6.11 y 66.6.16-20.
David Val
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