Nostalgia del templete

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templete

Cuando éramos jóvenes había pocas cosas para entretenerse y pasar el rato, casi las mismas que ahora, que tampoco hay muchas. Los sábados y domingos íbamos al jardín de las palomas, así lo llaman sobre todo los adolescentes.

El jardín era nuestro punto de encuentro. Una vez allí, decidiríamos si entrar al cine, dependiendo del bolsillo a butaca o gallinero o probablemente meternos en los futbolines de Amable Marco para echar alguna partida al futbolín o al ping-pong.

Después nos dábamos otra vuelta por el parque, y quienes ya empezaban con el mal hábito de fumar se compraban un par de cigarrillos sueltos de aquellos mentolados en la casetica roja y blanca del “Berja”, y para hacer ruido, mistos de trueno.

Al final de una tarde tranquila, a la mayoría nos entraba hambre y podíamos saciarlo en el Bar Toledo que estaba enfrente del Cine Regio. Un sitio representativo donde hacían unos bocadillos de sepia con mayonesa que estaban para chuparse los dedos, y consideraba todo un “lujo”.

En pleno jardín, lucía orgulloso el Templete, orientado a dos espacios de recreo, el de abajo y el de arriba. Era una figura representativa en consonancia con el entorno. Con su tejado y balaustrada tenía una cierta posición dominante y debajo había un pequeño local que hacía las veces de almacén.

templete ortegaRecuerdos infinitos contemplándolo desde el palomar, con unos colores vivos, y donde alguna vez se subió la gente como si fuera una atalaya con perspectivas de torre vigía. Un lugar sencillo y a su vez majestuoso, donde en una ocasión en la feria de septiembre, vimos la actuación de Carlos Mejía Godoy y los de Palacagüina, aquél grupo nicaragüense, cantando aquella melodía que se hizo tan popular “Son tus perjúmenes mujer”.

Como un soñador, nuestro entrañable templete, resultaba fascinante. Parecía un púlpito fuera de un templo con independencia de su uso. Sentados en un banco mirando las palomas nos comíamos las pipas, viéndolo fijamente como lugar emblemático de entonces y de hoy haciendo memoria dentro de la nostalgia.

Estos fueron parte de los caminos que cada uno iniciamos, y una típica imagen de hace más de cuarenta años que muchos recordarán.

En ocasiones un exceso de vulgar normalidad, ante tanta hipocresía puede conllevar a la rabia, cuando tiempo después se puso de manifiesto que como alguna otra decisión fue un enorme error de la piqueta con un daño irreparable de una medida muy criticada por no calificarla de aberrante.

Entre los escombros quedaron la belleza de sus testimonios y su atenta mirada, supongo que por decisión de alguien, sin un mensaje de despedida a la edad aproximada de ochenta años.

El templete no tuvo oportunidad de defenderse y seguramente se negó a marchar. Su momento más triste después de épocas de apogeo culminó cuando fue derribado y se llevó el dolor consigo mismo, una verdadera lástima para los sentidos.

al Templete.


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