Una cubierta gris y ondulada, ese tejado de toda la vida que lleva décadas aguantando el sol y la lluvia. En muchos municipios españoles, incluidos los de interior como los del Altiplano murciano, ese material es fibrocemento con amianto: una combinación resistente y barata que durante décadas se instaló en naves industriales, almacenes agrícolas, garajes y viviendas unifamiliares bajo el nombre comercial de uralita.
España prohibió la fabricación y uso del amianto en 2002, siguiendo las directrices europeas. Pero la prohibición no retiró el material que ya estaba instalado. Hoy, más de veinte años después, ese amianto sigue ahí, envejeciendo.
El problema no es el amianto, sino su deterioro
Mientras las placas permanecen intactas, el riesgo es limitado. El peligro aparece con el paso del tiempo: la exposición a la intemperie degrada el fibrocemento y libera fibras microscópicas al aire. Esas fibras, al ser inhaladas, pueden causar enfermedades respiratorias graves e incluso mesotelioma, un tipo de cáncer con un período de latencia de hasta cuatro décadas. Es decir, alguien expuesto hoy podría no ver las consecuencias hasta bien entrado el siglo.
Por eso los expertos insisten en que esperar no es una opción. Cuanto más deteriorado está el material, mayor es la liberación de fibras y mayor el riesgo para quienes viven o trabajan en el entorno.
Retirar amianto no es una obra convencional
A diferencia de cualquier reforma de cubierta, la retirada de amianto está regulada por normativa específica y solo puede ejecutarse por empresas inscritas en el RERA (Registro de Empresas con Riesgo de Amianto). El proceso incluye medidas de protección para los operarios, embalaje especial del material retirado y su traslado obligatorio a un gestor de residuos peligrosos autorizado.
El coste puede ser significativo, especialmente en superficies grandes. Algunas comunidades autónomas, como Cataluña, ya han puesto en marcha líneas de subvención específicas para ayudar a los propietarios a asumir este gasto. La empresa especializada Hostec, con amplia experiencia en desamiantado, mantiene actualizada una guía sobre subvenciones para retirada de amianto donde explica los requisitos técnicos, los importes disponibles y cómo obtener el presupuesto RERA necesario para cualquier tramitación.
¿Tienes uralita en tu tejado? Si el inmueble es anterior a 2002 y tiene cubierta de fibrocemento ondulado, es probable que contenga amianto. El primer paso es solicitar una inspección a una empresa certificada RERA.
Una operación que exige maquinaria especializada
Más allá de los trámites, la retirada de una cubierta de amianto es logísticamente exigente. Las placas deben bajarse con cuidado, embalarse en envolturas homologadas y cargarse en vehículos adecuados para su transporte a planta autorizada. En obras de cierto volumen, contar con equipos de elevación y carga es imprescindible para garantizar la seguridad y la eficiencia. El alquiler de camiones grúa de Rento cubre esta necesidad con flota disponible para obras de cualquier tamaño, sin que la empresa ejecutora tenga que invertir en equipos propios.
Un problema que no desaparece solo
El amianto no avisa. No huele, no se ve a simple vista en el aire y sus efectos sobre la salud pueden tardar décadas en manifestarse. Esa invisibilidad es precisamente lo que lo hace peligroso: es fácil postergarlo, seguir mirando ese tejado cada mañana y pensar que ya habrá tiempo. Pero el material se degrada cada año que pasa, y con él aumenta el riesgo para las personas que viven cerca.
Informarse, pedir un presupuesto y explorar las vías de financiación disponibles es el primer paso. Y ese sí está al alcance de cualquier propietario, independientemente de dónde viva.



















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