El Alcázar desde los cristales

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Eran un poco más de las once de la noche cuando regresaban de ver la película “Toy Story 4”. Ella iba sentada en la parte atrás junto a su hija de cinco años en el coche que conducía su marido, cuando de repente un vehículo se saltó un stop e irrumpió su camino.

Como consecuencia del fuerte impacto, el conductor del otro vehículo -que dio positivo en las tasas de alcoholemia- falleció en el acto, y ella fue trasladada en estado muy grave al hospital de Elda, lugar donde un rato antes había estado en el cine.

Salió de Yecla a pasar un bonito día con su familia, y lo primero que notó fue que no sentía las piernas, y después de muchos días en la UCI del Hospital de Elda y la Arrixaca de Murcia, y casi un año en el Hospital de Parapléjicos de Toledo, ha vuelto a su pueblo en silla de ruedas.

Esto es pasado, ahora hay otra realidad, y una forma diferente de encarar esta nueva vida. Es madre y tiene una hija que la adora, además de esposa con un marido que la quiere y sobre todo la cuida, junto al resto de la familia.

Al salir a la calle, tiene muchos obstáculos aparte de un cierto miedo de subir en coche, cosa que poco a poco va perdiendo.

Hoy he tomado café con Montse Ortega. La he conocido precisamente un 24 de julio, la fecha que ingresó en un hospital a orillas del Tajo. Un centro de campeones donde cada día veía desde el pasillo de su habitación la catedral y el Alcázar de Toledo desde los cristales, con semblante rudo en estado puro y donde ha convivido entre otros con pacientes que solo podían mover las pestañas, y estando mucho peor, daban gracias a la vida y la animaban.

Montse tiene desde ya una historia para escribir cada día en su diario, y tengo sospechas fundadas que, entre los mejores momentos, estén aquellos en los que tiene a su hija en su regazo, y la pequeña le pregunte: “Mami, ¿cómo te encuentras?”.

Me dice que le pregunte cosas, y no me atrevo, sé que me hablará sin preguntar. Varias personas se han parado para saludarla, todas le han dado muestras evidentes de cariño y le han dicho que está muy guapa, cosa que se pude comprobar.

No siempre todos vemos los mismos abismos, por eso sabemos que debemos seguir luchando. Esta es mi amiga Montse, que ha vuelto a nuestro pueblo y necesita despegar, y de la que quiero aprender de su sensibilidad y capacidad para afrontar los nuevos retos.

a Leonor.


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