«Parece que les importa más comerse un filete que ponerse enfermos»

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Foto: Jonathan Borba en Unsplash

Hay un colectivo que durante estos tiempos de crisis sanitaria sigue al pie del cañón para intentar normalizar un poco nuestras vidas. Se trata de los trabajadores y trabajadoras de supermercado. Pero, desgraciadamente, no están viviendo sus mejores momentos. Y es que la tensión y el miedo están haciendo estragos en la ciudadanía, algo que coloca muchas veces a estos profesionales en situaciones extremas. 

elperiodicodeyecla.com ha hablado con tres de estos trabajadores, cada uno de un supermercado diferente, para que nos cuenten cómo están viviendo estos complicados momentos. «Al principio, la sensación era de alivio por poder seguir llevando cierta normalidad en mi vida a pesar del estado de alarma, e incluso nos sentíamos un poco afortunados«, explica una de las personas entrevistadas, a la cuales hemos decidido mantener en el anonimato.

«Pero conforme van pasando los días, las sensaciones van cambiando«, nos cuentan. «A ratos, sabes y te repites que estás cumpliendo con todas las medidas de seguridad, que es difícil contagiarte; que si te contagias, pasarás la enfermedad de forma leve… pero en otros momentos te asalta el miedo a ser contagiada y a contagiar a tu familia o a otros clientes«, aseguran. «Es muy difícil asumir que pasamos el día fuera con la posibilidad de contagiar y ser contagiados en todo momento». 

«Al llegar a casa, lo primero que hago es quitarme la ropa del trabajo, la meto en la lavadora. Me ducho bien y luego ya, abrazo a mis hijos. Todos los días hago lo mismo». 

Medidas de seguridad

En estos días de alarma, este colectivo está trabajando todavía con más celeridad si cabe. «Los camiones siguen llegando diariamente, y tenemos que reponer a más velocidad para que los clientes puedan encontrar lo que necesitan sin tener que esperar», señalan. 

Pero, ¿se están cuidando las condiciones de trabajo? «En mi supermercado se han tomado todas las medidas para intentar garantizar nuestra seguridad y la de los clientes», cuenta una de las entrevistadas.

El uso de guantes es obligatorio, la distancia de seguridad también y en panadería todos los productos deben ir envasados. Además, se debe pagar con tarjeta y «todos los trabajadores vamos con mascarilla, aunque es cierto que la empresa no nos ha proporcionado todavía ninguna, si bien cada uno se ha buscado la suya».

En cambio, en otros supermercados sí se han facilitado estas mascarillas, además de gel hidroalcohólico. «Aun así, tenemos que mantener la distancia de seguridad entre nosotros y con los clientes y lavarnos las manos frecuentemente«. 

Asimismo, estos grandes supermercados han reducido el horario de abierto al público y se están extremando las medidas de limpieza y desinfección. «A nosotros nos han permitido también adaptar nuestros horarios para poder conciliar», nos cuenta otro. «Por suerte, ninguno de los trabajadores del supermercado donde trabajo ha caído enfermo ni ha pedido la baja por la presión que estamos viviendo«, concluyen. Y eso que diariamente pasan por algunos de ellos más de 2.500 personas.

¿Cómo se comportan los clientes?

Este es uno de los mayores conflictos que se han vivido en las últimas semanas. Todos hemos visto imágenes de gente agolpada a las puertas de los supermercados, esperando a su apertura y corriendo cuando estas se empiezan a abrir. Carros llenos con comida para varias semanas, estanterías vacías, colas de decenas de metros y algunas situaciones esperpénticas. Por suerte, esa situación va cambiando poco a poco. 

«Los clientes cada día se van concienciando más de la importancia de cumplir las normas de seguridad, el uso de guantes, la distancia mínima… pero aun así todavía no están concienciados de que hay que hacer la compra lo más rápido posible y no tocar todas las cosas», señalan. «Se deben organizar los menús de la semana en casa e ir con la lista hecha, teniendo claro lo que necesitamos comprar», aconsejan.

Pero no todos están igual de concienciados. «Me frustra ver cómo todavía hay gente que hace la compra en pareja o que manda a los niños a comprar», cuenta una de estas personas. Es más, «nos dicen que los envían a comprar patatas o golosinas para tenerlos entretenidos. Algunos incluso van varias veces en un mismo día para comprar cosas puntuales. Incluso hay gente que da vueltas y vueltas en el supermercado para pasar el mayor tiempo posible dentro». 

«Hay personas que van a por algunos productos como pollo sin cabeza». No guardan la distancia mínima de seguridad, no respetan nada. «Parece que les importa más comerse un filete que ponerse enfermos«. Y los trabajadores lo pasan mal, pues tienen que estar constantemente llamando a la calma en situaciones de presión y estrés. «La gente no es consciente de que pueden enfermar, hay quienes nos quitan la mercancía antes de que la pongamos en la estantería». «Todavía queda mucha irresponsabilidad«, señalan. 

A esto hay que sumar a quienes siguen comprando sin guantes, sin protegerse. «No sé en qué narices están pensando», concluye.  Además, con el paso de las horas se van vaciando las estanterías y esto genera más ansiedad en los clientes. «Se piensan que vamos a quedarnos sin productos, pero no es así», sentencian. El problema es que muchas veces no da tiempo siquiera a reponer. Es más, «aunque se agoten, la variedad es grande y siempre hay alternativas para poder hacer la compra y seguir con el aislamiento sin tener que venir todos los días con el peligro que supone». «Los camiones nos abastecen diariamente«, remarcan. 

Los mayores temores…

«Mi mayor temor es enfermar y contagiar a mi familia que está aislada en casa». Todos coinciden en que esto es lo que más les preocupa. «Por mucho cuidado que lleve, esto no depende de mí, pues no todo el mundo extrema las precauciones. Todos los días veo a gente que se tapa el rostro con pañuelos, que se toca la cara sin parar… y luego tocan artículo tras artículo o se quitan los guantes antes de llegar a la caja». Y es angustiante. «Me gustaría estar en mi casa, cerrar la puerta y tener el control de la situación, pero no puedo». «Lo más duro es decirle a mi hijo que no se pegue tanto a mí«, sentencia otra de las personas entrevistadas. 

«No deja de sorprenderme la actitud individualista con la que mucha gente afronta esta situación», explica otro. «Todavía hay clientes que acaparan productos en compras indiscriminadas sin sentido«, cuenta.

Pero también hay situaciones alentadoras. «Ha habido gestos positivos con las personas mayores, a quienes las dejan pasar antes o les ceden el turno en la caja». Debería ser la norma, pues son el colectivo con mayor riesgo y su compra debe ser lo más ágil posible, pero no siempre ocurre. 

«También hay quienes nos dan ánimos e incluso nos han facilitado mascarillas de las que se han fabricado en Yecla. Todo eso sí lo tenemos que agradecer», concluyen. 

2 COMENTARIOS

  1. Pues a mí me parece que lo ha clavado, porque es la realidad que se ha vivido estos días en el supermercado, parece que la gente se va concienciando y exige menos, pero los primeros días fueron horrorosos. Personalmente, como los compañeros a los que se ha entrevistado, he tenido miedo de contagiar y ser contagiado porque la gente ha sido muy egoísta, han puesto por encima las marcas o el tipo de carne que iban a comprar a su seguridad, si no hay pollo no vayas tres días seguidos a buscar pollo, come otra cosa, ya volverás a la rutina, eso remarca el título, reitero, muy acertado.

  2. Gran artículo, muchas gracias por informar de un sector profesional que esta dando todo por el resto de la población, pero, inadecuado titular, entiendo que es una frase de una persona entrevistada, la cual la selecciona el periodista, pero demuestra resentimiento y soberbia hacia la sociedad o la población, de la que tú, como periodista, también formas parte. A ver que te parece esta; «en otros momentos te asalta el miedo a ser contagiada y a contagiar a tu familia o a otros clientes»

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