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❄️ sábado 28 enero 2023

Luciérnagas, abejas y vanidad

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La extravagancia de las luciérnagas tenía deslumbrada a Juliette y estaba segura de que eran migrantes de otra galaxia. Consiguió cazar en una noche veraniega más de cincuenta y las metió en un tarro de cristal para alumbrar una de nuestras sesiones amorosas.

El zumbido de los mosquitos le recordaba el refunfuño de las viejas matronas francesas. Considera que son primos hermanos de los humanos, por su impertinente insistencia; al decirlo, ponía cara de asco. Por contraste, afirmaba que las abejas carecen de vanidad y que en su genética llevan grabado el espíritu colectivo; mi amigo Pelayo piensa que la grandeza de los humanos reside en la individualidad.

Lo de las abejas me recuerda a Ruiz Mateos: «Todo hombre tiene un precio y el que no lo tiene, es porque no vale nada», decía. Me parece una afirmación exagerada y creo que le faltaba aclarar que hay personas a las que no se les puede comprar con dinero, porque no tienen vicios materiales.

—La vanidad, amigo mío, es el punto débil de los mortales; a los vanidosos se les compra con facilidad —Pelayo hoy está peleón.
—En otra categoría están los que dicen tener principios —y asegura Pelayo que estos se esconden agazapados detrás de ideas dogmáticas o religiosas, pero se les puede comprar de igual manera. Dice el muy bruto que con promesas bien argumentadas, y dándoles la razón en todo, se inflan como globos volviéndose volátiles y manejables.

Como la tertulia va tomando fuerza abro otra botella de vino de Jumilla.
—Mucha gente honrada y de conducta intachable, por un puestecico y algo de protagonismo, se convierten en un santiamén en perricos falderos —y atusándose el bigote nos desafía a que le argumentemos lo contrario…
—Yo creo que el mundo se divide en dos: Los que piensan que abunda la gente bondadosa y los que pensamos que los humanos por naturaleza somos egoístas y manipuladores, pero de ahí a la compra de voluntades va un trecho enorme.
—Ningún niño nace siendo generoso —asevera Pelayo y en eso le doy la razón.

Y Salvador piensa que la gente que disfruta del sexo a diario, adormece las ambiciones de poder y enfatiza que, si se fornicara más, las guerras desaparecerían. Yo no estoy de acuerdo completamente, porque hay fornicadores o fornicadoras con muy mala leche y el sexo les envalentona más.
Y en esto que aparece Ana que con la claridad que le caracteriza, diciendo que la única manera de alcanzar la libertad, es dominando el carácter contra los deseos y el miedo, porque solo los individuos sin vicios y sin temores son ingobernables y peligrosos.

Y yo aprovechando que el vino me aligera la lengua sentencio:
—Al mundo lo mueven las pasiones. Los políticos profesionales, los abogados y los banqueros saben mucho de eso y utilizan con facilidad argumentos cargados de emociones para así poder manejar a su antojo a sus votantes o clientes.

Y el Panocha secunda mi discurso, se sube a una silla y finaliza con elocuente retórica:

—¡Los desalmados se sirven de propaganda para generar miedo y después ofrecen una solución… Por eso solo nos hablan de ideales, asegurando que ellos traerán un buen futuro o nos salvarán de la ruina.

—¡Solo venden estulticia! —grita Pelayo eufórico.

Cuando Dios hizo a los humanos y los colocó en el paraíso, se dio cuenta de que le había quedado un mundo amorfo y unos seres aburridos, sin motivaciones y apáticos. Entonces, los dotó de vanidad y a partir de ahí se sentó tranquilo en una butaca algodonada para asistir al animado espectáculo, desgarrador y tremendista.


Blog de Teo Carpena

Teo Carpena
Historias y leyendas de un hombre y su perro, que busca en los recuerdos su identidad. Teo Carpena emigró con su familia a Francia, después de la jubilación vuelve a Yecla y junto a varios amigos recompone su historia. Contacta conmigo en teocarpena@yahoo.es
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La extravagancia de las luciérnagas tenía deslumbrada a Juliette y estaba segura de que eran migrantes de otra galaxia. Consiguió cazar en una noche veraniega más de cincuenta y las metió en un tarro de cristal para alumbrar una de nuestras sesiones amorosas.

El zumbido de los mosquitos le recordaba el refunfuño de las viejas matronas francesas. Considera que son primos hermanos de los humanos, por su impertinente insistencia; al decirlo, ponía cara de asco. Por contraste, afirmaba que las abejas carecen de vanidad y que en su genética llevan grabado el espíritu colectivo; mi amigo Pelayo piensa que la grandeza de los humanos reside en la individualidad.

Lo de las abejas me recuerda a Ruiz Mateos: «Todo hombre tiene un precio y el que no lo tiene, es porque no vale nada», decía. Me parece una afirmación exagerada y creo que le faltaba aclarar que hay personas a las que no se les puede comprar con dinero, porque no tienen vicios materiales.

—La vanidad, amigo mío, es el punto débil de los mortales; a los vanidosos se les compra con facilidad —Pelayo hoy está peleón.
—En otra categoría están los que dicen tener principios —y asegura Pelayo que estos se esconden agazapados detrás de ideas dogmáticas o religiosas, pero se les puede comprar de igual manera. Dice el muy bruto que con promesas bien argumentadas, y dándoles la razón en todo, se inflan como globos volviéndose volátiles y manejables.

Como la tertulia va tomando fuerza abro otra botella de vino de Jumilla.
—Mucha gente honrada y de conducta intachable, por un puestecico y algo de protagonismo, se convierten en un santiamén en perricos falderos —y atusándose el bigote nos desafía a que le argumentemos lo contrario…
—Yo creo que el mundo se divide en dos: Los que piensan que abunda la gente bondadosa y los que pensamos que los humanos por naturaleza somos egoístas y manipuladores, pero de ahí a la compra de voluntades va un trecho enorme.
—Ningún niño nace siendo generoso —asevera Pelayo y en eso le doy la razón.

Y Salvador piensa que la gente que disfruta del sexo a diario, adormece las ambiciones de poder y enfatiza que, si se fornicara más, las guerras desaparecerían. Yo no estoy de acuerdo completamente, porque hay fornicadores o fornicadoras con muy mala leche y el sexo les envalentona más.
Y en esto que aparece Ana que con la claridad que le caracteriza, diciendo que la única manera de alcanzar la libertad, es dominando el carácter contra los deseos y el miedo, porque solo los individuos sin vicios y sin temores son ingobernables y peligrosos.

Y yo aprovechando que el vino me aligera la lengua sentencio:
—Al mundo lo mueven las pasiones. Los políticos profesionales, los abogados y los banqueros saben mucho de eso y utilizan con facilidad argumentos cargados de emociones para así poder manejar a su antojo a sus votantes o clientes.

Y el Panocha secunda mi discurso, se sube a una silla y finaliza con elocuente retórica:

—¡Los desalmados se sirven de propaganda para generar miedo y después ofrecen una solución… Por eso solo nos hablan de ideales, asegurando que ellos traerán un buen futuro o nos salvarán de la ruina.

—¡Solo venden estulticia! —grita Pelayo eufórico.

Cuando Dios hizo a los humanos y los colocó en el paraíso, se dio cuenta de que le había quedado un mundo amorfo y unos seres aburridos, sin motivaciones y apáticos. Entonces, los dotó de vanidad y a partir de ahí se sentó tranquilo en una butaca algodonada para asistir al animado espectáculo, desgarrador y tremendista.


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Teo Carpena
Historias y leyendas de un hombre y su perro, que busca en los recuerdos su identidad. Teo Carpena emigró con su familia a Francia, después de la jubilación vuelve a Yecla y junto a varios amigos recompone su historia. Contacta conmigo en teocarpena@yahoo.es
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2 Comentarios

  1. Hola Teo. Dices que el mundo lo mueven las pasiones, si.
    En la presentación del libro «Marcelo» del periodista Guillermo Fesser decía que la vida va de emociones y no de impresiones. Podría ser; emociones apasionadas.
    Decía por eso, una película sobre una viejecita a la que se le muere el perro puede ser tan apasionante como una película de la IIª Guerra Mundial.

    En cuanto a la vanidad Yecla es tierra fértil. Se pierden otros valores.
    Un amigo mexicano, decía Guillermo, le dijo que mucha gente no sabe que en la pobreza puede haber felicidad, añadiendo… al final la felicidad es la pobreza pero con ducha.
    Otros muchos valoran más la vanidad… que solo trae inconvenientes.

Teo Carpena
Historias y leyendas de un hombre y su perro, que busca en los recuerdos su identidad. Teo Carpena emigró con su familia a Francia, después de la jubilación vuelve a Yecla y junto a varios amigos recompone su historia. Contacta conmigo en teocarpena@yahoo.es
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