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🐣 domingo 03 marzo 2024
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La subida del salario mínimo vacía el sobre de los viernes

Dicen los expertos contrarios a subir el salario mínimo que esta medida aumenta los costes laborales para las empresas y su rentabilidad. Afirman, incluso, que puede reducir la competitividad de las empresas en el marcado exterior. 

Por otro lado, quienes se muestran a favor, afirman que puede mejorar la calidad de vida de los trabajadores, aumentar su productividad e impulsar el crecimiento económico. 

Sin embargo, en Yecla la medida no ha gustado en exceso. Ni a los empresarios ni, sorprendentemente, a los trabajadores. Y es que muchos se han quejado de que aumentar el salario en A, conlleva un vaciado progresivo del sobre en B de los viernes. 

«Yo llevaba años ganando 1.600 euros; 800 en nómina y 200 cada viernes», explica José Luis López, trabajador de una empresa de nuestra ciudad. «Sin embargo, ahora los ladrones del Gobierno quieren más dinero para ellos en base a impuestos y por eso están subiendo el salario mínimo», añade.

Y continúa: «Mi jefe está frito, bastante hace para poder mantener la empresa; normal que haya tenido que bajarme lo que me da en el sobre, si le están acribillando con la Seguridad Social». Y apostilla: «¡Que me ha informado bien: el 70% de lo que paga por mí es el sueldo, el otro 30% son impuestos!».

No cabe duda de que la situación es complicada en Yecla. Los trabajadores pierden poder adquisitivo al mismo ritmo que crece el salario mínimo. Puede parecer paradójico, pero es la pura verdad. «Como decía, antes cobraba 800 en nómina y 800 en B. Ahora, cobro solo 1.450 euros; 1050 en A y 400 en B. El resto, se va en impuestos», recalca José Luis.

Por su parte, Josefa Pérez se encuentra en una tesitura complicada. «Llevo 20 años cosiendo en mi casa. Pero ahora está más difícil porque parece que nos vigilan cada vez que metemos o sacamos los sacos con las telas», recuerda. «¿Tener un contrato y cotizar? Para qué, si al final todo se lo quedan los mangantes de siempre», recalca. Es verdad que hace una década, Antena 3 ya denunció esta situación y todo está más controlado, pero en algunas empresas estas trabajadoras sin contrato siguen a la orden del día.

¿Con o sin IVA?

Mención aparte merecen algunos autónomos de esta ciudad. «¿Te lo hago con o sin IVA?», bromea Antonio López, afirmando que es la pregunta que más veces hace a sus clientes. Recuerda también cómo durante la pandemia siguió trabajando mientras declaraba que no lo hacía para recibir las ayudas del Gobierno. Lo mismo que su colega Luis García: «Para una vez que dan algo, no iba a ser tan tonto de rechazarlo», señala.

«Lo que hice fue trabajar en B durante toda la pandemia; y si me pedían factura, les decía que no era necesario. Al final convencía a todo el mundo cuando le decía que los 300 euros del presupuesto no incluían el IVA. Casi nadie duda entre pagar 300 o 363 euros», cuenta.

La situación no cambió al volver a la normalidad. «Me había acostumbrado a proceder así; en 2022 no he parado de trabajar y solo he emitido 22 facturas a 22 pesados», afirma entre risas. «He ido a mi asesoría a ver si gracias a haber tenido tan pocos ingresos oficiales puedo acogerme a alguna otra ayuda en 2023, ahora que parece que hay más», remarca. 

«Es más, estoy pensando en otra triquiñuela ahora que voy a ser padre. Un amigo me ha dicho que me pille la baja por paternidad a media jornada. En verdad, él trabaja todo el día, pero recibe la mitad del subsidio y solo paga la mitad de la cuota. Si le pillan… pues no pasa nada, dice que está en la media jornada en que trabaja y se acabó. Es un crack», añade. 

Pero la sanidad y la educación van fatal

Lo más curioso es que, preguntadas por este medio, las mismas personas señalaron que la sanidad y la educación están muy mal. «Dos años estoy esperando para que me operen de la rodilla», afirmaba Josefa. «La verdad es que la sanidad es un desastre, pero si no nos robaran tanto…», añade.

Lo mismo ocurre con el colegio del hijo de José Luis: «El centro tiene estropeada la calefacción y nadie la arregla, a ver si los sinvergüenzas que nos gobiernan, en Murcia, en Madrid, en Yecla y donde sea, dejan de robar y pueden invertir en arreglarla. ¡Que para eso pagamos impuestos!», explica airado. «¡Y que terminen de una vez la autovía!», sentencia.

¿No se han dado cuenta de que ustedes también son evasores de impuestos? Ante esta pregunta, los ataques fueron directos: «¿Que yo qué?», gritó Luis García. «Yo soy un trabajador honrado, llevo desde los 14 años trabajando. Y ahora me vas a decir tú que porque haga solo 20 o 30 facturas con IVA al año soy un evasor de impuestos… venga ya, lo que tú digas. Lo único que hago es sobrevivir en este mundo de ladrones. Si lo declarara todo tendría que cerrar», concluye. 

¿Inocentada o realidad?

En definitiva, ficción o no, el caso es que este reportaje podría darse no solo en Yecla, sino en muchas ciudades de nuestro país. La economía sumergida ha caracterizado a España desde los años 70. Y nuestra ciudad nunca se ha quedado atrás; es más, ha sido abanderada, si no que se lo digan a Cásper y su banda. Según los últimos datos oficiales, alrededor del 20% del PIB de nuestro país equivale a actividades no declaradas, frente al 13% promedio de la Unión Europea. 

De hecho, se ha empezado a pelear contra la economía sumergida con el aumento de los pagos con tarjeta, la prohibición de hacer transacciones en metálico superiores a 1.000 euros y la negativa de cada vez más trabajadores a trabajar en la sombra.

Por suerte, ejemplos como los inventados en este artículo son cada vez menos frecuentes. La mayor parte de los trabajadores empieza a reaccionar y ya no ve el hecho de cobrar en B como motivo de orgullo; sobre todo, tras comprobar los bajos ERTEs que cobraron en la pandemia o la mísera prestación por desempleo que se les queda cuando pierden su trabajo, la cual no les permite mantener su tren de vida sustentado, en parte, en la economía sumergida. 

Aun con todo, esta práctica evasiva continúa a la orden del día y es la forma de vida de miles de trabajadores en nuestro país. Sobre todo, en las regiones más empobrecidas y en los sectores más precarios: construcción, comercio u hostelería. En el sector industrial nadie puede negar que también ha sido muy patente. Por suerte, en los últimos meses más de 285.000 puestos de trabajo han salido de la economía sumergida. 

Ojalá cunda el ejemplo y la situación mejore, pues cabe recordar que Yecla es uno de los municipios de España con renta media más baja. En concreto, nuestra ciudad ocupa el puesto 46 por la cola con solo 9.256 euros de media por habitante. La media nacional está 3.000 euros por encima. Pero, ¿alguien se cree ese dato?

Lo dicho, feliz Día de los Inocentes… o de los listillos. Según se mire.

Dicen los expertos contrarios a subir el salario mínimo que esta medida aumenta los costes laborales para las empresas y su rentabilidad. Afirman, incluso, que puede reducir la competitividad de las empresas en el marcado exterior. 

Por otro lado, quienes se muestran a favor, afirman que puede mejorar la calidad de vida de los trabajadores, aumentar su productividad e impulsar el crecimiento económico. 

Sin embargo, en Yecla la medida no ha gustado en exceso. Ni a los empresarios ni, sorprendentemente, a los trabajadores. Y es que muchos se han quejado de que aumentar el salario en A, conlleva un vaciado progresivo del sobre en B de los viernes. 

«Yo llevaba años ganando 1.600 euros; 800 en nómina y 200 cada viernes», explica José Luis López, trabajador de una empresa de nuestra ciudad. «Sin embargo, ahora los ladrones del Gobierno quieren más dinero para ellos en base a impuestos y por eso están subiendo el salario mínimo», añade.

Y continúa: «Mi jefe está frito, bastante hace para poder mantener la empresa; normal que haya tenido que bajarme lo que me da en el sobre, si le están acribillando con la Seguridad Social». Y apostilla: «¡Que me ha informado bien: el 70% de lo que paga por mí es el sueldo, el otro 30% son impuestos!».

No cabe duda de que la situación es complicada en Yecla. Los trabajadores pierden poder adquisitivo al mismo ritmo que crece el salario mínimo. Puede parecer paradójico, pero es la pura verdad. «Como decía, antes cobraba 800 en nómina y 800 en B. Ahora, cobro solo 1.450 euros; 1050 en A y 400 en B. El resto, se va en impuestos», recalca José Luis.

Por su parte, Josefa Pérez se encuentra en una tesitura complicada. «Llevo 20 años cosiendo en mi casa. Pero ahora está más difícil porque parece que nos vigilan cada vez que metemos o sacamos los sacos con las telas», recuerda. «¿Tener un contrato y cotizar? Para qué, si al final todo se lo quedan los mangantes de siempre», recalca. Es verdad que hace una década, Antena 3 ya denunció esta situación y todo está más controlado, pero en algunas empresas estas trabajadoras sin contrato siguen a la orden del día.

¿Con o sin IVA?

Mención aparte merecen algunos autónomos de esta ciudad. «¿Te lo hago con o sin IVA?», bromea Antonio López, afirmando que es la pregunta que más veces hace a sus clientes. Recuerda también cómo durante la pandemia siguió trabajando mientras declaraba que no lo hacía para recibir las ayudas del Gobierno. Lo mismo que su colega Luis García: «Para una vez que dan algo, no iba a ser tan tonto de rechazarlo», señala.

«Lo que hice fue trabajar en B durante toda la pandemia; y si me pedían factura, les decía que no era necesario. Al final convencía a todo el mundo cuando le decía que los 300 euros del presupuesto no incluían el IVA. Casi nadie duda entre pagar 300 o 363 euros», cuenta.

La situación no cambió al volver a la normalidad. «Me había acostumbrado a proceder así; en 2022 no he parado de trabajar y solo he emitido 22 facturas a 22 pesados», afirma entre risas. «He ido a mi asesoría a ver si gracias a haber tenido tan pocos ingresos oficiales puedo acogerme a alguna otra ayuda en 2023, ahora que parece que hay más», remarca. 

«Es más, estoy pensando en otra triquiñuela ahora que voy a ser padre. Un amigo me ha dicho que me pille la baja por paternidad a media jornada. En verdad, él trabaja todo el día, pero recibe la mitad del subsidio y solo paga la mitad de la cuota. Si le pillan… pues no pasa nada, dice que está en la media jornada en que trabaja y se acabó. Es un crack», añade. 

Pero la sanidad y la educación van fatal

Lo más curioso es que, preguntadas por este medio, las mismas personas señalaron que la sanidad y la educación están muy mal. «Dos años estoy esperando para que me operen de la rodilla», afirmaba Josefa. «La verdad es que la sanidad es un desastre, pero si no nos robaran tanto…», añade.

Lo mismo ocurre con el colegio del hijo de José Luis: «El centro tiene estropeada la calefacción y nadie la arregla, a ver si los sinvergüenzas que nos gobiernan, en Murcia, en Madrid, en Yecla y donde sea, dejan de robar y pueden invertir en arreglarla. ¡Que para eso pagamos impuestos!», explica airado. «¡Y que terminen de una vez la autovía!», sentencia.

¿No se han dado cuenta de que ustedes también son evasores de impuestos? Ante esta pregunta, los ataques fueron directos: «¿Que yo qué?», gritó Luis García. «Yo soy un trabajador honrado, llevo desde los 14 años trabajando. Y ahora me vas a decir tú que porque haga solo 20 o 30 facturas con IVA al año soy un evasor de impuestos… venga ya, lo que tú digas. Lo único que hago es sobrevivir en este mundo de ladrones. Si lo declarara todo tendría que cerrar», concluye. 

¿Inocentada o realidad?

En definitiva, ficción o no, el caso es que este reportaje podría darse no solo en Yecla, sino en muchas ciudades de nuestro país. La economía sumergida ha caracterizado a España desde los años 70. Y nuestra ciudad nunca se ha quedado atrás; es más, ha sido abanderada, si no que se lo digan a Cásper y su banda. Según los últimos datos oficiales, alrededor del 20% del PIB de nuestro país equivale a actividades no declaradas, frente al 13% promedio de la Unión Europea. 

De hecho, se ha empezado a pelear contra la economía sumergida con el aumento de los pagos con tarjeta, la prohibición de hacer transacciones en metálico superiores a 1.000 euros y la negativa de cada vez más trabajadores a trabajar en la sombra.

Por suerte, ejemplos como los inventados en este artículo son cada vez menos frecuentes. La mayor parte de los trabajadores empieza a reaccionar y ya no ve el hecho de cobrar en B como motivo de orgullo; sobre todo, tras comprobar los bajos ERTEs que cobraron en la pandemia o la mísera prestación por desempleo que se les queda cuando pierden su trabajo, la cual no les permite mantener su tren de vida sustentado, en parte, en la economía sumergida. 

Aun con todo, esta práctica evasiva continúa a la orden del día y es la forma de vida de miles de trabajadores en nuestro país. Sobre todo, en las regiones más empobrecidas y en los sectores más precarios: construcción, comercio u hostelería. En el sector industrial nadie puede negar que también ha sido muy patente. Por suerte, en los últimos meses más de 285.000 puestos de trabajo han salido de la economía sumergida. 

Ojalá cunda el ejemplo y la situación mejore, pues cabe recordar que Yecla es uno de los municipios de España con renta media más baja. En concreto, nuestra ciudad ocupa el puesto 46 por la cola con solo 9.256 euros de media por habitante. La media nacional está 3.000 euros por encima. Pero, ¿alguien se cree ese dato?

Lo dicho, feliz Día de los Inocentes… o de los listillos. Según se mire.

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2 COMENTARIOS

  1. ¡¡Feliz día de los inocentes!! No hacer mucho B que Casper no está jubilado.
    Esta noticia «tan inocente» si la zarandeamos no todo cae al suelo, en la zaranda se quedan cosas.
    Bien es cierto que muchas empresas, digamos la más solventes, han cambiado, todo o casi lo hacen en A.
    A los trabajadores también les va mejor el A, aunque para algunos le cueste entender. Para caso de accidente, enfermedad, jubilación… el B no cuenta. Cuando nos quejamos por no haber hecho bien las cosas ya es tarde.

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