Condenan al Banco Popular por vender productos tóxicos a dos ancianos con minusvalía

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La abogada Magdalena Rico junto a la demandante que ha ganado el juicio al banco.

Les vendieron un producto tóxico, perdieron buena parte de lo invertido y, pese a todo, les pidieron que pusiera más dinero para supuestamente recuperar la inversión. Es la manera de actuar del Banco Popular con estos clientes que llevaban cerca de 60 años entrando en la sucursal de Yecla como en su casa. La Justicia les ha devuelto lo que les pertenecía pero hay algo que no se marcha tan fácilmente, es un sentimiento interior de “defraudados y eso no se nos quita de la cabeza

No quiere que utilicemos su nombre ni su imagen, seguramente por cierto pudor al verse inmersos en una historia que jamás hubieran pensado protagonizar ya que eran clientes “de toda la vida” de una entidad financiera a la que sentían “como mi propia casa”. Eso aseguran la mujer de esta pareja de ancianos de de 78 y 75 años de edad que tienen ambos una minusvalía acreditada.

En 2009 les ofrecieron invertir 20.000 euros en la compra de unos bonos subordinados que en un plazo de tiempo se convertirían en acciones de la propia entidad. Al final, el que prometía ser un buen negocio se convirtió en unas pérdidas de unos 14.000 euros. “Ellos cambiaban, hacían y deshacían lo que querían. Cuando quisimos recuperar el dinero se había perdido casi todo” relata esta mujer que tuvo el coraje de enfrentarse a los responsables de la sucursal en persona diciéndoles que eran “unos sinvergüenzas, me habéis engañado” y luego se fue a los tribunales.

Pero las pérdidas económicas para estos ancianos pudieron ser mayores de la inversión inicial porque les pidieron más dinero para supuestamente volver a tener todo el dinero en sus bolsillos. “Cuando nos dijeron que lo habíamos perdido casi todo me pidieron que invirtiera 5.000 euros más a plazo fijo a un buen interés. Yo les dije que no, y que me dieran el dinero que era mío”, relata esta mujer.

Se da la paradoja que entonces director de la sucursal vivía al lado de la casa de los ancianos. “Lo apreciaba como a un hijo. Cualquier cosa que me pedía yo corría para ofrecérsela”, comenta esta mujer que consideraba al Banco Popular como una parte mía. Pero no miran a las personas solo les importa el dinero”.

A esta anciana también la venta de esta entidad financiera le ha dejado sin los ahorros de buena parte de su vida que estaban invertidos en acciones. “Mi marido invirtió hace muchísimos años 50.000 pesetas en acciones. Nunca vendí, fui comprando má y lo he perdido todo”.

La abogada de este matrimonio, Magdalena Rico, explica que el banco no dio una información precontractual correcta antes de realizar la compra y no consta que se hicieran a los afectados los test de idoneidad y el de conveniencia. Además, advierte que “estos productos son anulables si no hay información previa a la contratación, siendo este un caso de injusticia palmaria y de abuso de una posición dominante, pues el Banco Popular presuntamente abusó de una situación de inferioridad de información de dos personas con déficit importante de comprensión”.

Magdalena Rico asegura que Banco Popular “comercializó el producto omitiendo, en muchas ocasiones, a sus clientes las principales características del producto y que de haber sido conocidas de antemano hubiesen afectado directamente en sus decisiones de contratación”. Una omisión interesada que choca frontalmente con la normativa de consumidores de productos bancarios.

Ahora el Juzgado de Primera Instancia número 1 de Yecla ha declarado nula la compra de es producto y el banco no ha recurrido la sentencia por lo que ya es firme. El matrimonio tendrá sus 20.000 euros más los intereses de estos años. El banco tendrá también que pagar las costas del Juicio y, lo más importante, ha perdido dos clientes de los denominados “de toda la vida”.

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