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🌼 martes 23 abril 2024
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Kira y la mirada de las abuelas

Las abuelas siempre tienen una mirada bondadosa hacia los nietos, es la mirada menos objetiva del mundo, incluso a los niños recién nacidos, amoratados, con cara de ratón, los ojos medio cerrados y berreando, una abuela es capaz de encontrarle la belleza y el parecido familiar.

El que no haya conocido a sus abuelas no sabe lo que se ha perdido; a los que tuvimos la suerte de disfrutar de dos hasta la edad adulta, nos ayudó a crecer protegidos gracias a sus miradas llenas de ternura y de esperanza.

Otra mirada deliciosa es la de la persona enamorada, esa te engrandece y te mejora; la pena es que esa mirada no es permanente, eso sí, con suerte y si todo va bien, pasado el tiempo del entusiasmo, se convierte en la mirada de la complicidad, del amor sincero y del entendimiento.

La mirada de las madres de antes estaba cargada de severidad, preparándote para la vida. La mirada competitiva de los primos y de los hermanos te obligaba a crecer y a espabilar. Si no nos observara nadie con admiración moriríamos de tristeza, incluso las miradas desafiantes de adversarios ayudan a enderezar caminos tortuosos.

Las miradas de las mascotas son complacientes y agradecidas, las de los gatos son vigilantes y sigilosas, las de los perros son de complicidad y sumisión.

He conocido a Kira, una perra con la mirada más enternecedora que conozco; todavía me ladra de vez en cuando, sospecha que no soy generoso en atenciones con los de su especie, pero mira con la misma complicidad y el mismo interés que lo hacía el aristocrático perro francés Saturno hacia su dueño Teodoro. Intuí un misterio en sus ojos oscuros que me tenían intrigado.

Es yeclana de nacimiento y juguetona, el otro día noté que se me acercaba sigilosa y cuando nadie nos escuchaba me pareció oírle decir: ya hablaremos tú y yo. Y en cuanto pude, aprovechando que le gusta el futbol y como siempre anda cerca de un balón, nos fuimos a pelotear un rato por la parcela y a lanzarle unos penaltis.

―Podrías ser portera profesional y como tengo contactos con la Federación nacional de futbol, les voy a proponer que organicen una selección de futbol perruno.
―Déjate de rollo y chuta con más ganas ―me dijo la perra.

Kira Ok

Disimulando para que nadie descubriera nuestra complicidad, estuvimos charlando un rato en voz baja; a mí los animales parlanchines me gustan porque tienen una conversación amena, le hablé de Saturno y de Teodoro y ella me confesó que los demás perros le traen sin cuidado, a ella le gustan los niños y las celebraciones de Navidad, está aprendiendo a cantar villancicos y le propuse que se estrenara en Nochebuena para sorprender a todos, pero dice que además de su timidez prefiere mantener el secreto, la gente no se siente cómoda con un perro que hable y menos que cante villancicos.

Dice que irá diciendo palabras mezcladas con ladridos para no asustar a los niños de la casa, pero dice que ellos ya sospechan algo porque un día la sorprendieron mientras pensaba en voz alta. Le preocupan los abuelos, no vaya a ser que al escucharla cantar se emocionen en exceso y les dé un patatús. Y hablando de abuelos, le dije que su mirada me recordaba a una de mis abuelas. Se rio (como se ríen los perros) para adentro, y me dijo que en otra vida fue gallega y abuela de ocho nietos.

¡Una perra reencarnada! Ya decía yo que tenía un acento agradable y cantarín.

―¿Cómo funciona eso de la reencarnación?
―No tengo ni idea, yo solo sé que en mi anterior vida me llamaban Martiña, que hace más de cien años de eso, que vivía en Betanzos y que me gustaba pasear por la playa y mirar el mar. Lo único que echo de menos de mi anterior vida es la brisa marina.
―Ya me parecía a mí que en tu mirada había algo de nostalgia; por cierto, ¿qué piensas de las celebraciones de Navidad que organizan los humanos?
―Lo de la Navidad es un reflejo de vuestras frustraciones, andáis los humanos faltos de cariño y pasáis la vida buscando miradas compasivas, no maduráis nunca y por eso, los que disfrutan la Navidad es porque disfrutaron la infancia, mientras que quienes la odian es porque tuvieron una infancia rara.

Kira se marchó para la casa tan campante con arrogancia perruna, a paso lento y moviendo el rabo de izquierda a derecha; y allí me quedé yo dudando de las Navidades y de mi infancia.


Blog de Vicente Chumilla

Vicente Chumilla
Vicente Chumilla
Pintor y grabador yeclano. Colaborador de elperiodicodeyecla.com con artículos sobre Yecla o temas relacionados con el arte y su localidad natal.

Las abuelas siempre tienen una mirada bondadosa hacia los nietos, es la mirada menos objetiva del mundo, incluso a los niños recién nacidos, amoratados, con cara de ratón, los ojos medio cerrados y berreando, una abuela es capaz de encontrarle la belleza y el parecido familiar.

El que no haya conocido a sus abuelas no sabe lo que se ha perdido; a los que tuvimos la suerte de disfrutar de dos hasta la edad adulta, nos ayudó a crecer protegidos gracias a sus miradas llenas de ternura y de esperanza.

Otra mirada deliciosa es la de la persona enamorada, esa te engrandece y te mejora; la pena es que esa mirada no es permanente, eso sí, con suerte y si todo va bien, pasado el tiempo del entusiasmo, se convierte en la mirada de la complicidad, del amor sincero y del entendimiento.

La mirada de las madres de antes estaba cargada de severidad, preparándote para la vida. La mirada competitiva de los primos y de los hermanos te obligaba a crecer y a espabilar. Si no nos observara nadie con admiración moriríamos de tristeza, incluso las miradas desafiantes de adversarios ayudan a enderezar caminos tortuosos.

Las miradas de las mascotas son complacientes y agradecidas, las de los gatos son vigilantes y sigilosas, las de los perros son de complicidad y sumisión.

He conocido a Kira, una perra con la mirada más enternecedora que conozco; todavía me ladra de vez en cuando, sospecha que no soy generoso en atenciones con los de su especie, pero mira con la misma complicidad y el mismo interés que lo hacía el aristocrático perro francés Saturno hacia su dueño Teodoro. Intuí un misterio en sus ojos oscuros que me tenían intrigado.

Es yeclana de nacimiento y juguetona, el otro día noté que se me acercaba sigilosa y cuando nadie nos escuchaba me pareció oírle decir: ya hablaremos tú y yo. Y en cuanto pude, aprovechando que le gusta el futbol y como siempre anda cerca de un balón, nos fuimos a pelotear un rato por la parcela y a lanzarle unos penaltis.

―Podrías ser portera profesional y como tengo contactos con la Federación nacional de futbol, les voy a proponer que organicen una selección de futbol perruno.
―Déjate de rollo y chuta con más ganas ―me dijo la perra.

Kira Ok

Disimulando para que nadie descubriera nuestra complicidad, estuvimos charlando un rato en voz baja; a mí los animales parlanchines me gustan porque tienen una conversación amena, le hablé de Saturno y de Teodoro y ella me confesó que los demás perros le traen sin cuidado, a ella le gustan los niños y las celebraciones de Navidad, está aprendiendo a cantar villancicos y le propuse que se estrenara en Nochebuena para sorprender a todos, pero dice que además de su timidez prefiere mantener el secreto, la gente no se siente cómoda con un perro que hable y menos que cante villancicos.

Dice que irá diciendo palabras mezcladas con ladridos para no asustar a los niños de la casa, pero dice que ellos ya sospechan algo porque un día la sorprendieron mientras pensaba en voz alta. Le preocupan los abuelos, no vaya a ser que al escucharla cantar se emocionen en exceso y les dé un patatús. Y hablando de abuelos, le dije que su mirada me recordaba a una de mis abuelas. Se rio (como se ríen los perros) para adentro, y me dijo que en otra vida fue gallega y abuela de ocho nietos.

¡Una perra reencarnada! Ya decía yo que tenía un acento agradable y cantarín.

―¿Cómo funciona eso de la reencarnación?
―No tengo ni idea, yo solo sé que en mi anterior vida me llamaban Martiña, que hace más de cien años de eso, que vivía en Betanzos y que me gustaba pasear por la playa y mirar el mar. Lo único que echo de menos de mi anterior vida es la brisa marina.
―Ya me parecía a mí que en tu mirada había algo de nostalgia; por cierto, ¿qué piensas de las celebraciones de Navidad que organizan los humanos?
―Lo de la Navidad es un reflejo de vuestras frustraciones, andáis los humanos faltos de cariño y pasáis la vida buscando miradas compasivas, no maduráis nunca y por eso, los que disfrutan la Navidad es porque disfrutaron la infancia, mientras que quienes la odian es porque tuvieron una infancia rara.

Kira se marchó para la casa tan campante con arrogancia perruna, a paso lento y moviendo el rabo de izquierda a derecha; y allí me quedé yo dudando de las Navidades y de mi infancia.


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Vicente Chumilla
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Pintor y grabador yeclano. Colaborador de elperiodicodeyecla.com con artículos sobre Yecla o temas relacionados con el arte y su localidad natal.
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