Fue considerado uno de los pintores más afamados de Valencia, sus contemporáneos llegaron a comparar sus cuadros con obras procedentes de Roma y el Ayuntamiento de Valencia quiso confiarle el retrato oficial de Fernando VI. Maestro de figuras como Antonio Ponz y Mariano Salvador Maella, Antonio Richarte nació en Yecla en 1690, mantuvo durante toda su vida una estrecha relación con su localidad natal y llegó a convertirse en uno de los últimos grandes representantes del Barroco valenciano. Dos siglos y medio después, parte de su obra continúa perdida o incluso pendiente de identificar.
En agosto de 1746, Valencia se preparaba para proclamar solemnemente a su nuevo rey, Fernando VI. El Ayuntamiento de la capital del Turia necesitaba un retrato del monarca que presidiera el dosel de la sala capitular de la Casa de la Ciudad durante los actos oficiales. No era un encargo menor, por eso había que elegir a uno de los mejores pintores disponibles.
El nombre escogido fue Antonio Richarte Escámez. El Libro Capitular municipal justificaba la decisión con una frase inequívoca: había que recurrir a Richarte porque era “pintor de los más afamados que hay en esta ciudad”.
Richarte, sin embargo, rechazó el trabajo. Y no una sola vez. Tras varias negativas, el encargo acabaría en manos de un jovencísimo José Vergara, entonces de apenas veinte años. La documentación conservada no explica por qué Richarte se negó a pintar al rey.
Aquel artista al que el Ayuntamiento de Valencia consideraba uno de los mejores pintores de la ciudad había nacido, más de medio siglo antes, en Yecla. Sin embargo, su nombre es hoy prácticamente desconocido para buena parte de sus paisanos.
Un artista que merece ser recuperado
Buena parte de lo que actualmente conocemos sobre Antonio Richarte se debe a décadas de investigación del historiador del arte Francisco Javier Delicado Martínez y, especialmente, al estudio publicado en 2021 junto a Elvira Mas Zurita y Francisco José Carpena Chinchilla en Archivo de Arte Valenciano.
El trabajo, titulado Nuevas consideraciones sobre el pintor barroco Antonio Richarte (Yecla, 1690-Valencia, 1763), obras y discípulos. Su testamento, reconstruye su trayectoria a partir del hallazgo de documentos notariales, poderes de representación, su testamento, el inventario y reparto de sus bienes y documentación conservada tanto en Valencia como en Yecla.
Gracias a ellos ha sido posible precisar aspectos de su vida familiar y profesional, localizar nuevas obras y ampliar su catálogo. Los autores llegan a definir a Richarte como el último representante de la pintura barroca valenciana, una figura situada en la frontera entre un mundo artístico que desaparecía y el nuevo neoclasicismo que comenzaba a imponerse. Y quizá sea precisamente esa posición intermedia la que terminó contribuyendo a su posterior olvido.
Nació en Yecla en 1690
Antonio Richarte Escámez nació en Yecla el 10 de mayo de 1690. Era hijo de Lorenzo Richarte, natural de Biar, y de la yeclana Josefa Escámez. Su padre murió cuando Antonio tenía apenas tres años y su madre volvió a casarse con Francisco Muñoz, matrimonio del que nacieron tres hermanastros del futuro pintor: Francisco, Pedro y Bernarda.
Las investigaciones más recientes permiten corregir además algunos errores transmitidos durante años por repertorios biográficos. Richarte no murió en 1764, como todavía recogen algunas referencias antiguas. Falleció en Valencia el 4 de julio de 1763, dos días después de otorgar testamento. Pero su camino hasta convertirse en uno de los pintores más reputados de Valencia comenzó lejos de allí.
De Murcia al Madrid del Siglo de Oro
Richarte se formó inicialmente en Murcia con Senén Vila y con su hijo Lorenzo Vila. Allí aprendió los rudimentos del dibujo y de la pintura hasta que, en 1708, con unos dieciocho años, emprendió un nuevo viaje: Madrid.
Permaneció alrededor de cuatro años en la Corte y entabló amistad con el pintor Miguel Jacinto Meléndez de Ribera, con quien perfeccionó especialmente el uso del color. Pero la importancia de aquella estancia iba mucho más allá.
En Madrid pudo contemplar directamente algunas de las grandes obras del Siglo de Oro español conservadas en colecciones reales y privadas: Velázquez, Ribera, Maíno, Alonso Cano, Francisco Rizi o Juan de Pareja.
También conoció la obra de Claudio Coello, Francisco Antolínez y Murillo, cuya influencia resultaría después reconocible en sus composiciones religiosas. A través de estampas pudo aproximarse además a la pintura francesa de los hermanos Mignard. En conclusión, Richarte salió de Yecla como aprendiz y regresó de Madrid convertido ya en un artista con una importante cultura visual. Pero no volvió para quedarse.
Valencia, 1712: empieza la gran carrera de Richarte
Hacia 1712, Richarte se instaló definitivamente en Valencia. La ciudad todavía acusaba las consecuencias de la Guerra de Sucesión y de la abolición de los Fueros decretada por Felipe V pocos años antes. Allí, en la calle de la Nave, muy cerca del Estudi General de la Universitat de València, Richarte abrió su propio taller. Aquel obrador sería mucho más que un lugar de producción artística; fue también una pequeña escuela.
Muchachos de doce, trece o quince años acudían allí para aprender dibujo, colorido y los principios del oficio. Algunos continuarían posteriormente su formación en Madrid o incluso en Roma. La documentación permite conocer incluso cómo funcionaba económicamente aquella formación: Richarte cobraba tres sueldos diarios por proporcionar a sus alumnos enseñanza, alojamiento y manutención.
Uno de esos aprendices sería otro joven de Yecla, Juan Fernández Requena (1713/14-ca. 1790), que había recibido sus primeras enseñanzas del pintor local Roque Román Vicente antes de trasladarse al taller valenciano de Richarte. Allí permaneció cerca de dos años, entre 1726 y 1728, e incluso pudo trabajar como ayudante de su maestro en el convento de Santo Domingo de Valencia.
Aun así, el asunto terminaría en los tribunales cuando el padre del muchacho, Pedro Fernández, tejedor de lana, dejó de abonar las cantidades acordadas por su formación, alojamiento y manutención. Richarte reclamó más de 1.400 reales y llevó el procedimiento hasta sus últimas consecuencias: los bienes del padre fueron ejecutados y este llegó incluso a ingresar en las cárceles de Yecla durante el conflicto económico. No parece que Antonio Richarte fuera precisamente un hombre fácil.
Finalmente, Juan Fernández regresaría a Yecla y desarrollaría aquí su propia trayectoria artística. A él se atribuye el programa pictórico realizado en 1747 en los lunetos, bóvedas y pechinas de la capilla de la Venerable Orden Tercera —actual capilla de la Virgen de las Angustias—, uno de los conjuntos monumentales más valiosos del siglo XVIII conservados en la ciudad. También consta que en 1759 talló y doró candeleros para la ermita de San Roque.
El pintor que se limpiaba los pinceles en la ropa
De la personalidad de Richarte conservamos una descripción excepcional. Marcos Antonio de Orellana, jurista e historiador valenciano del siglo XVIII, lo definió como un hombre de “genio colérico, vivo y penetrante”. Trabajaba, además, con una velocidad extraordinaria.
Según Orellana, en ocasiones pintaba con tanta intensidad que no quería detenerse ni siquiera para limpiar los pinceles. La solución era sencilla: se los limpiaba directamente en la ropa.
Su vestimenta de trabajo acabó convirtiéndose prácticamente en parte del personaje. Utilizaba una vieja casaca cubierta de manchas de pintura que, según quienes frecuentaban su taller, le daba el aspecto de un cónsul romano vestido con una toga picta. Richarte parecía incluso disfrutar de las bromas que esa indumentaria provocaba entre quienes visitaban el obrador.
Aquella excentricidad convivía, sin embargo, con un enorme prestigio profesional.
El pintor más célebre de Valencia
Las palabras que algunos contemporáneos dedicaron a Richarte permiten hacerse una idea mucho más precisa de la consideración que alcanzó en Valencia.
En 1755, el dominico e historiador fray José Teixidor y Trilles contempló dos grandes lienzos realizados por Richarte para el Real Convento de Predicadores: El tránsito de la Virgen y El castigo de Heliodoro. Y su opinión fue rotunda.
Definió al natural de Yecla como “el pintor más célebre que hoy se conoce en esta ciudad” y explicó que algunas personas, al contemplar aquellas pinturas, habían llegado a preguntarse si serían obra de algún famoso pintor romano.
Pero la comparación con Roma no fue el único elogio. El escultor italiano Juan Domingo Olivieri, impulsor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, contempló el boceto de otra obra de Richarte, el Tránsito de San Pascual Baylón. Su reacción quedó también registrada: “Esto no hay quien lo haga en Madrid”.
Dos testimonios diferentes colocaban así al yeclano en la primera línea de la pintura valenciana de su tiempo.

El Ayuntamiento quiso confiarle el retrato de Fernando VI
Su prestigio era tal que no se limitaba a los ambientes religiosos o artísticos. En 1746, cuando Fernando VI accedió al trono, el Ayuntamiento de Valencia recurrió a Richarte para realizar el retrato oficial que debía presidir los actos de proclamación.
El documento municipal argumentaba el encargo al ser el de Yecla uno de los pintores más afamados de la ciudad. Sin embargo, Richarte se negó. No sabemos por qué.
Podía tratarse de una cuestión económica, artística, política o simplemente de disponibilidad. Cualquier explicación sería especulativa. Lo único que permiten afirmar los documentos es que rechazó varias veces el encargo y que finalmente este pasó a José Vergara.
Pero la anécdota revela hasta dónde había llegado aquel artista nacido en Yecla: la principal institución municipal valenciana quiso convertirlo en el responsable de fijar la imagen oficial del nuevo rey.
Pintó iglesias enteras
Aun así, la producción de Richarte fue enorme. Trabajó tanto al óleo como al fresco y sus obras se extendieron por todo el antiguo Reino de Valencia. Pintó en Sagunto, Almenara, Carcaixent, Gilet, Godella, Massamagrell, Real de Montroi, Cheste y Valencia, entre otras localidades.
Sus principales clientes fueron órdenes religiosas, párrocos, cofradías, gremios, miembros de la nobleza ilustrada y una burguesía urbana formada por escribanos, funcionarios, sederos y otros profesionales.
Richarte trabajó además junto a algunos de los grandes retablistas y escultores valencianos del momento, entre ellos Jaume Molins, Andrés Robles o Tomás Paradís. Sin duda, una de sus empresas más ambiciosas fue la decoración de la iglesia de la Congregación de San Felipe Neri.
El encargo fue tan grande y se prolongó durante tanto tiempo que Richarte no llegó a terminar todas las figuras de los Evangelistas proyectadas para las pechinas del crucero. José Vergara tendría que completar posteriormente el trabajo.
Cabezas brillantes, ropajes sin terminar
Los estudios sobre su pintura permiten incluso acercarnos a su manera de trabajar. Richarte tenía una gran facilidad para pintar rostros y cabezas, pero mucha menos paciencia para los ropajes. En algunas composiciones dejaba los pliegues de las vestimentas simplemente esbozados o inacabados.
Su pintura combinaba diferentes ecos del gran Barroco español: glorias de ángeles próximas a Claudio Coello o Murillo; indumentarias que recuerdan a Carreño; fondos en penumbra de resonancias velazqueñas e incluso momentos de tenebrismo próximo a Zurbarán.
No fue un revolucionario de la pintura; precisamente al contrario: Richarte fue un artista profundamente ligado a la tradición del siglo XVII cuando el XVIII empezaba ya a buscar otros lenguajes. Pero su enorme capacidad de trabajo y su dominio técnico consolidaron su fama.
Maestro de Antonio Ponz
El taller de la calle de la Nave en Valencia produjo algunos discípulos extraordinarios. Uno de ellos fue Antonio Ponz y Piquer, que acudía siendo todavía muy joven a las clases de dibujo de Richarte durante sus vacaciones en Valencia. Ponz terminaría convirtiéndose en una de las grandes figuras intelectuales de la Ilustración española.
Su monumental Viaje de España, publicado en dieciocho volúmenes, constituye una de las fuentes fundamentales para conocer el patrimonio artístico español del siglo XVIII. Desde 1776 fue además secretario perpetuo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Antes de convertirse en aquel célebre viajero e historiador, había aprendido dibujo en el taller de un pintor nacido en Yecla.
Y también de un futuro pintor de cámara del rey
Pero todavía existe otro discípulo de mayor proyección artística, el valenciano Mariano Salvador Maella.
Maella se formó inicialmente con su padre y también con Richarte. Cuando tenía apenas doce años marchó a Madrid para continuar sus estudios. La relación entre ambos debió de ser estrecha: Richarte le prestó 100 pesos para ayudarlo a continuar su formación. Años después tendría que reclamar judicialmente aquella cantidad.
El muchacho al que Richarte había ayudado económicamente alcanzaría después las mayores cotas posibles dentro de la pintura española. Maella trabajó en Palacio, colaboró con Anton Raphael Mengs y acabaría convirtiéndose en pintor de cámara de Carlos III y Carlos IV, además de proporcionar modelos para la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara.
La influencia de Richarte llegó así indirectamente hasta la propia Corte.
Nunca rompió con Yecla
Aunque su carrera se desarrolló fundamentalmente en Valencia, Antonio Richarte nunca cortó sus vínculos con su localidad natal. Tal y como recoge el completo estudio de Francisco Javier Delicado, regresó en diferentes ocasiones y mantuvo aquí propiedades, intereses económicos y relaciones familiares.
Su presencia en Yecla está documentada, por ejemplo, en enero de 1738, cuando otorgó poderes notariales a su hermanastro Pedro Muñoz. Sus propios hijos pasaron largas temporadas en Yecla junto a su abuela, Josefa Escámez. Y la razón resulta especialmente comprensible al conocer su historia familiar.
Richarte se había casado hacia 1732 con María Manuela Bru de Ábalos. Tuvieron dos hijos: Pascual Thadeo, que también sería pintor, y María Manuela. La esposa murió en 1735, posiblemente como consecuencia del parto. Abrumado además por su actividad profesional, Richarte tuvo que recurrir a familiares para ayudarle a cuidar y administrar los bienes de los niños.
Yecla siguió siendo durante décadas parte de su vida.

Una casa de campo, viñas y 4.500 sarmientos
Pero la relación de Richarte con su tierra natal no fue únicamente sentimental. En agosto de 1756 adquirió una finca en la Rambla de Panizo, cerca del paraje de la Fuente de la Negra. La propiedad incluía una casa de campo, alrededor de treinta fanegas de tierra, un pozo de agua viva y permanente, olivos, otros árboles y un viñedo nuevo con nada menos que 4.500 sarmientos. Pagó por todo ello 3.000 reales.
La utilizaba durante sus estancias estivales y años después acabaría donándosela a su hijo Pascual Thadeo. Resulta sugerente imaginar a aquel pintor que llenaba iglesias y conventos valencianos con su obra regresando durante el verano a las tierras de Yecla.
Un artista que vivió bien de su oficio
Antonio Richarte tampoco responde al tópico del artista genial condenado a la pobreza. La documentación refleja una situación económica desahogada. Poseía la casa en la que vivía y trabajaba en la calle de la Nave de Valencia, valorada en 800 libras valencianas, además de la finca de Yecla.
Cuando murió, el inventario de sus bienes registró numerosas pinturas almacenadas en su casa y taller, muebles, ropa y cantidades de dinero. Su discípulo Juan Collado fue elegido precisamente para tasar las obras de arte dejadas por el maestro. Richarte había conseguido algo complicado en la época: vivir de la pintura, acumular patrimonio y dejar herencia a sus hijos.
La muerte de un mundo artístico
Antonio Richarte otorgó testamento el 2 de julio de 1763. Murió dos días después, el 4 de julio, y fue enterrado en la parroquia valenciana de San Esteban Protomártir. Tenía 73 años.
Su muerte coincidía simbólicamente con una profunda transformación del gusto artístico. El Barroco al que había dedicado toda su vida se encontraba en retirada. Una nueva generación encabezada en Valencia por figuras como José Vergara avanzaba hacia las fórmulas académicas y neoclásicas.
Por eso los autores del estudio de 2021 consideran a Richarte una auténtica figura bisagra y uno de los últimos representantes de la tradición barroca valenciana. Y quizá precisamente por representar un mundo que desaparecía terminó también desapareciendo progresivamente su nombre.
Diez cuadros aparecieron dos siglos después
La historia de Antonio Richarte, sin embargo, no terminó en 1763. En 2002, diez lienzos suyos realizados hacia 1736 para el antiguo retablo mayor de la iglesia del Pilar de Valencia fueron localizados después de haber sido considerados desaparecidos. Las obras fueron restauradas al año siguiente.
Otros cuadros continúan hoy repartidos entre iglesias, museos y conventos. El Museo de Bellas Artes de Valencia conserva obras como El tránsito de la Virgen, El castigo de Heliodoro, El Buen Pastor y San Pío V, además de dibujos de asunto mitológico. La Biblioteca Nacional conserva también un dibujo atribuido a su mano.
Sin embargo, no todo lo conocido se encuentra en buenas condiciones. Algunas pinturas han sufrido desamortizaciones, guerras, traslados y décadas de abandono, hasta el punto de que ciertas obras necesitan todavía intervenciones que permitan recuperar correctamente sus colores y composición.
Quizá todavía haya cuadros de Richarte esperando ser descubiertos
El estudio de Delicado Martínez, Mas Zurita y Carpena Chinchilla termina planteando una posibilidad especialmente fascinante: Antonio Richarte fue enormemente prolífico. Muchísimo se perdió, pero no todo lo que sobrevivió está necesariamente identificado.
Los investigadores sostienen que aún queda obra por localizar o atribuir entre templos, museos y colecciones particulares. Su conclusión resulta casi una invitación a seguir buscando: Richarte fue relegado por buena parte de la historiografía moderna pese a que el propio Ayuntamiento de Valencia lo consideró en vida uno de los pintores más afamados de la ciudad.
Puede que, en algún lugar, una pintura catalogada simplemente como obra valenciana anónima del siglo XVIII siga esperando que alguien reconozca en ella la mano del pintor yeclano.
Prácticamente desconocido en Yecla
Obviamente, Antonio Richarte no fue Velázquez, Murillo ni Zurbarán. Tampoco revolucionó la pintura española, pero medir su importancia únicamente por comparación con los grandes nombres de la historia del arte sería cometer precisamente la injusticia que lo ha condenado al olvido.
Fue uno de los pintores más solicitados de la Valencia de la primera mitad del siglo XVIII, el Ayuntamiento quiso que retratara al rey y varios contemporáneos de reconocido prestigio lo catalogaron como el pintor más célebre de la ciudad.
Además, formó a artistas que acabarían entrando en la historia cultural española, pintó durante más de medio siglo iglesias, retablos, capillas, frescos y lienzos por todo el territorio valenciano. Y nunca olvidó a su Yecla natal. Quizá haya llegado el momento de devolverle el lugar que merece.

Fuente principal del reportaje
Este artículo ha sido elaborado principalmente a partir de:
DELICADO MARTÍNEZ, Francisco Javier; MAS ZURITA, Elvira; y CARPENA CHINCHILLA, Francisco José. Nuevas consideraciones sobre el pintor barroco Antonio Richarte (Yecla, 1690-Valencia, 1763), obras y discípulos. Su testamento. Archivo de Arte Valenciano, vol. 102, 2021, pp. 151-172.
El estudio utiliza documentación procedente, entre otros fondos, del Archivo de Protocolos Notariales del Patriarca de Valencia, el Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Yecla, el Archivo Histórico Municipal de Valencia, archivos parroquiales valencianos, el Archivo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y otras fuentes históricas y artísticas.
Los autores destacan expresamente que la aparición del testamento, el inventario de bienes y diferentes documentos notariales ha permitido revisar aspectos hasta entonces desconocidos de la vida de Richarte, confirmar su relación continuada con Yecla e identificar nuevas obras de su producción.
NOTA: No se conoce, al menos por ahora, ningún retrato conservado de Antonio Richarte.
















