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🌰 domingo 04 diciembre 2022

Gachasmigas deconstruidas

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Se llama Víctor Manuel y es hijo de Ana; mi hijastro, para que nos entendamos. Es un «artista emergente», según afirma un crítico en un periódico de Granada que él se encarga de exhibir. Habla sentando cátedra, como si lo hiciera para un público especializado y repite su nombre artístico muy a menudo: «Feliciano Triana». Nadie entiende la razón del cambio de nombre y tampoco nos lo aclara, pero nos pide que a partir de ahora le llamemos por el nombre artístico.

Ha venido al cumpleaños de su madre con su novia y un amigo. Tuvimos una comida familiar; a Macarena ya la conocíamos. Feliciano nos presentó al segundo mejor chef de España, su acompañante, que se hace llamar Nacho Lacambra. No sabemos si es su nombre de pila o es el nombre artístico y es más tieso que una escoba. Dice que el primero es Dabiz Muñoz.

Con los cocineros ha pasado lo mismo que con los artistas modernos, los han endiosado. Y ellos, con aires de grandeza, se dedican a inventar platos extravagantes que los de a pie no somos capaces de entender…

Nuestro chef huésped, después de informarse sobre el plato más típico yeclano, las gachasmigas, y tras una larga sesión de meditadas teorías, se ha atrevido a inventar la deconstrucción de estas; ha llamando a este plato de vanguardia «crudi-gachas». Cuando lo puso encima de la mesa hubo un silencio denso, se notaba que nadie sabía qué decir, hasta que Concha, que es siempre la más espontánea, dijo con cariño:

—Prenda mía, esto no es comida, esto es una instalación artística incomestible y sin guisar.
—Pues ahí reside su interés —soltó el ilustre cocinero— es para que el mundo entienda la importancia del trigo y la crueldad de la guerra.

gachasmigas deconstruidas

En el plato había un montículo de harina con un hueco donde había un charquito de agua, unos ajos crudos alrededor, tres aceitunas, una rodaja de chorizo y remataba el plato con un chorrito de aceite de oliva y un pimiento seco. Otro silencio espeso invadió el comedor. Entonces Salvador, que es medio tío de Víctor o de Feliciano, le espetó:

—¿Pero tú de donde sacas tantos genios? Ya trajiste a un escultor que decía esculpir el aire, a un pintor que pintaba acelgas y ahora a esta eminencia. —El artista entendió la ironía a la primera y contestó airado:
—Lo que pasa es que no entendéis el arte y la cocina conceptual —aseveró mi hijastro con la rotundidad de un catedrático y Carmen, que es la abuela del muchacho, intentando apaciguar lo que podría avecinarse dijo una frase enternecedora:
—Si los muchachos son felices con eso, dejadlos en paz. Eso sí, yo no pruebo ese manjar, que los ajos crudos y yo somos incompatibles.

Ana, que estaba al quite, sacó lo de siempre: una fuente a rebosar de queso frito con tomate. Todo el mundo se puso a comer, incluido el chef. El vino empezó a correr y cuando la cosa parecía tranquila, el cocinero dijo con voz meliflua:

—Si queréis mañana os preparo un fluido de queso frito —y con el aliento de la última palabra revoloteando todavía en el aire contestó Salvador:
—¡Hasta ahí podríamos llegar! El queso frito con tomate es sagrado, ya hemos tenido que soportarlo a la plancha y con mermelada, que por cierto, es el plato más cursi y sin gracia del mundo, como para que ahora tú lo termines de fastidiar.

El segundo mejor chef de España, sin alterarse, argumentó que una cosa es comer y otra muy distinta es entender la comida.
—Nadie puede explicar la belleza de una flor o el trino de un canario —y se quedó mirándonos sonriente. Su amigo salió en su defensa asegurando que todo fluye hacia lo inmaterial y que el arte y la cocina de vanguardia se sustentan en ideas para combatir la estrechez mental de los humanos. Remató con una frase lapidaria:
—Los artistas siempre son incomprendidos por su generación, la historia reconocerá nuestra labor.

El Panocha estornudó con la potencia de un misil y luego se disculpó argumentando que era alérgico a la pedantería, pero los artistas retomaron sus argumentos. Fue el chef, quien con mirada estrábica, como si estuviera poseído por un ente divino, aclaró:
—La transversalidad cósmica nos aconseja transitar por un precipicio habitado por seres de visibilidad raquítica y los artistas estamos obligados a desvelar los secretos inherentes a la conquista de la verdad.
No hubo huevos a responder, así que tuve que romper el silencio y acariciando a Saturno sentencié:
—Pues yo creo que cuando los animales ostenten el poder, el arte desaparecerá —y como vi que tampoco nadie era capaz de responder, propuse servir el postre y recité de memoria la alineación del Yeclano para el partido de esa tarde.


Blog de Teo Carpena

Teo Carpena
Historias y leyendas de un hombre y su perro, que busca en los recuerdos su identidad. Teo Carpena emigró con su familia a Francia, después de la jubilación vuelve a Yecla y junto a varios amigos recompone su historia. Contacta conmigo en teocarpena@yahoo.es
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Se llama Víctor Manuel y es hijo de Ana; mi hijastro, para que nos entendamos. Es un «artista emergente», según afirma un crítico en un periódico de Granada que él se encarga de exhibir. Habla sentando cátedra, como si lo hiciera para un público especializado y repite su nombre artístico muy a menudo: «Feliciano Triana». Nadie entiende la razón del cambio de nombre y tampoco nos lo aclara, pero nos pide que a partir de ahora le llamemos por el nombre artístico.

Ha venido al cumpleaños de su madre con su novia y un amigo. Tuvimos una comida familiar; a Macarena ya la conocíamos. Feliciano nos presentó al segundo mejor chef de España, su acompañante, que se hace llamar Nacho Lacambra. No sabemos si es su nombre de pila o es el nombre artístico y es más tieso que una escoba. Dice que el primero es Dabiz Muñoz.

Con los cocineros ha pasado lo mismo que con los artistas modernos, los han endiosado. Y ellos, con aires de grandeza, se dedican a inventar platos extravagantes que los de a pie no somos capaces de entender…

Nuestro chef huésped, después de informarse sobre el plato más típico yeclano, las gachasmigas, y tras una larga sesión de meditadas teorías, se ha atrevido a inventar la deconstrucción de estas; ha llamando a este plato de vanguardia «crudi-gachas». Cuando lo puso encima de la mesa hubo un silencio denso, se notaba que nadie sabía qué decir, hasta que Concha, que es siempre la más espontánea, dijo con cariño:

—Prenda mía, esto no es comida, esto es una instalación artística incomestible y sin guisar.
—Pues ahí reside su interés —soltó el ilustre cocinero— es para que el mundo entienda la importancia del trigo y la crueldad de la guerra.

gachasmigas deconstruidas

En el plato había un montículo de harina con un hueco donde había un charquito de agua, unos ajos crudos alrededor, tres aceitunas, una rodaja de chorizo y remataba el plato con un chorrito de aceite de oliva y un pimiento seco. Otro silencio espeso invadió el comedor. Entonces Salvador, que es medio tío de Víctor o de Feliciano, le espetó:

—¿Pero tú de donde sacas tantos genios? Ya trajiste a un escultor que decía esculpir el aire, a un pintor que pintaba acelgas y ahora a esta eminencia. —El artista entendió la ironía a la primera y contestó airado:
—Lo que pasa es que no entendéis el arte y la cocina conceptual —aseveró mi hijastro con la rotundidad de un catedrático y Carmen, que es la abuela del muchacho, intentando apaciguar lo que podría avecinarse dijo una frase enternecedora:
—Si los muchachos son felices con eso, dejadlos en paz. Eso sí, yo no pruebo ese manjar, que los ajos crudos y yo somos incompatibles.

Ana, que estaba al quite, sacó lo de siempre: una fuente a rebosar de queso frito con tomate. Todo el mundo se puso a comer, incluido el chef. El vino empezó a correr y cuando la cosa parecía tranquila, el cocinero dijo con voz meliflua:

—Si queréis mañana os preparo un fluido de queso frito —y con el aliento de la última palabra revoloteando todavía en el aire contestó Salvador:
—¡Hasta ahí podríamos llegar! El queso frito con tomate es sagrado, ya hemos tenido que soportarlo a la plancha y con mermelada, que por cierto, es el plato más cursi y sin gracia del mundo, como para que ahora tú lo termines de fastidiar.

El segundo mejor chef de España, sin alterarse, argumentó que una cosa es comer y otra muy distinta es entender la comida.
—Nadie puede explicar la belleza de una flor o el trino de un canario —y se quedó mirándonos sonriente. Su amigo salió en su defensa asegurando que todo fluye hacia lo inmaterial y que el arte y la cocina de vanguardia se sustentan en ideas para combatir la estrechez mental de los humanos. Remató con una frase lapidaria:
—Los artistas siempre son incomprendidos por su generación, la historia reconocerá nuestra labor.

El Panocha estornudó con la potencia de un misil y luego se disculpó argumentando que era alérgico a la pedantería, pero los artistas retomaron sus argumentos. Fue el chef, quien con mirada estrábica, como si estuviera poseído por un ente divino, aclaró:
—La transversalidad cósmica nos aconseja transitar por un precipicio habitado por seres de visibilidad raquítica y los artistas estamos obligados a desvelar los secretos inherentes a la conquista de la verdad.
No hubo huevos a responder, así que tuve que romper el silencio y acariciando a Saturno sentencié:
—Pues yo creo que cuando los animales ostenten el poder, el arte desaparecerá —y como vi que tampoco nadie era capaz de responder, propuse servir el postre y recité de memoria la alineación del Yeclano para el partido de esa tarde.


Blog de Teo Carpena

Teo Carpena
Historias y leyendas de un hombre y su perro, que busca en los recuerdos su identidad. Teo Carpena emigró con su familia a Francia, después de la jubilación vuelve a Yecla y junto a varios amigos recompone su historia. Contacta conmigo en teocarpena@yahoo.es
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5 Comentarios

  1. Tú, supuesta Pilar eres del Club con otro nombre. Ahora Pilar, mañana salen con yo que sé.
    Los del Club son los totalitarios que no aceptan otras opiniones otras ideas.
    Como Trump, que no acepta que perdió las elecciones y embaucó a sus seguidores a tomar el Capitolio. Pues eso.
    ¿Porqué sé que no eres la supuesta Pilar? Una persona que interviene intentando poner cordura, buena educación… no le llama a nadie energúmeno. Se pilla antes a un mentiroso que a un…

    Pilar inténtalo con otro nombre y otro estilo, con este no ha colado

  2. Mira que me gustaba opinar hace años, pero le he cogido autentico asco a este medio desde que escribe el tal copernicus, como se puede ser tan soez, vulgar, maleducado y grosero? Ganaría mucho este medio si se censurase a semejante energúmeno, nadie os lo iba a reprochar, antes bien todo lo contrario.

  3. BMandarinas. No sabes ni escribir. Me sale mal decirte que eres un paleto.
    Si, soy comunista ya me duele el dedo de escribir que soy comunista.
    Tú muy probablemente del PP.
    En democracia puede haber de todo. No? Hasta gente hay que asaltan los ayuntamientos como el de Lorca.
    Ya más lejos asaltan el Capitolio y no reconocen los resultados electorales salvo cuando ellos ganan.
    Sobre los chefs lo que he dicho, dónde esté un par de huevos fritos con ajos y…a sopar.
    Son modas, puede que de forma muy puntual tengan alguna idea brillante, pero en el fondo es como comprarse un pantalón vaquero roto.
    La moda, para vender.
    Saludos cordiales al abrazafarolas del BM.

  4. Copernicus estoy contigo, yo no cambio unas Gachasmigas por esto…… Pero el problema que tú tienes es siquiátrico pues todo lo llevas a lo mismo y claro, tú problema por lo que veo es que nunca puedes llegar a comerte un plato de este tipo, pero por otro motivo! Porque eres u. Rojo de los malos!!

  5. Esto de los chef y la cocina conceptual solo sirve para el aparentar de ser gente guay, algo que se lleva mucho por este lares, ir aun restaurante con unas estrellas en los cristales de entrada y que te saquen buenos euros para después irse a una tasca cualquiera a completar la comida, cena… con un buen bocata de calamares y una caña de cerveza Estrella de Levante, por promocionar nuestros productos regionales, o a saber de que está compuesto el accionariado.
    Esto de las «tontunas de los chef» me recuerda un pueblo alicantino que en su mejor época una clase trabajadora con ideas ligeramente burguesas, después de estar todo el día trabajando a destajo, incluso en B en los domicilios, llegaba un viernes en la noche y se iban a no se que teatro de Alicante, o por ahí, para ver un función de ópera. Las criaturas salían revéntandos del esfuerzo para no dormirse y por llevar el cuello amordazado con una pajarita.
    Son modismos, tontunas de los chef y su cocina elitista. Un día vi a un chef de estos calentando una especie de postre con un soplete de fontanero, a partir de ahí me dije esto no es lo mío.

Teo Carpena
Historias y leyendas de un hombre y su perro, que busca en los recuerdos su identidad. Teo Carpena emigró con su familia a Francia, después de la jubilación vuelve a Yecla y junto a varios amigos recompone su historia. Contacta conmigo en teocarpena@yahoo.es
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