Viajar no cura nada, por Teo Carpena

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Se pueden vivir intensas aventuras en el camino que hay entre la salita de casa y el cuarto de baño. Pueden asaltarte por el pasillo varias ideas perdidas entre los algodonales transparentes de la imaginación o en el fango pegajoso de la memoria, y en unos cuantos metros, te ves luchado contra dragones que pretendían impedirte avanzar.

Sentado en el retrete puedes tener vivencias incontables. Durante las evacuaciones diarias puedes experimentar aventuras eróticas tan placenteras que puede que quedes colgado de ellas durante tanto tiempo, que algún familiar impertinente con el que compartes casa, llame a la puerta preguntando: «¿Te has colado?» –frase es irritante para un fantasioso-.

Pero los mejores momentos son los desvelos de madrugada, cuando el tiempo parece retenerse eternamente. La oscuridad es la mejor inspiradora y, si afuera llueve y el viento mueve las hojas de los árboles imitando las olas del mar, entonces puedes viajar sin miedo, luchar contra los estúpidos sin sufrir contagio, crear las obras de arte más hermosas o los poemas más profundos.

Puedes, en esos trances de insomnios nocturnos, encontrar a Dios y preguntarle sobre el funcionamiento de las estrellas. Recibir los besos más dulces de criaturas desconocidas, que envueltas en sedas finísimas acarician con la suavidad de una brisa.

He viajado por todos los continentes de este planeta, he subido a la luna para visitar su cara oculta y he conocido en uno de mis viajes imaginarios a través del tiempo,  al gran Virgilio recitando sus Bucólicas.

No me gusta ausentarme de mi casa más de dos días. Los viajes en crucero los imagino como una tortura, las excursiones colectivas rodeado de gente que deglute museos y salchichas con la misma voracidad, me provocan nauseas.

Tengo dos amigos y me parecen multitud. Dicen que soy un elitista y que odio a los seres humanos, tengo dudas sobre las bondades de los hombres, es verdad, no llego a odiarlos, pero me aburren. De lo que sí estoy convencido es de que los viajes de ocio son un retraso para el mundo civilizado y algún día, sin tardar demasiado, pagáramos el precio.


Nuevo colaborador de elperiodicodeyecla.com

Teo Carpena es yeclano. Pero ha vivido muy poco tiempo en Yecla. Cuando era niño emigró a Francia y ahora, ya jubilado, ha vuelto a la tierra que le vio nacer. Suele pasar muy desapercibido. Ha pasado épocas de su vida recluido por voluntad propia; otras, por voluntad ajena. Sigue teniendo acento francés. Se considera católico y monárquico. Actualmente, vive en una casa de campo. Se autoproclama orgulloso como ‘personaje solitario y algo cascarrabias‘, pero también como charlatán incorregible.

En el email donde se presenta, nos pedía usar la imagen que abre este artículo para ilustrar su primera colaboración. También nos indica que en próximos textos nos irá hablando un poco más de él, de sus sueños perdidos y de sus anhelos abandonados. 

Pues, desde elperiodicodeyecla.com solo podemos decir, ¡bienvenido, Teo!

1 COMENTARIO

  1. Pues nada TEO,lo mejor es que no salgas de tu casa…bueno si,tienes que salir para ir detrás de la carroza y también cuando toque ir descalzo con las cadenas arrastrando para curar tus culpas.

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