La banda llora la muerte de Antonio Ortega, «El Ñoño»

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antonio ortega ñoño

Decía Leonardo Da Vinci que así como un día bien empleado produce un dulce sueño, una vida bien usada produce una dulce muerte. Y así es como se ha ido Antonio Ortega, el Ñoño, uno de los músicos más queridos de la Asociación de Amigos de la Música de Yecla. Disfrutando de su pasión hasta el último día.

Hace apenas mes y medio, la Banda reconocía a Antonio, junto a otros veteranos músicos, su gran labor por tantos y tantos años dedicados con entrega y pasión a esta agrupación y al proyecto que más tarde se convertiría en la reconocida asociación de hoy en día. Porque gente como el Ñoño es la que ha ayudado a impulsar la cultura musical que actualmente respira nuestra ciudad. 

Mecánico por profesión, músico por pasión

Antonio, mecánico de profesión, ha sido desde siempre un hombre vinculado a la música. «He tocado con Antonio Machín, con Julio Iglesias, con Juanita Reina, con Sara Montiel, con Rocío Jurado, con los Tres Sudamericanos…», recordaba en una divertida entrevista en el programa Discópolis de Radio 3 en 2014. «Con 12 años ya tocaba «Madrid tiene seis letras» con la compañía de Pepe Blanco y Carmen Morell», rememoraba entonces. Y así hasta los 84 años, pues hace apenas unas semanas, con la salud bastante deteriorada, aún se colocaba su fliscorno para tocar con la banda el concierto de Navidad en la que, a la postre, sería su última salida.     

El Ñoño fue a su vez uno de los impulsores de la orquesta Alcey en su segunda etapa, allá por los años 50′ del pasado siglo. Junto a su inseparable trompeta, Antonio junto a sus compañeros, entre ellos algunos de sus grandes amigos y también veteranos músicos de la banda como Pepe Cano Medina, reconvirtieron la orquesta para darle un aire más moderno. En los 60′ se recorrieron decenas de pueblos, tocando en saraos de toda índole. Desde «Tómbola» a «Linda Muchachita», un amplio repertorio que hizo bailar a los vecinos de todo el levante español.

Fue en esa época cuando la orquesta Alcey ganó más renombre y actuó con todos los artistas que Antonio recordaba en la entrevista de Discópolis. «Entonces leíamos música al dedillo, a primera vista, lo que ahora no pasa», decía. Y es que la habilidad de Antonio con la música siempre ha sido digna de mención, ya no solo por la calidad de sus interpretaciones (de hecho hasta no hace mucho ha grabado colaboraciones en los discos de Enrique Soto), sino también por su perfecto oído, que le ha permitido tocar y transcribir infinidad de partituras. 

Aunque la orquesta fue cambiando de músicos, el Ñoño siempre fue un fijo de la Alcey. A principios de los 90′ todavía formaba parte de ella y ya podía afirmar algo de lo que siempre se ha sentido orgulloso: que se había recorrido media España haciendo música y haciendo bailar a todo el público. Y no solo con esta agrupación, sino también formando parte de numerosas compañías de zarzuela, que actuaban en multitud de teatros.

En la banda desde el primer día

Desde 1955 hasta 1974, Yecla tuvo un vacío musical. La música desapareció totalmente y la banda, que era municipal, tenía al alcalde de turno de mandamás. En aquella complicada época, un grupo de músicos decidió tomar las riendas del asunto. Estaban hartos de depender del alcalde y decidieron montar una banda. Entre ellos, a la cabeza, algunos históricos de la música en Yecla como Antonio Peña, Pepe Cano o el Ñoño.

Como siempre recuerdan, la Banda nació en La Zaranda, entre chatos de vino. «Martín, el dueño de La Zaranda, era nuestro contable. Recaudábamos algo de dinero y Martín lo metía en los ceños, los aros de hierro que tenían los toneles. Por ejemplo, teníamos 100 pesetas, nos gastábamos 10, pues ponía que nos quedaban 90, y así sucesivamente», rememora Pepe Cano, amigo inseparable del Ñoño. 

Desde entonces, Antonio ha sido un músico fiel a la banda. Siempre ha sido el primero en los ensayos, aportando veteranía, cercanía y amistad. Ha visto crecer ese proyecto junto a sus amigos, ganar certámenes en España y fuera de ella, conseguir una escuela inigualable. Y siendo, además, un ejemplo para las generaciones más jóvenes. Siempre con una broma que hacer, una sonrisa que robar. Una persona de las que marca una época. 

Hace unos años, el Ñoño sufrió un duro varapalo, la muerte de su mujer Eulogia. Entonces, Antonio tomó una sabia decisión: seguir viviendo. Y durante estos años ha disfrutado de una segunda juventud, rodeado de sus amigos, de sus músicos, de su familia. Hoy se ha ido para siempre, pero nunca podremos olvidarlo. Porque el Ñoño nos enseñó cómo hay que vivir la vida.

4 COMENTARIOS

  1. A muerto un maestro, un hombre de bien, si como músico fue uno de los grandes, como persona se puede decir que desgraciadamente quedan muy pocos como él, cariñoso y amable con todos, su sonrisa permanente, los que le hemos conocido, solo podemos contar cosas agradables de él, yo solo puedo decir una cosa, que se nos ha ido un gran amigo, una gran persona y gran músico.
    Descansa en paz, querido Ñoño, como así cariñosamente te llamábamos todos los que te conociamos

  2. No lo he conocido,pero por lo que he visto publicado sobre su vida,no puedo por menos que alegrarme que haya sido yeclano de nacimiento y también de dedicacón . Descanse en paz y un abrazo a su familia .

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