miércoles 23 junio 2021

Miguel Ortuño Palao. In memoriam

“Yo deseo que el mañana sea cada vez más justo, hermoso y solidario”. Miguel Ortuño Palao dejó su deseo escrito en el prólogo de su libro Yecla, día a día (1991). Un deseo que ha mantenido activo hasta cumplir más de 19 lustros. Hoy, don Miguel ha fallecido en Yecla, su pueblo natal y el lugar donde se forjaron todos sus libros. El lugar de su magistral docencia, de su inspiración investigadora y de sus tertulias amistosas.

Meritorio profesor, reconocido escritor y excelente orador, Miguel Ortuño Palao ha sido un distinguido académico numerario de la Real de Alfonso X el Sabio, cuyo ingreso tuvo lugar en Yecla en 1981, siendo la primera vez que la Academia salía de Murcia para realizar la asamblea del nombramiento.

La biografía del cura-obispo Antonio Ibáñez Galiano centró su discurso de ingreso en la citada academia. Un estudio excepcional reeditado en noviembre de 2019 como parte de la colección de publicaciones conmemorativas del 150o aniversario de la consagración de la basílica de la Purísima de Yecla. Un trabajo que puede considerarse el último de los encargos a los que dedicó sus tareas investigadoras, junto a los informes que realizó sobre la nueva imagen del Escudo de la ciudad de Yecla, presentado recientemente de forma oficial.

Cronista Oficial de la Ciudad de Yecla

miguel-ortuno-palao-02Tal era el respeto y la dedicación de Miguel Ortuño a la institución académica que asistió, por última vez, a la sesión ordinaria del Pleno de la Academia, celebrada el 5 de junio de 2018. Asimismo, Miguel Ortuño Palao fue nombrado Cronista Oficial de la Ciudad de Yecla por el Pleno del Ayuntamiento en 1982, que también le otorgó la Medalla de Oro, máximo honor municipal que concedía el consistorio yeclano por primera vez en su historia.

Arraigado a la fe católica y defensor de las instituciones públicas y el Estado español, Miguel Ortuño se caracterizó por ser ávido lector, honesto historiador y notable erudito. Está considerado uno de los mejores conocedores de la historia de Yecla y de ello dan cuenta los 14 libros publicados y los cientos de artículos, conferencias, ponencias y colaboraciones de carácter literario, histórico y biográfico que engloba toda su bibliografía.

La trayectoria cultural de Yecla de los últimos 75 años está unida a Miguel Ortuño Palao, quien fuera primer director de la Casa Municipal de Cultura y catedrático de Lengua y Literatura Españolas y profesor de más de 5.000 alumnos de Enseñanza Secundaria y Bachillerato en el Instituto Azorín de Yecla. Consecuencia de su gran proyección intelectual y docente es que un colegio y una calle de Yecla están rotulados con su nombre, reconociéndole así su contribución a la enseñanza y la investigación histórica de su pueblo natal.

Tampoco pasa desapercibida entre las actas y sumarios su colaboración y dedicación plenas en el desarrollo social y cultural de la ciudad, formando parte de comisiones relacionadas con la Biblioteca Municipal y el Archivo Histórico, las Fiestas Patronales de la Virgen del Castillo y otras entidades como la Caja de Ahorros, los Padres Escolapios, la parroquia de San José Artesano o la congregación de monjas concepcionistas que permaneció desde 1875 hasta 2016 en el monasterio de clausura del Sagrado Corazón de Jesús de Yecla.

Yecla siempre

Si Miguel Ortuño se ha dedicado a investigar los orígenes históricos y las tradiciones de la ciudad de Yecla, igual o más importante ha sido para él la fidelidad a su familia y la admiración por sus amigos y compañeros. Siempre hizo gala de haber nacido en la casa de la “Cruz de la Matona”, en la calle de Quevedo, en pleno centro del callejero medieval de la ciudad. Esa casa que ilustra la cubierta del libro Los nombres de las calles de Yecla (2003), que Miguel Ortuño publicó junto a Carmen Ortín Marco, su esposa y compañera de vida, de docencia y de investigación. Ambos publicaron también el Diccionario del habla de Yecla (1999).

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Carmen Ortín (izquierda), Virginia Mergelina, Miguel Ortuño (foto de archivo)

Y criaron y educaron a sus cinco hijos, Miguel, Fernando, Mari Paz, Ignacio e Inma. Porque la familia ha sido fundamental para Miguel Ortuño. A la familia, a su esposa, a sus cinco hijos y a sus ocho nietos ha dedicado tiempo, esfuerzo y cariño. Ellos recuerdan cómo don Miguel les enseñaba en las sobremesas las curiosidades de la lengua española, y aprendían a conjugar los verbos irregulares, y a conocer el significado de extrañas palabras y sugestivos sinónimos, y la rareza de los gentilicios españoles.

Miguel Ortuño también fue un apasionado de los viajes. A pesar de que nunca tuvo carnet de conducir, visitó todas las provincias de la Península ibérica, especialmente cada una de sus capitales, estudiando su historia e investigando las posibles relaciones con la ciudad de Yecla. Porque Miguel Ortuño ha sido preciso, minucioso y disciplinado en su tarea como historiador y como cronista, con fidelidad a las fuentes y con verdadero cariño por su pueblo.

Hasta sus últimos días cultivó Miguel Ortuño ese hábito tan español de la tertulia y el café con amigos. Largas charlas centradas en cualquier tema de actualidad política, religiosa, social, literaria, artística, festiva… de todo y con todos hablaba. Y a quienes quisieron contrastar datos para sus investigaciones, ampliar bibliografía para sus estudios, conocer la genealogía de sus apellidos, solicitar una presentación o un prólogo para una publicación, o consultar cualquier otro asunto, a ellos también recibió y atendió don Miguel en la asombrosa sala de estudio y biblioteca de su hogar familiar, con sencillez y amabilidad; con una cortesía casi desconocida en nuestros días y un trato entrañable digno de admiración. Por todo ello, cientos de yeclanos agradecidos le recordarán siempre.

Y así ha transcurrido la intensa y larga vida de Miguel Ortuño Palao, entre la devoción, el entusiasmo, el rigor, la admiración y el conocimiento; entre libros, aulas, archivos, templos, escritorios, salones y tertulias. Un personaje ilustre e ilustrado. Un yeclano de nacimiento y por convicción. Sit terra levis. D.E.P.

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6 Comentarios

  1. En primer lugar, deseo manifestar mis más sinceras condolencias a la familia de Don Miguel Ortuño.
    También, como se ha comentado en este foro, tuve la inmensa suerte de ser uno de esos más de cinco mil alumnos suyos en el Instituto Azorín, concretamente en C.O.U. de 1977. Sus clases fueron lo mejor que he tenido sin parangón alguno a lo largo de mi carrera académica, no solo en el Instituto sino en la Universidad. Igual nos hablaba de Noam Chomsky (casi impensable en nuestra floreciente e incipiente democracia de aquel entonces) como del origen y significado de los apellidos.
    Hace unas semanas vi a Don Miguel llegando a su casa. Iba -acompañado de uno de sus hijos y de la señora que le asistía- en una silla con ruedas, porque las sillas pueden ser de madera, metálicas y hasta de plástico, pero no de ruedas, ¿verdad, Don Miguel?
    Tal vez hayan transcurrido un par de años desde la última vez que hablé con Don Miguel. Era una mañana de domingo. Compraba el periódico en la librería Cervantes y unos cromos para su nieta Marta según me comentó. Le manifesté cuán agradecido le estaba por sus lecciones, hablamos -entre otros asuntos- del paso del tiempo y, confieso, nos saltaron unas lágrimas.
    Don Miguel, donde quiera que esté usted, de nuevo muchísimas gracias por todo lo que me enseñó, por cuanto aprendí de su cátedra, de su sabiduría. Hasta siempre, profesor.

  2. Sin duda una gran persona y el profesor mas inteligente que conocí y que tuve la suerte de tener. Me metió con su sabiduría en el mundo de la literatura y me enseñó a saborear como se disfruta de le lectura de un buen libro. Vivo fuera de Yecla. Cuando iba al pueblo y coincidía con él en la «iglesia de las monjitas» siempre nos dábamos un abrazo y me sorprendía con su prodigiosa memoria envuelta en su bondad innata. Mi más sentido pésame a su familia y de forma especial a su hijo Ignacio que fue mi compañero en el instituto Azorín.

  3. Un hombre entrañable y culto, y en su faceta de maestro un docente amable y paciente que motivaba a interesarse por los libros y la lengua española. Fui afortunado de ser uno de sus alumnos durante un año de instituto y solo me quedan recuerdos muy buenos de él. Siempre recordaré su nobleza y bondad. Mucho ánimo a sus seres cercanos. A buen seguro que está ya en el Cielo disfrutando de conversaciones celestiales y compartiendo tranquilamente como lo ha hecho siempre.

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