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lunes, julio 13, 2026 🌊
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Redimir y adoctrinar: el patronato de protección a la mujer (1941-1984)

El ensayo titulado Redimir y adoctrinar: el Patronato de Protección a la Mujer (1941-1984) de la investigadora Carmen Guillén es mucho más que un interesante y sorprendente trabajo de investigación ya que, a través de él, conocemos algo que no nos deja indiferentes, que nos remueve por dentro, nos interpela, nos indigna y enfurece, principalmente a nosotras, las mujeres.

Carmen Guillén, la autora, es doctora en Historia Contemporánea y profesora en el área de Historia de la Ciencia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Albacete y este libro es el resultado de la investigación que realizó para su tesis doctoral.

Hace unos meses, Carmen presentó este libro en la Biblioteca Regional y nos contó algunas cuestiones interesantes:

En principio, inició una investigación sobre la prostitución en el Franquismo, pero en el transcurso de su búsqueda de información, comenzaron a aparecer referencias a una institución llamada “Patronato de Protección a la Mujer” cuya existencia ignoraba, y este desconocimiento fue lo que en gran parte llamó su atención.

A simple vista parecían lugares de acogida a mujeres que, por distintas circunstancias, se habían visto abocadas a ejercer la prostitución, pero pronto detectó que era mucho más. Intrigada, continuó adentrándose en la materia, y la información que obtuvo era tan transcendente que abandono su investigación inicial para centrarse exclusivamente en lo que acababa de descubrir: ¿Qué eran aquellas instituciones solo para mujeres?, ¿cuál era su finalidad y cómo funcionaban?, ¿cómo se estructuraban y financiaban?, etc. En la presentación de su trabajo, comparó aquel descubrimiento con el de un arqueólogo que empieza a excavar la tierra en busca de algún hallazgo y, de pronto, tropieza con la tumba del mismísimo Tutankamón.

El Patronato, como institución, comenzó el año 1941, en la recién iniciada postguerra, bajo el yugo del franquismo, pero ya existían centros de reclusión para mujeres en España y fuera de ella que, bajo la apariencia de una actividad de servicio social, beneficencia y caridad cristiana, regentado siempre por órdenes religiosas femeninas, recluían a niñas, adolescentes y a mujeres muy jóvenes (exclusivamente mujeres) que no habían cometido delito alguno ni pesaba sobre ellas ninguna sentencia condenatoria, pero que según los criterios de los responsables, el Estado y la Iglesia principalmente, no se ajustaban a los cánones femeninos establecidos. Allí, bajo aparente tutela, trabajaban como esclavas, se las castigadas y hasta sufrían torturas si no se sometían a las estrictas normas, (los testimonios de las supervivientes a las que la autora pudo entrevistar son devastadores en este sentido). 

Según Guillén, el franquismo solo se apropió de estos lugares que ya existían para imprimirles su propia óptica: los extendió por todo el país, cada provincia tenía los suyos propios, los financió, formó una red estructurada y sólida que se mantuvo activa hasta, nada más y nada menos, 1985, ya en plena democracia, hecho que no deja de ser sorprendente.

Guillén nos habla de las grandes dificultades con la que se ha ido encontrando en su tarea investigadora: el silencio, el secretismo, la pérdida de archivos que han ido desapareciendo por la negligencia de los que tenían el deber de custodiarlos. Pero pese a todo, ella no se dio por vencida, recopiló numerosa documentación de forma meticulosa y eficaz para conseguir desvelarnos un mundo aterrador, doloroso e injusto que sufrieron aquellas niñas y mujeres, muy jóvenes, con la pretensión de que no quedara en el olvido.

Es lo que Carmen llama “hacer historia desde los márgenes. Cuando partes de una documentación tan precaria, casi siempre en manos de órdenes religiosas que niegan y restringen el acceso, solo queda la opción de realizar un trabajo detectivesco, llenar los vacíos, interpretar silencios, examinar fotografías, seguir el rastro de las huellas que fueron dejando tras de sí y que no consiguieron ocultar.”

Sin embargo, contaba con una fuente valiosísima: el testimonio de mujeres que estuvieron recluidas en aquellos centros. Sus relatos han servido para conocer mejor cómo funcionaban, como fue la vida entre sus muros.

Todo comenzó con una de las supervivientes del Patronato: Consuelo García del Cid, escritora, investigadora y activista por los derechos de las mujeres. Ha publicado libros como Ruega por nosotras, recientemente y Las desterradas hijas de Eva (2012), en los que revela los sacrificios sufridos por miles de mujeres que pasaron por estas instituciones.

Tras su testimonio, otras supervivientes decidieron salir del silencio en el que habían estado sumidas durante años y contar sus propios relatos. Así, entraron en contacto unas con otras, se asociaron, transformaron una herida individual en una experiencia compartida que ha significado el punto de partida para una movilización política para exigir memoria, justicia y reparación.

Sin embargo, el Estado Español no les ha dado una respuesta satisfactoria. A pesar de contar desde 2007 con la primera Ley de Memoria Histórica y, desde 2022, con Ley de Memoria Democrática, en los listados de víctimas del franquismo que las leyes han propiciado, las mujeres del Patronato no han sido incluidas. Esta es una de las reivindicaciones principales de las asociaciones que siguen pendientes de reconocimiento.

Por el momento, solo ha sido incluida Inmaculada Valderrama, la adolescente de 14 años que el 19 de septiembre de 1983, el primer año de democracia, apareció muerta en el patio del centro de “Nuestra señora del Pilar” de San Fernando de Henares. La versión oficial es que la adolescente murió al intentar huir descolgándose con unas sábanas desde un tercer piso. Su caso ha sido recogido en Inmaculada. La muerte que precipitó el final del Patronato de Esther López Barceló y María Palau Galdón, otro de los trabajos de referencia en la investigación de este doloroso episodio.

Conocer nuestra historia reciente en sentido amplio no ha estado nunca entre las prioridades de la sociedad española, el ejemplo lo tenemos en cómo se ha contado, o mejor no se ha contado, nuestra Guerra Civil y la cruenta y traumática postguerra bajo el franquismo. Pero si no se ha narrado bien la historia contemporánea de nuestro país, peor parado ha salido todo lo acontecido a las mujeres, como es el caso del Patronato de “Protección” a la mujer.

Esperamos que los trabajos de investigación de Carmen Guillen y el de muchas otras, sirvan para sacar a la luz una siniestra realidad que la sociedad española tiene la obligación de conocer y no ignorar, además de reclamar justicia y responsabilidades por lo sucedido.

Ana Fructuoso
Ana Fructuoso
Fructuoso es Jefa de Sección (Reclamaciones y Recursos) en el área de Gestión Académica de la Universidad de Murcia, donde lleva trabajando 35 años.

El ensayo titulado Redimir y adoctrinar: el Patronato de Protección a la Mujer (1941-1984) de la investigadora Carmen Guillén es mucho más que un interesante y sorprendente trabajo de investigación ya que, a través de él, conocemos algo que no nos deja indiferentes, que nos remueve por dentro, nos interpela, nos indigna y enfurece, principalmente a nosotras, las mujeres.

Carmen Guillén, la autora, es doctora en Historia Contemporánea y profesora en el área de Historia de la Ciencia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Albacete y este libro es el resultado de la investigación que realizó para su tesis doctoral.

Hace unos meses, Carmen presentó este libro en la Biblioteca Regional y nos contó algunas cuestiones interesantes:

En principio, inició una investigación sobre la prostitución en el Franquismo, pero en el transcurso de su búsqueda de información, comenzaron a aparecer referencias a una institución llamada “Patronato de Protección a la Mujer” cuya existencia ignoraba, y este desconocimiento fue lo que en gran parte llamó su atención.

A simple vista parecían lugares de acogida a mujeres que, por distintas circunstancias, se habían visto abocadas a ejercer la prostitución, pero pronto detectó que era mucho más. Intrigada, continuó adentrándose en la materia, y la información que obtuvo era tan transcendente que abandono su investigación inicial para centrarse exclusivamente en lo que acababa de descubrir: ¿Qué eran aquellas instituciones solo para mujeres?, ¿cuál era su finalidad y cómo funcionaban?, ¿cómo se estructuraban y financiaban?, etc. En la presentación de su trabajo, comparó aquel descubrimiento con el de un arqueólogo que empieza a excavar la tierra en busca de algún hallazgo y, de pronto, tropieza con la tumba del mismísimo Tutankamón.

El Patronato, como institución, comenzó el año 1941, en la recién iniciada postguerra, bajo el yugo del franquismo, pero ya existían centros de reclusión para mujeres en España y fuera de ella que, bajo la apariencia de una actividad de servicio social, beneficencia y caridad cristiana, regentado siempre por órdenes religiosas femeninas, recluían a niñas, adolescentes y a mujeres muy jóvenes (exclusivamente mujeres) que no habían cometido delito alguno ni pesaba sobre ellas ninguna sentencia condenatoria, pero que según los criterios de los responsables, el Estado y la Iglesia principalmente, no se ajustaban a los cánones femeninos establecidos. Allí, bajo aparente tutela, trabajaban como esclavas, se las castigadas y hasta sufrían torturas si no se sometían a las estrictas normas, (los testimonios de las supervivientes a las que la autora pudo entrevistar son devastadores en este sentido). 

Según Guillén, el franquismo solo se apropió de estos lugares que ya existían para imprimirles su propia óptica: los extendió por todo el país, cada provincia tenía los suyos propios, los financió, formó una red estructurada y sólida que se mantuvo activa hasta, nada más y nada menos, 1985, ya en plena democracia, hecho que no deja de ser sorprendente.

Guillén nos habla de las grandes dificultades con la que se ha ido encontrando en su tarea investigadora: el silencio, el secretismo, la pérdida de archivos que han ido desapareciendo por la negligencia de los que tenían el deber de custodiarlos. Pero pese a todo, ella no se dio por vencida, recopiló numerosa documentación de forma meticulosa y eficaz para conseguir desvelarnos un mundo aterrador, doloroso e injusto que sufrieron aquellas niñas y mujeres, muy jóvenes, con la pretensión de que no quedara en el olvido.

Es lo que Carmen llama “hacer historia desde los márgenes. Cuando partes de una documentación tan precaria, casi siempre en manos de órdenes religiosas que niegan y restringen el acceso, solo queda la opción de realizar un trabajo detectivesco, llenar los vacíos, interpretar silencios, examinar fotografías, seguir el rastro de las huellas que fueron dejando tras de sí y que no consiguieron ocultar.”

Sin embargo, contaba con una fuente valiosísima: el testimonio de mujeres que estuvieron recluidas en aquellos centros. Sus relatos han servido para conocer mejor cómo funcionaban, como fue la vida entre sus muros.

Todo comenzó con una de las supervivientes del Patronato: Consuelo García del Cid, escritora, investigadora y activista por los derechos de las mujeres. Ha publicado libros como Ruega por nosotras, recientemente y Las desterradas hijas de Eva (2012), en los que revela los sacrificios sufridos por miles de mujeres que pasaron por estas instituciones.

Tras su testimonio, otras supervivientes decidieron salir del silencio en el que habían estado sumidas durante años y contar sus propios relatos. Así, entraron en contacto unas con otras, se asociaron, transformaron una herida individual en una experiencia compartida que ha significado el punto de partida para una movilización política para exigir memoria, justicia y reparación.

Sin embargo, el Estado Español no les ha dado una respuesta satisfactoria. A pesar de contar desde 2007 con la primera Ley de Memoria Histórica y, desde 2022, con Ley de Memoria Democrática, en los listados de víctimas del franquismo que las leyes han propiciado, las mujeres del Patronato no han sido incluidas. Esta es una de las reivindicaciones principales de las asociaciones que siguen pendientes de reconocimiento.

Por el momento, solo ha sido incluida Inmaculada Valderrama, la adolescente de 14 años que el 19 de septiembre de 1983, el primer año de democracia, apareció muerta en el patio del centro de “Nuestra señora del Pilar” de San Fernando de Henares. La versión oficial es que la adolescente murió al intentar huir descolgándose con unas sábanas desde un tercer piso. Su caso ha sido recogido en Inmaculada. La muerte que precipitó el final del Patronato de Esther López Barceló y María Palau Galdón, otro de los trabajos de referencia en la investigación de este doloroso episodio.

Conocer nuestra historia reciente en sentido amplio no ha estado nunca entre las prioridades de la sociedad española, el ejemplo lo tenemos en cómo se ha contado, o mejor no se ha contado, nuestra Guerra Civil y la cruenta y traumática postguerra bajo el franquismo. Pero si no se ha narrado bien la historia contemporánea de nuestro país, peor parado ha salido todo lo acontecido a las mujeres, como es el caso del Patronato de “Protección” a la mujer.

Esperamos que los trabajos de investigación de Carmen Guillen y el de muchas otras, sirvan para sacar a la luz una siniestra realidad que la sociedad española tiene la obligación de conocer y no ignorar, además de reclamar justicia y responsabilidades por lo sucedido.

Ana Fructuoso
Ana Fructuoso
Fructuoso es Jefa de Sección (Reclamaciones y Recursos) en el área de Gestión Académica de la Universidad de Murcia, donde lleva trabajando 35 años.
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1 COMENTARIO

  1. Este libro sobre el PATRONATO me lo voy a regalar para leerlo estas vacaciones. Hace unos días en la SEXTA echaron un programa sobre este Patronato, mientras jugaba España en el mundial.
    Lo estaríamos viendo yo y unos cuantos más.
    Salieron en el programa de TV algunas de las supervivientes de las que estuvieron recluida en esas cárceles.
    «Uno de los testimonios de una de las mujeres, Loli, diciendo que las monjas presionaban a las jóvenes para que dieran a sus hijos en adopción a familias famosas o ricas, como ella misma que tuvo dos hijos y lo hizo por miedo»
    La niña tenía tres años y el niño uno, recordaba. Loli pasó años buscando a sus hijos.
    ¡Conocer para no volver a repetirlo!

Ana Fructuoso
Ana Fructuoso
Fructuoso es Jefa de Sección (Reclamaciones y Recursos) en el área de Gestión Académica de la Universidad de Murcia, donde lleva trabajando 35 años.
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