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🌰 viernes 09 diciembre 2022

Caso insólito (la vacuna de Carmen)

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Carmen, mi querida suegra, la madre de Ana, empezó a sentirse bien, muy bien -requetebién, decía ella- justo al día siguiente de que le pusieran la vacuna combinada de gripe y coronavirus. Durante años ha padecido de artrosis, vértigos, principio de diabetes, bronquitis crónica y migrañas. El domingo pasado se levantó por la mañana con un apetito voraz y se tomó para desayunar dos huevos fritos con cuatro lonchas de panceta, dos longanizas y tres rebanadas de pan ‘torrao’. Ella comía habitualmente menos que un jilguero y sufría de mala circulación en las piernas, pero ese día se fue a caminar hasta el santuario del castillo, recorrió el pueblo de punta a punta y, para rematar la mañana, subió la cuesta de su calle corriendo.

Antes de que llegar la hora de la comida ya estábamos muy preocupados. Carmen se encontraba totalmente pletórica. Ana pensó que podría ser la típica mejoría de antes de morir, pues tiene 95 años. Siempre ha tomado mucha medicación, desde joven, sin embargo ese día no había tomado ni una sola pastilla. Además, cantaba trap como la Rosalía.

Contra su voluntad la bajamos al hospital y de urgencia. Después de horas haciéndole pruebas salió una médico muy joven con cara de extrañeza y nos contó que la tensión, los análisis de sangre y el resultado de todas las pruebas parecían los de una chica de veinte años; y un médico mayor que la acompañaba sentenció:

—Yo creo que está mujer ser ha vuelto inmortal

No vocalizaba bien y le pregunté:
—¿Ha dicho usted inmoral o inmortal?

Nos aclaró que inmortal. Ana tenia muchas preguntas que hacer, pero se puso nerviosa y no le salían las palabras. La médico joven cogió de las manos a Ana para consolarla y con voz suave le dio un pronóstico indeciso y extravagante:

—Creo que su madre se ha curado milagrosamente de todos los males y parece otra persona. Le ha pedido prestado un pintalabios a una enfermera y el pelo antes gris y rizado, se le está volviendo oscuro y liso.
Nos miramos atónitos.
—Pero de salud como está —pregunté impaciente; me contestó el médico mayor cogiéndome de las manos, pero yo retrocedí y le di un manotazo en las suyas.
—¡Sin tocar oiga! —le grité. Tras disculparse añadió:
—Su suegra está perfectamente y dice que tiene que salir urgentemente que la está esperando su hija. Me parece que tiene usted suegra para toda la vida. Pero les recomendamos que visiten a un especialista, así que les vamos a dar un volante para el Hospital Virgen de la Arrisxaca de Murcia. Allí les recibirá el doctor Arranz que es amigo mío y en estas patologías es una eminencia.

Salimos del hospital y Carmen caminaba más deprisa que nosotros, saludaba a todo el mundo y canturreaba. El viaje a Murcia fue horroroso, Carmen no dejaba de insistir en que se encontraba perfectamente.
—¡Es una barbaridad acudir al médico por estar bien! —vociferaba. Pudimos tranquilizarla después de tomar unas marineras en un bar en la Plaza de las Flores.

Llevamos en Murcia desde hace tres días; han venido médicos de todas España y como no dan con la clave han reclamado la asistencia de un neurólogo americano que ha llegado en jet privado al aeropuerto de San Javier.

Magdalena, que es una enfermera prima de Ana y que estaba de guardia, nos ha contado que el neurólogo y su madre hablan de comida y que el americano apunta las recetas que le dicta Carmen en un inglés de acento británico. No podíamos salir de nuestro asombro, pues mi suegra ni siquiera era capaz de saludar en francés cuando iba a la vendimia a Francia.

Finalmente, hoy han recurrido a un virólogo de Oxford, tataranieto del valenciano que curó a Petronila; este ha desvelado la insólita razón por la cual Carmen está como está. Nos ha citado en un despacho acogedor, nos ha contado con delicadeza las ventajas de los efectos secundarios del caso y luego ha organizado una rueda de prensa.

Ha empezado a hablar el director del hospital murciano, que tras presentar a sus colegas se ha alargado en un discurso sobre la inmejorable eficacia de la sanidad murciana y española.

En penúltimo lugar, habló el americano, que solo dijo una frase inteligente y certera:
—¡Vivan los michiriones, el arroz con conejo, el zarangollo y viva Carmen! —Creo que a este le habían agasajado con vinos de la Región durante el almuerzo.

Los periodistas aplaudieron entusiasmados y finalmente habló el de Oxford, que fue concreto y preciso, como los que tienen conocimientos de verdad y no necesitan esconderse detrás de verborreas:

—Señoras, señores y señoros, esto ha sido un caso accidental de vacunación errónea y se le inyectó posiblemente doble dosis de la vacuna, pero la genética de la paciente ha reaccionado de manera positiva. Carmen va a viajar con nosotros a Oxford para que podamos seguir estudiando su caso, porque puede que gracias a ella, estemos a un paso para la solución de muchos problemas médicos.

—No se admiten preguntas —advirtió el director general de Sanidad.

Nadie sabía si aplaudir o no, pero lo que sí hicieron algunos periodistas fue intentar llamar a su respectivos medios para anunciar la exclusiva.

—Ni lo intenten, la habitación está neutralizada. —Carolina Darias, ministra de Sanidad, entró en ese momento como una aparición mariana protegida por veinte guardias civiles—. No tenéis cobertura y antes de salir tenéis que firmar un contrato de confidencialidad. ¡Nadie va a contar nada sobre este tema! El que no firme, no sale del hospital en tres meses.

Los periodistas protestaron un rato, pero después todos accedieron. En mí no se fijó nadie, no firmé nada y por eso lo cuento.
Ana está preparando maletas para las dos.


Relatos de Teo Carpena

Teo Carpena
Historias y leyendas de un hombre y su perro, que busca en los recuerdos su identidad. Teo Carpena emigró con su familia a Francia, después de la jubilación vuelve a Yecla y junto a varios amigos recompone su historia. Contacta conmigo en teocarpena@yahoo.es
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Carmen, mi querida suegra, la madre de Ana, empezó a sentirse bien, muy bien -requetebién, decía ella- justo al día siguiente de que le pusieran la vacuna combinada de gripe y coronavirus. Durante años ha padecido de artrosis, vértigos, principio de diabetes, bronquitis crónica y migrañas. El domingo pasado se levantó por la mañana con un apetito voraz y se tomó para desayunar dos huevos fritos con cuatro lonchas de panceta, dos longanizas y tres rebanadas de pan ‘torrao’. Ella comía habitualmente menos que un jilguero y sufría de mala circulación en las piernas, pero ese día se fue a caminar hasta el santuario del castillo, recorrió el pueblo de punta a punta y, para rematar la mañana, subió la cuesta de su calle corriendo.

Antes de que llegar la hora de la comida ya estábamos muy preocupados. Carmen se encontraba totalmente pletórica. Ana pensó que podría ser la típica mejoría de antes de morir, pues tiene 95 años. Siempre ha tomado mucha medicación, desde joven, sin embargo ese día no había tomado ni una sola pastilla. Además, cantaba trap como la Rosalía.

Contra su voluntad la bajamos al hospital y de urgencia. Después de horas haciéndole pruebas salió una médico muy joven con cara de extrañeza y nos contó que la tensión, los análisis de sangre y el resultado de todas las pruebas parecían los de una chica de veinte años; y un médico mayor que la acompañaba sentenció:

—Yo creo que está mujer ser ha vuelto inmortal

No vocalizaba bien y le pregunté:
—¿Ha dicho usted inmoral o inmortal?

Nos aclaró que inmortal. Ana tenia muchas preguntas que hacer, pero se puso nerviosa y no le salían las palabras. La médico joven cogió de las manos a Ana para consolarla y con voz suave le dio un pronóstico indeciso y extravagante:

—Creo que su madre se ha curado milagrosamente de todos los males y parece otra persona. Le ha pedido prestado un pintalabios a una enfermera y el pelo antes gris y rizado, se le está volviendo oscuro y liso.
Nos miramos atónitos.
—Pero de salud como está —pregunté impaciente; me contestó el médico mayor cogiéndome de las manos, pero yo retrocedí y le di un manotazo en las suyas.
—¡Sin tocar oiga! —le grité. Tras disculparse añadió:
—Su suegra está perfectamente y dice que tiene que salir urgentemente que la está esperando su hija. Me parece que tiene usted suegra para toda la vida. Pero les recomendamos que visiten a un especialista, así que les vamos a dar un volante para el Hospital Virgen de la Arrisxaca de Murcia. Allí les recibirá el doctor Arranz que es amigo mío y en estas patologías es una eminencia.

Salimos del hospital y Carmen caminaba más deprisa que nosotros, saludaba a todo el mundo y canturreaba. El viaje a Murcia fue horroroso, Carmen no dejaba de insistir en que se encontraba perfectamente.
—¡Es una barbaridad acudir al médico por estar bien! —vociferaba. Pudimos tranquilizarla después de tomar unas marineras en un bar en la Plaza de las Flores.

Llevamos en Murcia desde hace tres días; han venido médicos de todas España y como no dan con la clave han reclamado la asistencia de un neurólogo americano que ha llegado en jet privado al aeropuerto de San Javier.

Magdalena, que es una enfermera prima de Ana y que estaba de guardia, nos ha contado que el neurólogo y su madre hablan de comida y que el americano apunta las recetas que le dicta Carmen en un inglés de acento británico. No podíamos salir de nuestro asombro, pues mi suegra ni siquiera era capaz de saludar en francés cuando iba a la vendimia a Francia.

Finalmente, hoy han recurrido a un virólogo de Oxford, tataranieto del valenciano que curó a Petronila; este ha desvelado la insólita razón por la cual Carmen está como está. Nos ha citado en un despacho acogedor, nos ha contado con delicadeza las ventajas de los efectos secundarios del caso y luego ha organizado una rueda de prensa.

Ha empezado a hablar el director del hospital murciano, que tras presentar a sus colegas se ha alargado en un discurso sobre la inmejorable eficacia de la sanidad murciana y española.

En penúltimo lugar, habló el americano, que solo dijo una frase inteligente y certera:
—¡Vivan los michiriones, el arroz con conejo, el zarangollo y viva Carmen! —Creo que a este le habían agasajado con vinos de la Región durante el almuerzo.

Los periodistas aplaudieron entusiasmados y finalmente habló el de Oxford, que fue concreto y preciso, como los que tienen conocimientos de verdad y no necesitan esconderse detrás de verborreas:

—Señoras, señores y señoros, esto ha sido un caso accidental de vacunación errónea y se le inyectó posiblemente doble dosis de la vacuna, pero la genética de la paciente ha reaccionado de manera positiva. Carmen va a viajar con nosotros a Oxford para que podamos seguir estudiando su caso, porque puede que gracias a ella, estemos a un paso para la solución de muchos problemas médicos.

—No se admiten preguntas —advirtió el director general de Sanidad.

Nadie sabía si aplaudir o no, pero lo que sí hicieron algunos periodistas fue intentar llamar a su respectivos medios para anunciar la exclusiva.

—Ni lo intenten, la habitación está neutralizada. —Carolina Darias, ministra de Sanidad, entró en ese momento como una aparición mariana protegida por veinte guardias civiles—. No tenéis cobertura y antes de salir tenéis que firmar un contrato de confidencialidad. ¡Nadie va a contar nada sobre este tema! El que no firme, no sale del hospital en tres meses.

Los periodistas protestaron un rato, pero después todos accedieron. En mí no se fijó nadie, no firmé nada y por eso lo cuento.
Ana está preparando maletas para las dos.


Relatos de Teo Carpena

Teo Carpena
Historias y leyendas de un hombre y su perro, que busca en los recuerdos su identidad. Teo Carpena emigró con su familia a Francia, después de la jubilación vuelve a Yecla y junto a varios amigos recompone su historia. Contacta conmigo en teocarpena@yahoo.es
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2 Comentarios

  1. No se si la gente sabe que la ley de memoria histórica señala como «victimas del franquismo» a las personas (niños/as en su día) que pasaron la poliomielitis (polio). La Dictadura no vacunó ha esos niños, muchos cogieron esa infección por culpa de no estar vacunados y han pasado sus vidas o en silla de ruedas o con grandes dificultades de movilidad, sin contar los que no lo pudieron contar.
    Con estas cosas pocas bromas. El avance de la ciencia quienes más lo valoran son los que han pasado situaciones de las que señalo.
    Hoy como la suegra de Teo, estos niños hoy muy mayores, se vacunan hasta de sabañones si hubiese vacuna para esto y, recuerdan… si siendo niño me hubiesen vacunado otra vida hubiese tenido.

  2. Menuda historia!!no sé si es verdad o mentira o inventada…pero vamos que por ponerle a una persona dos vacunas un de gripe y otra del coron virus..y tenga esos síntomas no se yo!!!yo Teo carpena si quieres te cuento lo que le pasó a un conocido con su suegro..y el hospital virgen del castillo..el reina Sofía y la arrixaca de Murcia…por no estar vacunado…y sus famosos protocolos…del covid…y no solo de esa persona si no de más de un conocido y familiar…algún día te lo contaré con pelos y señales y informes médicos…solo te puedo decir una cosa no todos los médicos están comprado y han cometido errores muy graves tan graves como dejar morir a pacientes de hambre y inyectarles fármacos muy agresivos…digo lo de no todos los médicos son iguales pero también están los que callan por miedo a perder sus trabajos y por eso yo los considero cómplices de todo también…de todo!!bueno sigue escribiendo historietas de esta que algún día tendrás que escribir la verdadera verdad de todo los paciente que murieron supuestamente por covid!!!

Teo Carpena
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