Vicente Chumilla: «Me apetecía mucho volver a exponer en Yecla»

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El pintor yeclano Vicente Chumilla vuelve a exponer en Yecla. Lo hace 14 años después de su última exposición en nuestra ciudad y 44 años después de su primera muestra colectiva, que también fue en Yecla. Ahora, vuelve un Vicente mucho más maduro, centrado de nuevo en lo abstracto, pero sin olvidar del todo lo figurativo que estuvo muy presente en las pinturas de sus últimos años, así como en la de los inicios, ligado a su maestro y mentor Miguel Palao. 

Carbón y Cal, que así se llama la exposición, se inaugura el 10 de mayo a las 20:00 horas en la sala de exposiciones de la Casa Municipal de Cultura y se podrá visitar hasta el 26 de mayo en horario de 19:00 a 21:00 horas (de lunes a sábado) y de 11:00 a 13:00 horas en domingo. 

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Pero, ¿cuánto ha cambiado Vicente Chumilla en todos estos años?

La diferencia es muy grande. He llegado a la conclusión de que uno es la suma de todo lo que ha sido siendo. De niño, de joven… Hace 14 años estaba muy presente en galerías, tenía mucha proyección profesional, pero también era mucho más inseguro. Ahora quizá tengo menos proyección en galerías, pero ando con mucha más seguridad. Al final, la madurez sirve para eso.

¿Qué vamos a poder encontrar en esta nueva muestra?

Carbón y Cal consta de 14-15 cuadros que tienen que ver con el título, sobre el que ahora profundizaré. Antes, quiero incidir en que además de esta sección, voy a colocar otro apartado que se va a llamar Obsesiones y Caprichos. Una pared llena de papeles sin enmarcar, con obsesiones y temas en los que he ido trabajando en los últimos años. Es en estos dibujos donde experimento, donde juego, donde me voy a la figuración, a la abstracción… donde camino por donde me da la gana. Además, la mayoría de estos papeles son de trozos de carteles que encuentro por la calle. Los voy pegando y pintando encima. Cuando expones en una galería te piden que haya un hilo conductor coherente. Ese es el proyecto de Carbón y Cal, pero me apetecía también enseñar esta parte un poco veleta, pues también forma parte de mí.

Por su parte, en Carbón y Cal dejo claro que la madurez me ha ayudado a eliminar cosas superfluas, innecesarias. En mi caso, principalmente, el color. Casi toda la obra es en blanco y negro, si bien hay ciertos colores, pero no dejan de ser anecdóticos. Es el blanco y negro lo que me gusta, donde me siento cómodo y por eso he decidido quedarme solo con esa esencia. 

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Siempre has dicho que pintas desde el presente, sin pensar en nada, y que dejas tu mano fluir. Pero, ¿tienen ese carbón y esa cal algo que ver con tu infancia de nieto de calero?

Por supuesto. Lo primero que aprendí a hacer con mis manos, con apenas cinco años, fueron hornos de cal con montañas de piedras para quemarlas. Me enseñó mi abuelo porque yo tenía que ser calero como él. Además, vendíamos cal en mi casa, en la calle San Cristóbal. Por tanto, mi retina está llena de blancos. Es un color que me resulta muy familiar y muy íntimo. Esa es la historia de la cal, que forma parte de mi infancia. 

Y el carbón tiene que ver con Miguel Palao. En todos los cuadros hay carboncillo. Porque  el carbón es la herramienta más prehistórica a la hora de poder contar algo con imágenes. Es decir, en el carbón hay parte de mi origen como pintor.

Ahí quería llegar yo, ¿qué hay de Miguel Palao en Carbón y Cal?

Hay de todo, pero al mismo tiempo también hay ruptura. Leí hace poco que un héroe es aquel que traiciona a su padre, como Prometeo, que robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres. Por tanto, este carbón es un reconocimiento a Miguel, a quien debo todo, pero a la vez una ruptura, porque mi pintura ya no tiene nada que ver. Aun con todo, aparecen figuras y algunas cosas más que sí tienen que ver con su pulso nervioso.

Durante los últimos tiempos, volviste un poco a la figuración de tus inicios. Ahora, vuelves a romper en parte con ese pasado reciente y remoto. ¿Hacia dónde va ahora tu obra?

Soy muy contradictorio. El otro día un amigo me decía que había encontrado la figura dentro de la abstracción. He vuelto al muro, es decir, a pintar en dos dimensiones sobre planos muy planos. Esa, por ejemplo, es la gran diferencia con Miguel, pues él era un pintor que buscaba la similitud con la realidad. 

Por eso usas la mano izquierda, por tu intención de buscar nuevas realidades…

Sí, en estas obras hay mucha mano izquierda. Con la mano derecha soy muy correcto, por eso la izquierda me ayuda a romper con el dominio técnico. Me gusta mostrar esa torpeza, porque en ella hay más expresividad. 

¿Tenías ganas de exponer de nuevo en Yecla?

Pues sí. La verdad es que sí. Vuelvo porque me apetecía mucho exponer en Yecla. Pero lo que tampoco sé muy bien es por qué.


 

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