La manifestación del Orgullo LGTBIQ+ volvió a recorrer este viernes las calles de Yecla en una marcha organizada por el colectivo Orgullo Yecla, que partió desde la Plaza Mayor y concluyó en la Plaza García Lorca. Un año más, la convocatoria sirvió para reivindicar la libertad afectiva y sexual, la igualdad de derechos y la necesidad de que todas las personas puedan vivir sin miedo, sin insultos y sin tener que esconder quiénes son.
La marcha reunió a personas del colectivo, familiares, amistades y vecinos que quisieron mostrar su apoyo en una jornada festiva, pero también reivindicativa. Porque el Orgullo, más allá de los colores, la música o las pancartas, sigue teniendo un significado profundo: recordar que todavía hay personas que son señaladas, cuestionadas o atacadas por su orientación sexual o identidad de género.
Y esa necesidad de visibilización se entiende todavía mejor en municipios como Yecla, donde salir a la calle para defender la propia libertad requiere una valentía añadida. En las grandes ciudades, el anonimato protege en parte. En los pueblos y ciudades medianas, en cambio, todo el mundo conoce a todo el mundo. Quien se manifiesta no lo hace entre desconocidos, sino ante vecinos, conocidos, compañeros de trabajo, familiares o personas con las que se cruza a diario. Por eso, cada paso en una manifestación como esta tiene un valor especial.
La celebración del Orgullo en Yecla llega, además, en un contexto en el que las redes sociales han vuelto a mostrar una parte incómoda de la realidad. Tras la difusión de imágenes de la marcha, numerosos comentarios publicados evidenciaron rechazo, burla e incluso desprecio hacia quienes participaron en la manifestación. Mensajes que, lejos de restar sentido a la convocatoria, explican precisamente por qué sigue siendo necesaria.


















Porque si todavía hay quien ridiculiza a quienes reivindican vivir libremente, si todavía hay quien considera una “provocación” que dos personas puedan mostrarse tal y como son, si todavía hay quien responde con insultos a una manifestación pacífica, entonces el Orgullo no es una fiesta innecesaria: es una reivindicación pendiente.
El colectivo LGTBIQ+ no sale a la calle para pedir privilegios. Sale para reclamar algo tan básico como poder vivir con normalidad, sin miedo a ser juzgado, insultado, discriminado o agredido. Sale para recordar que la igualdad legal no siempre se traduce en igualdad real. Y sale, también, por quienes aún no se atreven a hacerlo.
En ese sentido, la manifestación del Orgullo en Yecla no solo interpela a quienes forman parte del colectivo. También interpela al conjunto de la sociedad. A quienes apoyan, a quienes miran desde la distancia y a quienes quizá todavía no entienden que la libertad de unos nunca amenaza la libertad de los demás.
La marcha terminó en la Plaza García Lorca, pero su mensaje va más allá del recorrido. En una ciudad donde todavía hay personas que se sienten observadas, juzgadas o cuestionadas por ser quienes son, la visibilidad sigue siendo una herramienta imprescindible. Y quienes este sábado salieron a la calle lo hicieron, precisamente, para abrir camino, para ocupar el espacio público y para recordar que Yecla también debe ser un lugar donde todas las personas puedan vivir con dignidad, respeto y libertad.
Galería de imágenes de Juanjo Martínez

















































Esta manifestación del Orgullo me ha recordado que todavía vivimos en democracia. Hoy defender la democracia es «revolucionario» ante los intentos reaccionarios que hoy día vivimos.
Recordar el oscuro pasado nos puede servir para no repetirlo. Y en estos recuerdos me he encontrado con algo que pasó hace años, (1941-1985) pero que pasó, y fueron los «Patronatos de La Protección a la Mujer».
El objeto de estos Patronatos era reprimir y «rehabilitar» moralmente a las adolescentes que la dictadura consideraba «caídas» o en riesgo de «caer».
Algunos de los motivos para estar en estos centros; ser madre soltera, quedar embarazada, o ser sospechosa de homosexualidad.
Hay un libro sobre esto «Redimir y adoctrinar: El Patronato de Protección a la Mujer (1941-1985)»
Escrito por la escritora Carmen Guillen (Editorial Crítica 2026)
Recordar el negro pasado para no repetirlo. Hoy defender el ORGULLO es revolucionario.
Pues sí David, desgraciadamente siguen siendo necesarias actos para hacer visible la realidad LGBT
Pero hemos mezclado churras con merinas sin generar un previo debate social, intentado imponer un pensamiento único.
Una cosa son los sentimientos que unas personas podemos tener hacia personas de nuestro mismo sexo (o hacia los dos sexos) al amor entre todas las personas no se deben poner ninguna traba.
Pero otra cosa es que una persona nacida mujer, diga que es un hombre. Esto necesita alguna vuelta más si queremos que la sociedad lo entienda.
Ayer un chico alto con barbas llevaba un cartel que decia: «No se trata de ser todos iguales, sino de aprender a respetar las diferencias». Pues eso, hay personas en la sociedad que para respetar primero precisan entender, y esto solo se consigue si se respetan y escuchan TODAS las opiniones, incluso la de los contrarios, y desgraciadamente se está cancelando el debate social necesario para que los ciudadanos maduren y puedan respetar.