Miénteme bonito, por favor. Por Teo Carpena

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La mentira. Foto: Juan Miguel Ortuño
La mentira. Foto: Juan Miguel Ortuño

Penetrar claramente hasta el fondo último de algo,
es destruir su encanto y detener la fantasía en su
tejido de posibilidades. SIMMEL

Una mentira bien argumentada puede salvar vidas, levantar un imperio o crear una multinacional. Mentirse a sí mismo también está mal visto y puede que sea en algunas ocasiones la única manera de aceptarse.

Si mañana nos invadiera un virus que nos obligara a todos los habitantes del planeta a decir la verdad, se provocaría tal caos que el coronavirus se percibiría como algo leve.

—La mentira es más antigua que las palabras —decía mi madre.

—Es la piedra angular sobre la que se sostiene la convivencia mundial —le contestaba yo.

—Hijo, tú siempre tan intenso. —Mi madre casi no sabía leer, pero tenía una capacidad de reflexión que ya quisieran algunos intelectuales, y a veces nos enfrascábamos en un toma y daca de frases sobre el mismo tema.

—La mentira es el arte por excelencia; es más, el arte se fundamenta en la mentira. Una buena novela o una buena historia son grandes mentiras con apariencia de verdad.  

—¡Hombre, yo se que las telenovelas son mentira, pero me emocionan tanto!

—La publicidad, el comercio, la política, la abogacía y hasta el amor se sustentan en la mentira.

—Si las parejas se dijeran la verdad no durarían más de tres meses; por eso hay ahora tantos divorcios, porque la gente se empeña en ser sincera. —Esto lo afirmaba mi madre con tal rotundidad que no era posible rebatirlo.

 —Decir la verdad provocaría guerras de  consecuencias increíbles.

—Las familias se desintegrarían. —Ella llevaba el tema siempre a lo cotidiano.

—Decir la verdad sería el final de la civilización.

—Pero no siempre son malas. La infancia está llena de mentiras maravillosas y hemos crecido con ellas. Lo bien que lo hemos pasado en esta familia inventando mentiras para reírnos—. Y así podíamos pasar horas; los dos padecíamos de insomnio y nuestros desayunos de madrugada eran muy entretenidos. 

Y reflexionando sobre la mentira, concluyo que en la medida en que son más inteligentes o sutiles, la vida de las personas mejora. También creo que las culturas más refinadas son las que inventaron las mejores mentiras. Sin embargo, las culturas en decadencia son aquellas que no saben o han sabido adaptar sus mentiras al presente.

Echando una ojeada “El Príncipe” de Maquiavelo se pueden apreciar las claves para alcanzar el poder con trampas y falsas alianzas. “Solo los estúpidos dicen siempre la verdad; su verdad, aunque les perjudique”, escuché decir una vez a un profesor de filosofía. Y añadía: “Los sabios, silencian lo que les conviene o mienten para salvar la tranquilidad de sus semejantes”.

Por cierto, los políticos españoles manejan muy mal la mentira y la retórica, por eso recurren al insulto. ¿Qué es la retórica sino un arte, con miles de años de historia, que se utiliza para deleitar, conmover o persuadir a un oponente con argumentos ordenados y elegantes? ¿Qué son las metáforas, sino una forma de retórica floreada que nos ayuda a expresar cosas que, contadas directamente, sonarían muy vulgares?

Y, por último, ¿qué son los eufemismos, sino una forma de disfrazar la realidad  para que sea más decorosa y digerible?

No me imagino a unos jugadores de póker o de mus diciendo la verdad; el juego no tendría sentido.

En definitiva, vivimos en la época de la posverdad, cada día absorbemos tal cantidad de falsedades y mentiras emotivas que es raro que todavía no nos haya reventado el cerebro. Pero esas realidades que vivimos frente a la pantalla, las entendemos como verdades… El buenísmo no es más que una escuela que acoge a ingenuos manipulables. Antes, la gente creía mayoritariamente en Dios; ahora mayoritariamente cree en Google. Solo estamos a un clic  para averiguar cualquier cosa, sea cierta o no.

Por tanto, creo que una buena mentira es la mejor pócima para alcanzar la paz. La poesía es la manera más bonita de contar y de entender la vida. La magia es una mentira deliciosa que nos ayuda a sacar a pasear al niño que llevamos dentro.

Dime que me quieres,
dímelo por Dios,
aunque no lo sientas
aunque sea mentira,
pero dímelo

Así cantaba la Piquer en una antigua copla. Y es que para que me den una verdad aburrida, prefiero una hermosa mentira que me ayude a soñar.


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