El otro día, escuche a la alcaldesa de Yecla realizando unas declaraciones sobre las personas inmigrantes que están
saturando parte de los servicios del ayuntamiento con el tema de la regularización extraordinaria. A veces como
empleamos las palabras pueden inducir a mal interpretaciones y aunque no sean mal intencionadas. Creo que con
los tiempos de polarización que corren debemos de ser muy cuidadosos en con cómo nos expresamos.
Estos días estuve de visita por nuestra ciudad y pude escuchar muchos comentarios que partían de una
interpretación prejuiciosa de las declaraciones de la señora alcaldesa de Yecla, por eso me animo a escribir estas
palabras.
No quise hacerlo desde una reflexión teórica, si no mas bien de una llamada a pensar de manera mas humana y de
aprender a mirarnos desde la compasión. Y no lo hago desde el juicio de sentirme o ser mejor que nadie, pues soy el
primero que tengo prejuicios, pero no quiero ser una persona que se queda en eso, quiero mirar más allá de mi ego,
por eso comparto este humilde e imperfecto poema con la esperanza de que nos ayude y eduque en una mirada
más humana.
No saturan las personas,
como no pueden saturar los sueños,
ni las manos que trabajan por la paz.
Satura la injusticia, la indiferencia, la guerra,
la crueldad y la falta de amor.
No satura el acumulo de esperanzas de una larga cola de personas,
que esperan para solicitar un papelico.
Saturan los ojos miopes que no saben mirar,
los armarios cerrados,
y las manos inútiles que no saben acariciar.
¿Y si cambiamos lo de saturar por colmar?
La muy ilustre alcaldesa de Yecla declara:
Decenas de personas colman nuestras dependencias,
estoy muy orgullosa de estos nuevos yeclanos y yeclanas que quieren sumar.
En lo que podamos pondremos medios para facilitarles lo que necesitan,
me pondré en contacto con otras administraciones para colaborar.
Han venido desde lejos a nuestra tierra,
para trabajar, amar y junto a nosotros y nosotras soñar.
No saturan las personas,
Los que colapsan son los corazones pequeños y ciegos incapaces de ver el mar.
no quiero nichos en las orillas,
lo que quiero es colmarme de playas de espuma blanca donde en paz sea posible amar.
Artículo de Ramón Ibáñez
















