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domingo, junio 7, 2026 🌻
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La postal

Me dijo que se llamaba Alejandro, que en vida le apodaban el Petaca, que habíamos ido al mismo colegio, que habíamos vivido en la misma calle y que de niños habíamos compartido momentos muy divertidos. Repasé de memoria a todos los vecinos de la calle Puerto Rico y no encontré a ningún Alejandro; después repasé a los de la calle Santa Bárbara y tampoco.

Me habló de mis padres y de los suyos, que también fueron amigos; me describió cómo era la casa de sus padres, donde decía que habíamos jugado muchas tardes. Describió con detalles muy precisos el corral de la casa de mis abuelos y se reía continuamente recordando anécdotas que yo no recordaba. Yo miraba sus ojos con atención y buscaba en mis recuerdos su cara, pero no lo conseguía. Sus ojos son huidizos y oscuros. Misteriosos.

—Éramos inseparables —repetía, y me daba abrazos—; hasta dormíamos juntos muchas noches en su casa.

Lo negué en rotundo: yo no he dormido nunca en la casa de ningún amigo; era miedoso y necesitaba dormir en mi habitación abrazado a un oso de peluche.

Cuando desperté busqué entre los álbumes de fotos y en una caja de zapatos llena de recuerdos y antiguos amuletos, y encontré una postal que no recordaba. Una postal remitida desde el planeta Marte, en el año 2024, y enviada desde allí por un tal Alex.

Llamé a mi amigo Paco, que fue vecino mío y tendría que saber quién era el dichoso Petaca. También llamé a José, el frutero, a quien, por cierto, también había nombrado como compañero de correrías, y estos amigos tampoco lo recordaban. Pasé todo el día con una sensación extraña. ¿Habíamos perdido la memoria al mismo tiempo los tres amigos de la infancia?

¿Era Alejandro, el Petaca, un farsante, o me habría confundido con alguno de mis primos?

Sabía el nombre de mis padres y el nombre de mis hermanos y de nuestros maestros, y hasta me describió cómo era mi tío Diego y el nombre de un perro blanco del que me había olvidado hacía tiempo.

Solo era un sueño, pero un extraño sueño.

Estaba deseando que volviera la noche para intentar soñar de nuevo con él. No lo conseguí. Tengo facilidad para soñar con lo que me interesa o con lo que deseo y poseo la extraña virtud de conectar con gentes que conocí en vida y que ahora habitan en algún lugar impreciso; incluso a veces contactan conmigo personas que nunca he conocido y que pertenecieron a otras épocas, para relatarme historias apasionantes o para que haga llegar mensajes a familiares suyos que viven cerca de mí. Lo más apasionante es cuando me encuentro por las noches con gentes que también sueñan conmigo y entablamos conversaciones interminables; amanezco con la boca seca y cansado.

En mis sueños nunca aparecen anuncios publicitarios, números, políticos, sindicalistas ni curas.

Lo he consultado con Enrique, un vecino que es mago y psiquiatra. No me cree, dice que soy un fantasioso, yo que pretendía que me diagnosticara alguna extraña enfermedad… Pero siguió bebiéndose su vino, como si yo no existiera.

¡Hoy he visto al Petaca por la calle San José! Me detuve frente a él, no me reconoció. También tengo la cualidad de reconocer y recordar las caras y los lugares que aparecen en mis sueños. Había soñado con Alejandro en esa calle precisamente, pero esta vez estábamos despiertos. Nada, no me reconocía.

Le mostré la postal que había encontrado; me dijo que esa no era su letra, que se llamaba Alejandro Azorín, que había sido astronauta, que ahora estaba jubilado y que nunca había estado en Marte.

—Nunca ningún humano ha estado en otro planeta que no sea la Tierra.

Por su manera de mirarme entendí que me trataba como si fuese un desequilibrado. Lo entendí y nos despedimos amablemente, pero yo sé que hay gente que nunca recuerda sus sueños. También es posible que su amistad conmigo solo sea onírica.

Se me olvidó preguntarle si había vuelto al pueblo para quedarse o si solo estaba de visita.

Vicente Chumilla
Vicente Chumilla
Pintor y grabador yeclano. Colaborador de elperiodicodeyecla.com con artículos sobre Yecla o temas relacionados con el arte y su localidad natal.

Me dijo que se llamaba Alejandro, que en vida le apodaban el Petaca, que habíamos ido al mismo colegio, que habíamos vivido en la misma calle y que de niños habíamos compartido momentos muy divertidos. Repasé de memoria a todos los vecinos de la calle Puerto Rico y no encontré a ningún Alejandro; después repasé a los de la calle Santa Bárbara y tampoco.

Me habló de mis padres y de los suyos, que también fueron amigos; me describió cómo era la casa de sus padres, donde decía que habíamos jugado muchas tardes. Describió con detalles muy precisos el corral de la casa de mis abuelos y se reía continuamente recordando anécdotas que yo no recordaba. Yo miraba sus ojos con atención y buscaba en mis recuerdos su cara, pero no lo conseguía. Sus ojos son huidizos y oscuros. Misteriosos.

—Éramos inseparables —repetía, y me daba abrazos—; hasta dormíamos juntos muchas noches en su casa.

Lo negué en rotundo: yo no he dormido nunca en la casa de ningún amigo; era miedoso y necesitaba dormir en mi habitación abrazado a un oso de peluche.

Cuando desperté busqué entre los álbumes de fotos y en una caja de zapatos llena de recuerdos y antiguos amuletos, y encontré una postal que no recordaba. Una postal remitida desde el planeta Marte, en el año 2024, y enviada desde allí por un tal Alex.

Llamé a mi amigo Paco, que fue vecino mío y tendría que saber quién era el dichoso Petaca. También llamé a José, el frutero, a quien, por cierto, también había nombrado como compañero de correrías, y estos amigos tampoco lo recordaban. Pasé todo el día con una sensación extraña. ¿Habíamos perdido la memoria al mismo tiempo los tres amigos de la infancia?

¿Era Alejandro, el Petaca, un farsante, o me habría confundido con alguno de mis primos?

Sabía el nombre de mis padres y el nombre de mis hermanos y de nuestros maestros, y hasta me describió cómo era mi tío Diego y el nombre de un perro blanco del que me había olvidado hacía tiempo.

Solo era un sueño, pero un extraño sueño.

Estaba deseando que volviera la noche para intentar soñar de nuevo con él. No lo conseguí. Tengo facilidad para soñar con lo que me interesa o con lo que deseo y poseo la extraña virtud de conectar con gentes que conocí en vida y que ahora habitan en algún lugar impreciso; incluso a veces contactan conmigo personas que nunca he conocido y que pertenecieron a otras épocas, para relatarme historias apasionantes o para que haga llegar mensajes a familiares suyos que viven cerca de mí. Lo más apasionante es cuando me encuentro por las noches con gentes que también sueñan conmigo y entablamos conversaciones interminables; amanezco con la boca seca y cansado.

En mis sueños nunca aparecen anuncios publicitarios, números, políticos, sindicalistas ni curas.

Lo he consultado con Enrique, un vecino que es mago y psiquiatra. No me cree, dice que soy un fantasioso, yo que pretendía que me diagnosticara alguna extraña enfermedad… Pero siguió bebiéndose su vino, como si yo no existiera.

¡Hoy he visto al Petaca por la calle San José! Me detuve frente a él, no me reconoció. También tengo la cualidad de reconocer y recordar las caras y los lugares que aparecen en mis sueños. Había soñado con Alejandro en esa calle precisamente, pero esta vez estábamos despiertos. Nada, no me reconocía.

Le mostré la postal que había encontrado; me dijo que esa no era su letra, que se llamaba Alejandro Azorín, que había sido astronauta, que ahora estaba jubilado y que nunca había estado en Marte.

—Nunca ningún humano ha estado en otro planeta que no sea la Tierra.

Por su manera de mirarme entendí que me trataba como si fuese un desequilibrado. Lo entendí y nos despedimos amablemente, pero yo sé que hay gente que nunca recuerda sus sueños. También es posible que su amistad conmigo solo sea onírica.

Se me olvidó preguntarle si había vuelto al pueblo para quedarse o si solo estaba de visita.

Vicente Chumilla
Vicente Chumilla
Pintor y grabador yeclano. Colaborador de elperiodicodeyecla.com con artículos sobre Yecla o temas relacionados con el arte y su localidad natal.
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Pintor y grabador yeclano. Colaborador de elperiodicodeyecla.com con artículos sobre Yecla o temas relacionados con el arte y su localidad natal.
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