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sábado, febrero 7, 2026 🐣
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Las elecciones del 36 (II): los resultados

Tras una campaña electoral especialmente intensa tanto a nivel local como nacional, todos los bloques aspiran a que el resultado del día 16 de febrero les sea favorable si bien las derechas, que se presentan desunidas, temen que serán las izquierdas las claras vencedoras de la contienda electoral por lo que ya en los cuarteles militares comienza a haber ruido de sables

En lo que respecta a Yecla, las derechas temen que al perder el poder municipal, una izquierda enfervorecida pueda tomarse la revancha por los dos años del Bienio Negro en los que las derechas han controlado el ayuntamiento y apenas han conseguido algo para mejorar la situación de los yeclanos. Las izquierdas, por su parte, confían en un cambio histórico a nivel municipal, aspirando a recuperar la alcaldía y poner en marcha un ambicioso programa destinado a paliar el paro obrero y terminar con el hambre de las clases más bajas a las que, según ellos, los propietarios agrícolas más importantes se niegan a dar trabajo. Las derechas, por su parte, aspiran a contener a las izquierdas apelando a los sentimientos religiosos más arraigados de la población recordando como ejemplo la prohibición de las Fiestas Patronales de 1932.

Por fin, llega el 16 de febrero, el día de las votaciones y, contra todo pronóstico, las elecciones transcurren con toda normalidad. Apenas hay incidentes destacables, salvo algunos enfrentamientos en algunas mesas entre los delegados de los diferentes partidos que se acusan mutuamente de provocar algunas irregularidades.  También sabemos que a las afueras de los colegios se produjo algún altercado que otro entre seguidores de los distintos bloques pero la Guardia de Asalto y la Guardia Civil evitaron con su presencia que todo fuera a mayores.

Para las votaciones en Yecla se organizaron 6 distritos electorales con un total de 31 secciones y  con 13.057 electores con derecho a voto que fue ejercido por 10.018 electores, es decir, casi el 77% del censo, una de las participaciones más altas de la provincia. Los testimonios orales consultados apenas recuerdan aquel día, pero de ellos podemos establecer que algunos centros de votaciones fueron el ayuntamiento, el Instituto de Segunda Enseñanza (antiguo Colegio de los Escolapios), el Casino Primitivo, el Concha Segura, e incluso algunos señalan el Cuartel de la Guardia Civil (entonces en la Calle de San José) entre otros.

Los resultados a nivel local tardan poco más un día en conocerse. Las urnas se cierran sobre las 5 de la tarde y se transportan al Juzgado de Primera Instancia donde son contabilizados los votos en presencia del juez Francisco Menú Carpena y otros funcionarios municipales. Tras el recuento, el juez firma las actas electorales que son transportadas a la oficina de Correos en la calle Pascual Amat para ser enviadas a Murcia. Finalmente los resultados arrojan una mayoría a nivel local para el Frente Popular cuyos candidatos logran sobre el 54% de los votos; mientras que el centro y las derechas obtienen alrededor del 45%. La Falange y otros candidatos, menos del 1%. El candidato con más votos es Francisco López de Goicoechea, perteneciente a Unión Republicana, formación adscrita al Frente Popular, que recibe 5.483 votos, mientras que el candidato del bloque derechista más votado, Alfonso Torres López, obtiene 4.519 votos. 

Debemos señalar que el sistema electoral de la época era diferente al que conocemos actualmente: las listas eran semiabiertas y en ellas se votaba a personas, no a partidos. Perfectamente se podía votar a todos los bloques, aunque no era frecuente. En las circunscripciones se elegían además un número determinado de diputados que formaban la mayoría y se reservaba otra parte para minorías. Esto era importante, porque la lista más votada no necesariamente se quedaba con la mayoría de escaños, por ejemplo si uno de sus candidatos era el más votado pero los otros de su propia lista recibían pocos votos podía terminar en la minoría.

Pero a pesar de que en Yecla las izquierdas ganan claramente, protestan por el resultado pues piensan que el todavía alcalde Manuel Martínez y el juez municipal no han contabilizados todos los votos. El diario El Liberal de Murcia recoge las protestas de los frentepopulistas yeclanos que acusan además al juez de proceder de manera arbitraria en la constitución de las mesas, no dejando que muchos presidentes se posesionaran y sustituyéndolos con elementos de las derechas. También critican que el alcalde hubiera estado encerrado en las oficinas de correos donde estaban depositados los documentos electorales aunque terminan reconociendo que las elecciones transcurrieron de forma tranquila.

Un nuevo gobernador es elegido rápidamente y una de las primeras medidas que toma será la de cesar a los concejales del Partido Republicano Radical que habían sido designados en abril de 1934 para sustituir a los concejales monárquicos y a algunos republicanos de derechas que habían dejado de acudir a las sesiones plenarias, restituyendo en el concejo municipal a los concejales republicanos de izquierdas y a los socialistas elegidos en 1931 quienes tras la Huelga campesina del 34 habían dejado de acudir al ayuntamiento. 

Lo primero que hacen los nuevos concejales es destituir a Manuel Martínez y Martínez del Portal y elegir como nuevo alcalde al joven socialista Juan Pacheco Lozano, quien saluda a una eufórica multitud congregada en la plaza del Ayuntamiento. Los resultados oficiales se proclaman el 19 de febrero los cuales confirman el triunfo del Bloque de las Izquierdas y se convoca una manifestación de júbilo de los izquierdistas para celebrar el resultado al día siguiente. En un principio la manifestación transcurre sin incidentes, las gentes de derechas se esconden en sus casas y los manifestantes entonan canciones de la época y lanzan consignas. Algunos exaltados aprovechan la valentía que da el ir en multitud y comienzan a apedrear las hornacinas que encuentran a su paso y que han formado parte del paisaje urbano yeclano durante siglos. Los testimonios orales por su parte también coinciden en las numerosas amenazas que por parte de los manifestantes se lanzan ante determinados domicilios de personas no afines a sus ideas.

Y es durante el transcurso de esta manifestación cuando va a ocurrir un trágico suceso que para muchos es una oscura premonición de los tiempos que se aproximan: el atroz asesinato del joven Pedro Marco Ortín, conocido como Pedrín, a quien muchos identifican con las derechas y a quien señalan violentamente en plena calle de San José. Este joven, dependiente del comercio (algunos testimonios indican que trabajaba en Casa Requena, antigua mercería que estaba en la actual Calle Corredera, esquina con Jabonería). Unos dicen que era de la CEDA, mientras que otros informan que era falangista. Su hermano, que testificó en la Causa General, señaló en la misma que no era militante de ningún partido. Y referente a lo que provocó su asesinato hay dos versiones: una dice que al ver que apedreaban una hornacina, increpó a los manifestantes quienes la emprendieron a golpes con él. Otra versión dice que simplemente veía la manifestación y alguien lo reconoció y lo señaló al grito de “!un fascista!” Lo cierto y seguro es que comenzó una dramática y brutal persecución por casas en las que el joven trató de buscar refugio e incluso trató de huir por los tejados tratando de zafarse de sus perseguidores. Ya en el suelo y a expensas de la multitud, el joven fue asesinado por arma blanca y, parece ser, también por un disparo. Y no sólo eso, cuando los servicios sanitarios tratan de llegar al joven para atenderlo, la multitud dificulta su acceso.

Independientemente de las posibles causas que motivaron el asesinato del joven, está claro que fue una muestra de lo convulsos que llegaron a ser aquellos tiempos y de lo inhumanos que fueron determinados comportamientos. Esa crueldad va a ser una constante bastante frecuente en Yecla, antes, durante y después de la Guerra Civil. Y es que no hay nada más peligroso que un fanático que se cree cargado de razón y elegido por Dios o por la Historia para administrar justicia.

Por Salvador Santa Puche

Tras una campaña electoral especialmente intensa tanto a nivel local como nacional, todos los bloques aspiran a que el resultado del día 16 de febrero les sea favorable si bien las derechas, que se presentan desunidas, temen que serán las izquierdas las claras vencedoras de la contienda electoral por lo que ya en los cuarteles militares comienza a haber ruido de sables

En lo que respecta a Yecla, las derechas temen que al perder el poder municipal, una izquierda enfervorecida pueda tomarse la revancha por los dos años del Bienio Negro en los que las derechas han controlado el ayuntamiento y apenas han conseguido algo para mejorar la situación de los yeclanos. Las izquierdas, por su parte, confían en un cambio histórico a nivel municipal, aspirando a recuperar la alcaldía y poner en marcha un ambicioso programa destinado a paliar el paro obrero y terminar con el hambre de las clases más bajas a las que, según ellos, los propietarios agrícolas más importantes se niegan a dar trabajo. Las derechas, por su parte, aspiran a contener a las izquierdas apelando a los sentimientos religiosos más arraigados de la población recordando como ejemplo la prohibición de las Fiestas Patronales de 1932.

Por fin, llega el 16 de febrero, el día de las votaciones y, contra todo pronóstico, las elecciones transcurren con toda normalidad. Apenas hay incidentes destacables, salvo algunos enfrentamientos en algunas mesas entre los delegados de los diferentes partidos que se acusan mutuamente de provocar algunas irregularidades.  También sabemos que a las afueras de los colegios se produjo algún altercado que otro entre seguidores de los distintos bloques pero la Guardia de Asalto y la Guardia Civil evitaron con su presencia que todo fuera a mayores.

Para las votaciones en Yecla se organizaron 6 distritos electorales con un total de 31 secciones y  con 13.057 electores con derecho a voto que fue ejercido por 10.018 electores, es decir, casi el 77% del censo, una de las participaciones más altas de la provincia. Los testimonios orales consultados apenas recuerdan aquel día, pero de ellos podemos establecer que algunos centros de votaciones fueron el ayuntamiento, el Instituto de Segunda Enseñanza (antiguo Colegio de los Escolapios), el Casino Primitivo, el Concha Segura, e incluso algunos señalan el Cuartel de la Guardia Civil (entonces en la Calle de San José) entre otros.

Los resultados a nivel local tardan poco más un día en conocerse. Las urnas se cierran sobre las 5 de la tarde y se transportan al Juzgado de Primera Instancia donde son contabilizados los votos en presencia del juez Francisco Menú Carpena y otros funcionarios municipales. Tras el recuento, el juez firma las actas electorales que son transportadas a la oficina de Correos en la calle Pascual Amat para ser enviadas a Murcia. Finalmente los resultados arrojan una mayoría a nivel local para el Frente Popular cuyos candidatos logran sobre el 54% de los votos; mientras que el centro y las derechas obtienen alrededor del 45%. La Falange y otros candidatos, menos del 1%. El candidato con más votos es Francisco López de Goicoechea, perteneciente a Unión Republicana, formación adscrita al Frente Popular, que recibe 5.483 votos, mientras que el candidato del bloque derechista más votado, Alfonso Torres López, obtiene 4.519 votos. 

Debemos señalar que el sistema electoral de la época era diferente al que conocemos actualmente: las listas eran semiabiertas y en ellas se votaba a personas, no a partidos. Perfectamente se podía votar a todos los bloques, aunque no era frecuente. En las circunscripciones se elegían además un número determinado de diputados que formaban la mayoría y se reservaba otra parte para minorías. Esto era importante, porque la lista más votada no necesariamente se quedaba con la mayoría de escaños, por ejemplo si uno de sus candidatos era el más votado pero los otros de su propia lista recibían pocos votos podía terminar en la minoría.

Pero a pesar de que en Yecla las izquierdas ganan claramente, protestan por el resultado pues piensan que el todavía alcalde Manuel Martínez y el juez municipal no han contabilizados todos los votos. El diario El Liberal de Murcia recoge las protestas de los frentepopulistas yeclanos que acusan además al juez de proceder de manera arbitraria en la constitución de las mesas, no dejando que muchos presidentes se posesionaran y sustituyéndolos con elementos de las derechas. También critican que el alcalde hubiera estado encerrado en las oficinas de correos donde estaban depositados los documentos electorales aunque terminan reconociendo que las elecciones transcurrieron de forma tranquila.

Un nuevo gobernador es elegido rápidamente y una de las primeras medidas que toma será la de cesar a los concejales del Partido Republicano Radical que habían sido designados en abril de 1934 para sustituir a los concejales monárquicos y a algunos republicanos de derechas que habían dejado de acudir a las sesiones plenarias, restituyendo en el concejo municipal a los concejales republicanos de izquierdas y a los socialistas elegidos en 1931 quienes tras la Huelga campesina del 34 habían dejado de acudir al ayuntamiento. 

Lo primero que hacen los nuevos concejales es destituir a Manuel Martínez y Martínez del Portal y elegir como nuevo alcalde al joven socialista Juan Pacheco Lozano, quien saluda a una eufórica multitud congregada en la plaza del Ayuntamiento. Los resultados oficiales se proclaman el 19 de febrero los cuales confirman el triunfo del Bloque de las Izquierdas y se convoca una manifestación de júbilo de los izquierdistas para celebrar el resultado al día siguiente. En un principio la manifestación transcurre sin incidentes, las gentes de derechas se esconden en sus casas y los manifestantes entonan canciones de la época y lanzan consignas. Algunos exaltados aprovechan la valentía que da el ir en multitud y comienzan a apedrear las hornacinas que encuentran a su paso y que han formado parte del paisaje urbano yeclano durante siglos. Los testimonios orales por su parte también coinciden en las numerosas amenazas que por parte de los manifestantes se lanzan ante determinados domicilios de personas no afines a sus ideas.

Y es durante el transcurso de esta manifestación cuando va a ocurrir un trágico suceso que para muchos es una oscura premonición de los tiempos que se aproximan: el atroz asesinato del joven Pedro Marco Ortín, conocido como Pedrín, a quien muchos identifican con las derechas y a quien señalan violentamente en plena calle de San José. Este joven, dependiente del comercio (algunos testimonios indican que trabajaba en Casa Requena, antigua mercería que estaba en la actual Calle Corredera, esquina con Jabonería). Unos dicen que era de la CEDA, mientras que otros informan que era falangista. Su hermano, que testificó en la Causa General, señaló en la misma que no era militante de ningún partido. Y referente a lo que provocó su asesinato hay dos versiones: una dice que al ver que apedreaban una hornacina, increpó a los manifestantes quienes la emprendieron a golpes con él. Otra versión dice que simplemente veía la manifestación y alguien lo reconoció y lo señaló al grito de “!un fascista!” Lo cierto y seguro es que comenzó una dramática y brutal persecución por casas en las que el joven trató de buscar refugio e incluso trató de huir por los tejados tratando de zafarse de sus perseguidores. Ya en el suelo y a expensas de la multitud, el joven fue asesinado por arma blanca y, parece ser, también por un disparo. Y no sólo eso, cuando los servicios sanitarios tratan de llegar al joven para atenderlo, la multitud dificulta su acceso.

Independientemente de las posibles causas que motivaron el asesinato del joven, está claro que fue una muestra de lo convulsos que llegaron a ser aquellos tiempos y de lo inhumanos que fueron determinados comportamientos. Esa crueldad va a ser una constante bastante frecuente en Yecla, antes, durante y después de la Guerra Civil. Y es que no hay nada más peligroso que un fanático que se cree cargado de razón y elegido por Dios o por la Historia para administrar justicia.

Por Salvador Santa Puche

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