.
🌼 miércoles 24 abril 2024
spot_imgspot_imgspot_imgspot_img
spot_img

Yecla, ciudad feliz

Hace unos días llegó a mi correo electrónico un artículo (*) que, pensado para las grandes ciudades, también encajaba en nuestro pueblo, en su ámbito urbanístico:

“Nuestras ciudades nunca habían usado tanto terreno, energía y recursos como en la actualidad. Pese a la gran cantidad de dinero que hemos invertido en la ciudad dispersa, esta ha fracasado a la hora de maximizar la salud y la felicidad: nos vuelve más gordos, más enfermos y más proclives a morir jóvenes. Hace la vida más cara de lo que es. Nos roba tiempo. Nos pone trabas para mantener el contacto con los amigos, la familia, los vecinos.”

Yecla, durante las últimas décadas, ha seguido este patrón de ciudad dispersa, aunque la mayoría lo daba por fracasado hace mucho tiempo. De hecho, ya cuando se inició el interminable plan de ordenación urbana, hace una veintena de años, se proclamaba en él que Yecla fuera una ciudad compacta, como se sigue defendiendo en la actualidad.

Mientras tanto, no solo se permite lo contrario, sino que se promueve y defiende este modelo. Un ejemplo palpable es la creación de la concejalía de diseminados.

¿No tendría más sentido la concejalía del Casco Antiguo? ¿Concejalía de Herratillas?

Dice la RAE que diseminar es extender lo que está junto o amontonado. Justo lo que hemos hecho, extendernos. Y así ha sido por cualquier bancal, majuelo o parcela. Tanta era la necesidad de separarnos, que hemos terminado juntándonos de nuevo. Ahora somos diseminados amontonados. ¿Tendremos que diseminarnos de nuevo?

Aparcamiento

No es una exageración que, en ciertos parajes, ya hay más densidad de población que en algunas calles del casco urbano. Y el tráfico de ida y vuelta, también se ha adueñado de los caminos rurales. Escasean los paseantes, se ha tornado un peligro.

El coche, junto a las cada vez más altas vallas, son el paisaje de lo que otrora eran los campos de Yecla.

Esclavos de los coches, de tantos, que ya no caben ni en el caso urbano. ¡Más y mejor circulación, más lugares de aparcamiento! Es la reclamación.

Desisten de tener un centro feliz, verde, divertido, bonito, sano, en definitiva, vivible. Un centro para las personas sin coches y sin carnés. Para niñas y sus patines, nuestros mayores con garrotes, papás con carritos, discapacitados con sus artilugios, personas andando y disfrutando de su pueblo, o terrazas sin humos y seguras.

Además, nos hemos diseminado a nuestro antojo. Nos sentimos libres. Cero restricciones. Tantos estilos arquitectónicos como voluntades, gustos o bolsillos. Y cada cual elige el aderezo final a su antojo: valla vegetal, de bloque blanco, hormigón armado, cemento; con pista de tenis y/o piscina, aparcamientos cubiertos para 3 o 4 plazas; también algún camión puede caber; casi siempre se incluyen perros que ladran a todos y a cualquier hora, y hasta jaurías; y se pueden encontrar también caballos.

Tampoco tenemos límites para elegir el paraje. Todos colonizados. Como en el viejo oeste americano. Quien llega, se instala. Y una vez allí, nuestros derechos están por encima de cualquier otro. Aunque fuera previo a nuestro asentamiento, y aunque merme o restrinja el desarrollo industrial posterior.

Mientras, nuestros vecinos del casco urbano sufren lo contrario: están constreñidos por las normas urbanísticas, que sobre ordenan y encarecen cualquier decisión. Y no será porque no existen multitud de casas semiderruidas y abandonadas, o cientos de solares dormidos para la urbanización, esperando a un buen contrato para convertirse en zonas de aparcamientos.

Decía este mismo artículo que: “no es demasiado tarde para reconstruir el equilibrio vital en nuestros barrios y ciudades y, con ello, reconstruir un futuro más resiliente…Todos necesitamos intimidad, pero estamos especialmente preparados para llevarnos bien en lugares donde, con un escenario adecuado, logramos convertir a completos extraños en personas valiosas y respetables. No sacamos lo mejor de nosotros mismos en la soledad de la sabana o la carretera, sino en el grupo, el equipo, el pueblo”.

Pensamos que, como con tantas cosas, supuestamente pequeñas, serán otros los que se encargarán de ellas, y preferimos continuar resignados a que la ciudad siga cada vez más rota, y en manos de proyectistas, ingenieros y promotores inmobiliarios, con regulaciones donde siempre prima el asfalto y el hormigón.

Es mucho más fácil mirar para otro lado y dejar de hacernos preguntas. Ya se apañarán las generaciones que vengan; tengo bastante con lo mío, nos decimos a menudo.

Existe otra opción, dejar tu entorno, nuestro pueblo, un poquito mejor de cómo estaba cuando vinimos a él. Son los pequeños gestos los que cambian el mundo.

De cuan grande sea el deseo de los yeclanos por tener la ciudad feliz que nos merecemos dependerá el resultado final que consigamos.

(*) “Salva tu ciudad para salvarte a ti mismo” (Igluu, mayo 2023).

Ciudad feliz: Transformar la vida a través del diseño urbano, de Charles Montgomery (Capitán Swing).

Conrado Padilla Marco
Conrado Padilla Marco
“Mi Rincón de Pensar”. Donde con pasión y determinación, mente abierta y creatividad, abrazo las ideas de cambio que, humildemente, creo que pueden ayudar a trasformar mi pueblo, Yecla. Contacta conmigo en conrado.padillam@gmail.com

Hace unos días llegó a mi correo electrónico un artículo (*) que, pensado para las grandes ciudades, también encajaba en nuestro pueblo, en su ámbito urbanístico:

“Nuestras ciudades nunca habían usado tanto terreno, energía y recursos como en la actualidad. Pese a la gran cantidad de dinero que hemos invertido en la ciudad dispersa, esta ha fracasado a la hora de maximizar la salud y la felicidad: nos vuelve más gordos, más enfermos y más proclives a morir jóvenes. Hace la vida más cara de lo que es. Nos roba tiempo. Nos pone trabas para mantener el contacto con los amigos, la familia, los vecinos.”

Yecla, durante las últimas décadas, ha seguido este patrón de ciudad dispersa, aunque la mayoría lo daba por fracasado hace mucho tiempo. De hecho, ya cuando se inició el interminable plan de ordenación urbana, hace una veintena de años, se proclamaba en él que Yecla fuera una ciudad compacta, como se sigue defendiendo en la actualidad.

Mientras tanto, no solo se permite lo contrario, sino que se promueve y defiende este modelo. Un ejemplo palpable es la creación de la concejalía de diseminados.

¿No tendría más sentido la concejalía del Casco Antiguo? ¿Concejalía de Herratillas?

Dice la RAE que diseminar es extender lo que está junto o amontonado. Justo lo que hemos hecho, extendernos. Y así ha sido por cualquier bancal, majuelo o parcela. Tanta era la necesidad de separarnos, que hemos terminado juntándonos de nuevo. Ahora somos diseminados amontonados. ¿Tendremos que diseminarnos de nuevo?

Aparcamiento

No es una exageración que, en ciertos parajes, ya hay más densidad de población que en algunas calles del casco urbano. Y el tráfico de ida y vuelta, también se ha adueñado de los caminos rurales. Escasean los paseantes, se ha tornado un peligro.

El coche, junto a las cada vez más altas vallas, son el paisaje de lo que otrora eran los campos de Yecla.

Esclavos de los coches, de tantos, que ya no caben ni en el caso urbano. ¡Más y mejor circulación, más lugares de aparcamiento! Es la reclamación.

Desisten de tener un centro feliz, verde, divertido, bonito, sano, en definitiva, vivible. Un centro para las personas sin coches y sin carnés. Para niñas y sus patines, nuestros mayores con garrotes, papás con carritos, discapacitados con sus artilugios, personas andando y disfrutando de su pueblo, o terrazas sin humos y seguras.

Además, nos hemos diseminado a nuestro antojo. Nos sentimos libres. Cero restricciones. Tantos estilos arquitectónicos como voluntades, gustos o bolsillos. Y cada cual elige el aderezo final a su antojo: valla vegetal, de bloque blanco, hormigón armado, cemento; con pista de tenis y/o piscina, aparcamientos cubiertos para 3 o 4 plazas; también algún camión puede caber; casi siempre se incluyen perros que ladran a todos y a cualquier hora, y hasta jaurías; y se pueden encontrar también caballos.

Tampoco tenemos límites para elegir el paraje. Todos colonizados. Como en el viejo oeste americano. Quien llega, se instala. Y una vez allí, nuestros derechos están por encima de cualquier otro. Aunque fuera previo a nuestro asentamiento, y aunque merme o restrinja el desarrollo industrial posterior.

Mientras, nuestros vecinos del casco urbano sufren lo contrario: están constreñidos por las normas urbanísticas, que sobre ordenan y encarecen cualquier decisión. Y no será porque no existen multitud de casas semiderruidas y abandonadas, o cientos de solares dormidos para la urbanización, esperando a un buen contrato para convertirse en zonas de aparcamientos.

Decía este mismo artículo que: “no es demasiado tarde para reconstruir el equilibrio vital en nuestros barrios y ciudades y, con ello, reconstruir un futuro más resiliente…Todos necesitamos intimidad, pero estamos especialmente preparados para llevarnos bien en lugares donde, con un escenario adecuado, logramos convertir a completos extraños en personas valiosas y respetables. No sacamos lo mejor de nosotros mismos en la soledad de la sabana o la carretera, sino en el grupo, el equipo, el pueblo”.

Pensamos que, como con tantas cosas, supuestamente pequeñas, serán otros los que se encargarán de ellas, y preferimos continuar resignados a que la ciudad siga cada vez más rota, y en manos de proyectistas, ingenieros y promotores inmobiliarios, con regulaciones donde siempre prima el asfalto y el hormigón.

Es mucho más fácil mirar para otro lado y dejar de hacernos preguntas. Ya se apañarán las generaciones que vengan; tengo bastante con lo mío, nos decimos a menudo.

Existe otra opción, dejar tu entorno, nuestro pueblo, un poquito mejor de cómo estaba cuando vinimos a él. Son los pequeños gestos los que cambian el mundo.

De cuan grande sea el deseo de los yeclanos por tener la ciudad feliz que nos merecemos dependerá el resultado final que consigamos.

(*) “Salva tu ciudad para salvarte a ti mismo” (Igluu, mayo 2023).

Ciudad feliz: Transformar la vida a través del diseño urbano, de Charles Montgomery (Capitán Swing).

Conrado Padilla Marco
Conrado Padilla Marco
“Mi Rincón de Pensar”. Donde con pasión y determinación, mente abierta y creatividad, abrazo las ideas de cambio que, humildemente, creo que pueden ayudar a trasformar mi pueblo, Yecla. Contacta conmigo en conrado.padillam@gmail.com
uscríbete EPY

¿Quieres añadir un nuevo comentario?

Hazte EPY Premium, es gratuito.

Hazte Premium

3 COMENTARIOS

  1. Cuanta razón tienes, Conrado. Seguramente podría haber sido una actuación ”ordenada”, buscando el interés general y no sólo nuestro exclusivo confort. Está claro que lo que prima es el interés económico, en la Yecla compacta, y el personal en la dispersa.
    No soy muy optimista para el futuro. Aunque creo que las generaciones más jóvenes y venideras tienen y tendrán la cabecica mejor amueblada que las promotoras del desconcierto actual.
    La inacción de las instituciones públicas es otra historia.

  2. Lo que dice Conrado es una «enmienda a la totalidad» al gobierno del PP que nos gobierna durante… 26 años? Recordar los 5.000 metros para edificar en el campo. «Tengo una parcelica… el tipo con el legón y el mono azul.
    El PGOU ni está ni se le espera. Seguro que habrán cosas que se podrán enderezar, otras seguro que se llega tarde.

    Hay pueblos manchegos mu bonicos. Castillo Puche ejerció la crítica y por eso no fue muy querido salvo alguna cosa. Decía, un pueblo beato, ni somos manchegos, ni somos alicantinos, ni somos murcianos, somos raros… y todo eso.

  3. Los habitantes de Yecla nos hemos acostumbrado al «feismo». Somos cada vez un pueblo manchego destartalado que llama la atención al visitante por el abandono total el casco urbano con tendencia a despoblarse y con innumerables solares y casas abandonadas. Impera como bien dice Conrado la ley del salvaje oeste; me hago un «campo» sin criterio urbanistico ninguno y que le den al mundo… Cada más pueblo. Cada vez más próximos a Castillo Puche. Lean «Con la muerte al hombro» y entenderán muchas cosas.

Conrado Padilla Marco
Conrado Padilla Marco
“Mi Rincón de Pensar”. Donde con pasión y determinación, mente abierta y creatividad, abrazo las ideas de cambio que, humildemente, creo que pueden ayudar a trasformar mi pueblo, Yecla. Contacta conmigo en conrado.padillam@gmail.com
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img

Servicios

Demanda empleo Oferta empleo
Compra Venta
Canal inmobiliario Farmacia
Teléfono interes Autobuses